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El próximo paso

5 de julio de 2012 |OPINIÓN| Por: Rafael Guarín

La propuesta de unidad ciudadana contra el terrorismo es cada vez más importante. No como bandera partidista, sino como espacio de convergencia de los más diversos sectores para enfrentar el crimen.
Cuando los ciudadanos no se doblegan el terrorismo pierde eficacia coercitiva y por tanto se torna inútil.
En medio de la creciente polarización se anunció la presentación del Frente de Unidad en contra de los Terroristas. No se trata de un hecho aislado sino de un componente muy importante que marcará el debate político en el tiempo por venir, cuando de seguridad y paz se trate. El gobierno, por su parte, se queja de que no cuenta con el apoyo de todos los sectores políticos ante la andanada de las FARC y que las criticas ayudan al terrorismo. Algunas de sus declaraciones ponen en el lugar de los malos no a quienes detonan las bombas sino a quienes reclaman que eso no suceda.

El último informe de logros de la Política de Seguridad emitido por el Ministerio de Defensa registra avances en diferentes áreas pero también el desafío de los grupos terroristas. Comparados los primeros 4 meses de 2011 con 2012 el aumento de las acciones criminales es preocupante: los actos de terrorismo aumentaron 66%, la voladura de oleoductos 185%, la voladura de vías 36%, ataques a instalaciones militares 75%, hostigamientos 63%, emboscadas 67%, retenes ilegales 100%, en total las acciones de grupos armados al margen de la ley se incrementaron en 57%.

La respuesta del Estado es contradictoria a la luz de la estrategia contrainsurgente. En lo militar se articula en el Plan Espada de Honor que aunque parece bien enfocado es muy temprano para evaluar seriamente sus resultados, mientras que en el plano político el gobierno ha retrocedido brutalmente. No sólo reconoce legitimidad política a las FARC sino que al reformar la Constitución con el Marco Jurídico para la Paz validó el crimen de lesa humanidad como medio de acción política para destruir la misma Constitución.

En ese contexto, la propuesta de unidad ciudadana contra el terrorismo es cada vez más importante. No como bandera partidista, sino como espacio de convergencia de los más diversos sectores para enfrentar el crimen.

Su importancia desde la perspectiva de la lucha contra las organizaciones violentas se puede resumir en los siguientes diez puntos:

1. La unidad ciudadana contra el terrorismo es una actitud de rebeldía que destruye el miedo con el cual quieren los violentos someter a la sociedad. Cuando los ciudadanos no se doblegan el terrorismo pierde eficacia coercitiva y por tanto se torna inútil, lo cual, en una situación como la colombiana contribuye a que las FARC y el ELN decidan abandonar la violencia.
2. La unidad contra el terrorismo fortalece el Estado de derecho al rechazar la impunidad a crímenes atroces, sean de las FARC, el ELN o las AUC. Esta repercute también en que no se acepte para las Bacrim o respecto a delincuentes insertados en la fuerza pública. Solo una fuerza ciudadana consciente y dispuesta a hacerse escuchar puede evitar que los criminales sean premiados con impunidad, así sea acudiendo a la Corte Penal Internacional.

3. Sirve para negar cualquier atisbo de legitimidad al terrorismo como actor político y es decisiva para aislar políticamente a las FARC y al ELN. La presión militar no basta para desarticular estos grupos. Se requiere que la sociedad se mueva activamente para golpearlos en todos sus flancos, al mismo tiempo y con la mayor contundencia posible. Con las armas de la Constitución se deben enfrentar la narrativa violenta y la penetración que con propaganda y manipulación los terroristas buscan siempre desplegar en la sociedad, para ganar legitimidad y deslegitimar las instituciones democráticas.

4. Contribuye a mantener la voluntad de lucha del Estado contra las guerrillas, las Bacrim y el delito, la cual depende de la voluntad popular. Somos los ciudadanos quienes elegimos y apoyamos gobiernos firmes contra el crimen o quienes admitimos a los que prefieren claudicar ante la violencia.

5. Mantiene y aviva el apoyo a la Fuerzas Militares y de Policía, al tiempo que les exige transparencia para preservar su legitimidad. Al igual, potencia el justo reclamo de eficaces garantías jurídicas para el cumplimiento de la actividad de los integrantes de la fuerza pública. La lucha contra el terrorismo requiere el concurso activo de los ciudadanos, un Estado fuerte, un gobierno sin vacilaciones y una fuerza pública eficaz, eficiente y respetuosa de los derechos humanos.

6. Controvierte la apología al terrorismo, la ambigüedad en la condena al crimen, la comprensión de la violencia, el altruismo como justificación y la tolerancia con los violentos.

7. La movilización ciudadana se convierte en un eficaz muro de contención frente a las tentaciones de los gobiernos de ceder ante el terrorismo y de adoptar discursos comprensivos de la violencia de las FARC y el ELN. En otras palabras, evita que se repitan fracasados capítulos como los procesos de paz de Belisario Betancur y Andrés Pastrana que fueron utilizados por las FARC como táctica en el marco de su estrategia de guerra. Sin duda, es útil para evitar que el país siga retrocediendo en materia de seguridad.

8. Frena el apaciguamiento y rechaza la política de debilidad que cambia la decisión de derrotar a las guerrillas por negociar la Constitución y la garantía de impunidad a los crímenes atroces. La unidad ciudadana permitirá en su momento fortalecer la justicia e impulsar una legislación fuerte para combatir el terrorismo.

9. Exige al gobierno transparencia en la lucha contra el terrorismo y repudia discursos que con interés político tapan o hacen invisibles los crímenes, como sucede con los 13 niños secuestrados en Putumayo hace varias semanas o con la insistente negación de que las FARC estaba detrás de los atentados terroristas en Bogotá. La unidad posibilitará constituir una fuerza ciudadana vigilante y capaz de exigir responsabilidad al Gobierno de turno y a la justicia en la lucha contra el terrorismo.

10. Sirve a la construcción de un Estado fuerte basado en la legitimidad democrática y la legalidad, al igual que a la consecución de una paz justa que respete los derechos de las víctimas, no beneficie con impunidad a los criminales y no permita la repetición de atrocidades.

A diferencia de algunos de los que agitan la consigna del diálogo con el fin de romper la cohesión social contra el terrorismo y reconocer legitimidad a las FARC y el ELN, la unidad de los ciudadanos contra el terrorismo se propone cohesionar, no dividir. Por este motivo no puede ser bandera de un solo sector político o social, sino que debe congregar con espíritu pluralista la mayor diversidad posible, siempre que coincida en la defensa de la Constitución de 1991 y en la firmeza contra los violentos.

En esa medida, la unidad contra el terrorismo debe promover consensos, lo cual excluye el sectarismo, el extremismo y a los recalcitrantes. Negar cualquier tipo de avance o de acierto del Gobierno o solo ver los crímenes de las guerrillas y no los que cometió las AUC o los abusos algunas veces efectuados por miembros de la fuerza pública, no contribuye a una verdadera Política de Firmeza que no debe discriminar entre quienes violan la ley. La firmeza contra el terrorismo no requiere de extremismos sino de severidad en aplicación de la Constitución.

El gobierno dio un paso fatal al legitimar el crimen como medio de acción política contra la Constitución al promover y aprobar el Marco Jurídico para la Paz, con lo cual se descalificó para ser el líder natural de la movilización permanente contra el terrorismo. No obstante, el Gobierno debería estar dispuesto a corregir lo hecho y sumarse a la unión contra el terrorismo.
Publicado: Julio 6, 2012

Twitter: @RafaGuarin

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