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Uribe en la gallera


 OPINIÓN| Por: MARIA ISABEL RUEDA | Publicado: febrero. 24, 2013 
No sé qué decisión tomará Álvaro Uribe. Lo único seguro es que, si resuelve encabezar una lista al Senado y entrar de lleno a la gallera, la política en Colombia se pondrá más enredada, pero más emocionante que nunca.
No pudo endosarles su carisma a sus candidatos a gobernador de Antioquia ni a la alcaldía de Medellín o Bogotá. Por lo tanto, para que esa eventual lista no sea un fracaso estruendoso, Uribe tiene que encabezarla.
El gran enigma político del momento es si Álvaro Uribe encabezará lista para el Congreso. ¿Debemos entender que sí, cuando dice cosas crípticas como que “no nos podemos retirar de la gallera mientras tengamos una gotica de energía”?
Vamos al grano. No pudo endosarles su carisma a sus candidatos a gobernador de Antioquia ni a la alcaldía de Medellín o Bogotá. Por lo tanto, para que esa eventual lista no sea un fracaso estruendoso, Uribe tiene que encabezarla. A los congresistas que podrían ponerle votos y que aún se le mantienen fieles, la ley del transfuguismo les frenó toda posibilidad de dejar ‘la U’ y trastearse para allá. Por lo tanto, le tocaría integrar su lista con varias “Palomas Valencias” o próceres sin ningún voto, a los que arrastrarían los votos de Uribe a prestar este “nuevo servicio a la patria”.
¿Cuántos senadores sacaría Uribe? Se abren las apuestas. Los más realistas dicen que entre 10 y 12. Los uribistas hablan de 30, sobre la base de que con un millón de votos se elige a 9 senadores. Ellos calculan que no más en Bogotá Uribe pondría 400.000 y en Antioquia, el doble de eso. Esos votos son posibles. Pero exageran en su optimismo, si se considera que habrá mil candidatos al Senado y cada uno le quitará votos a Uribe. También es cierto que con que este rasguñe otros 300.000 votos de opinión en provincia sacaría 12 o 13 senadores.
No hay que menospreciarlo. Con ese número, Álvaro Uribe se convertiría en un dolor de cabeza para el gobierno reelecto de Santos. ¿Se imaginan el susto de un ministro citado por el “senador Uribe” a un debate? ¿Al Ministro de Transporte para cuestionarlo por el atraso del tramo Cuatro Vientos-Codazzi? ¿Al de Defensa por el asesinato de un cabo en el camino a Sumapaz? ¿Al de Salud por la demora de las citas con los médicos especialistas? ¿Al de la Aeronáutica porque están sucios los baños del aeropuerto? Si algo tiene Uribe es que sabe mucho de muchas cosas del Estado. Y, frente a la ignorancia promedio del Congreso, resultaría una estrella muy brillante.
Pero también supongo que debe de estar dudando, por el enorme costo personal que pagaría. Le implicaría devolverse 30 años en su carrera política a sentarse en el Capitolio todos los días bajo el foco de los medios, que estarán pendientes de si faltó, de si se fue temprano o se aguantó oyendo bobadas hasta la medianoche, de si presentó ponencia o está colgado, de si chateó o estuvo concentrado; someterse a que congresistas como Iván Cepeda o algún primíparo que lo deteste lo cojan de sparring y lo enciendan a debates, obligándolo a frenar su carácter volátil y explosivo. Económicamente tendría que renunciar a los honorarios que le reportan las juntas directivas de las que es miembro y sus conferencias internacionales, con lo que mejora algo su modesta pensión de expresidente. Y con cualquiera de sus actuaciones se pondría en manos de la Corte Suprema: no es lo mismo la inmunidad presidencial protegida por una inoperante Comisión de Acusaciones de la Cámara, que un fuero parlamentario de única instancia a cargo de una Corte capaz de ser tremendamente antiuribista.
Una ventaja adicional es que tendría en el Congreso su propia tribuna donde hacer oposición, hoy ejercida a punta de efímeros tuits, y le quitaría ese espacio a la izquierda. Pero otra desventaja sería que, como abuelo novel que es, a Uribe le resulta más agradable pasar horas felices con su nieto que cuatro años oyendo el sonajero de puestos de Roy Barreras.
No sé qué decisión tomará Álvaro Uribe. Lo único seguro es que, si resuelve encabezar una lista al Senado y entrar de lleno a la gallera, la política en Colombia se pondrá más enredada, pero más emocionante que nunca.
Cuando el río suena… ¿Qué necesidad tenía la Corte de La Haya, supuestamente inventada para solución pacífica de diferendos, de dejar revolcadas al nivel de conflicto limítrofe las relaciones entre Colombia y Nicaragua?

María Isabel Rueda
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