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Dic 10 de 1948
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Reunido con el enemigo

Por: José Obdulio Gaviria 

Colombia le hace un gran servicio al mundo si logra de Chávez una detente en su camino de agresión a la comunidad internacional

La cumbre Santos-Chávez era necesaria. Venezuela importa mucho, y mantener relaciones con sus gobiernos es prioridad. ¿Reunirse con el enemigo?, preguntarán algunos. ¡Claro! Pero recordando siempre que es
eso, el enemigo, y que en tales contactos hay que ejercer el arte de la astucia para evitar tener que hacer uso de la fuerza. 

Siempre habrá el peligro de que el enemigo intente seducirnos o 'emburundangarnos', tal como le está pasando al presidente del Senado, Benedetti. El Gobierno de Colombia estaba vacunado contra esos males, porque conocía el acervo recogido por los cuerpos de la inteligencia militar, de Policía y el DAS. Iba con los ojos abiertos y sabía cosas como estas:

1) Chávez y las Farc son socios en la Coordinadora Continental Bolivariana; eso no tiene remedio. (Remito al reciente libro de Antonio Salas, El Palestino, que contiene amplio expediente sobre el hecho.)

2) El propósito último de la Coordinadora, liderada por las Farc, es derrocar al gobierno colombiano. Pero formalizar las relaciones con Colombia le creaba a Chávez un grave problema: lo neutralizaba y enfurecía a la Coordinadora, que, efectivamente, ya comienza a darle tratamiento de traidor.

3) A pesar de que Chávez es un dictador, no hay ni habrá condiciones para aplicarle en la OEA la Carta Democrática ni ponerlo en cintura. Eso hay que aceptarlo con realismo y obrar en consecuencia. (El aprisionamiento de Alejandro Peña Esclusa es ejemplo demostrativo de que Chávez no tiene ataduras institucionales ni quiere guardar apariencias y que cada vez se parece más al Trujillo descrito por Vargas Llosa en La fiesta del chivo: la artimaña de 'cargar' a Peña Esclusa con materiales explosivos es burda repetición del ignominioso montaje que hizo el dictador dominicano para arrestar a los obispos que se atrevieron a denunciar sus crímenes.) 

No conozco las intimidades del debate sobre la pertinencia y conducencia de la Cumbre, pero intuyo otros argumentos que debieron ventilarse: 

1) Con la Venezuela de Chávez estamos en la que Maquiavelo denomina la más desgraciada e infeliz de todas las situaciones: no poder estar ni en paz ni en guerra. La reunión nos pone en estado de paz temporal.

2) Chávez vive el peor de los mundos en lo interno: sus embelecos comunistas destruyeron el aparato productivo y el único granero donde puede surtirse es Colombia. En consecuencia, deberá abrir la frontera para que los propios agentes económicos (los odiados capitalistas de uno y otro lado) vuelvan a intervenir e impidan la hambruna -amenaza real que se cierne sobre los venezolanos- y baje la inflación, que hoy es la más alta del mundo. La reunión reabre un mercado de 6.000 millones de dólares, y, aunque Chávez nunca pagará los 800 ya vencidos, sí permitirá que las nuevas compras se sigan pagando de contado.

3) La reunión conviene a Chávez para bajar temperatura a su campaña electoral porque el conflicto con Colombia asusta al electorado de origen colombiano y a los habitantes de la frontera; pero lo obliga también a negociar con las Farc y el Eln un retiro de la frontera, aunque sea temporal.

4) Colombia le hace un gran servicio al mundo si logra de Chávez una detente en su camino de agresión a la comunidad internacional. Poco ha trascendido que ahora está empeñado en lograr la liberación de Carlos Ilich Ramírez, alias el 'Chacal'. En El Palestino, Salas demuestra que ese tipo en la calle sería tanto o más peligroso que Bin Laden o 'Alfonso Cano'.

Chávez es un gobernante errático e inviable. Su acuerdo de hoy con Colombia desnuda y recuerda la aberración de su política de ayer: caprichosa, plagada de agresiones y baladronadas. Chávez gana tiempo, sí, en su camino ineluctable hacia el fin. Colombia, en cambio, se quita por unos meses a un tósigo muy cansón. 

Jose Obdulio Gaviria


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