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Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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Acuerdos con las Farc

OPINIÓN| Por: FERNANDO LONDOÑO HOYOS  | Publicado: marzo. 4, 2013 
Pero aún creyendo que Márquez no sabe bien qué es lo que piensa y dice, los acuerdos jamás logrados no alcanzan a entusiasmarnos.
Como nunca en la historia han conseguido acuerdos con las FARC los enviados a La Habana por el Presidente Santos. ¡Como nunca en la historia!
Suena conocida la cantinela. Como nunca en la historia se han hecho tantas maravillas en infraestructura, nos dicen mientras tratamos de movernos por carreteras destrozadas. Como nunca en la historia se han hecho tantas maravillas en materia de salud, les dicen a los infelices que llegan a las puertas de hospitales que se caen a pedazos, a tratar de recibir una atención cada día más pobre e inhumana. Como nunca en la historia se han perfeccionado inversiones en tecnología, en ciencias, en investigación. Como nunca en la historia ha sido tan respetada Colombia en el escenario internacional. Como nunca en la historia ha crecido la ayuda al campo, cuando el campo ve pasar la fila interminable de los cafeteros, bananeros, cacaoteros, maiceros, floricultores, arroceros arruinados. ¡Como nunca en la historia!
Hay que creer lo de las FARC. Lo dice una señora o señorita Marisol Gómez Giraldo, dueña de la verdad revelada sobre estos diálogos. Desde el oráculo de Delfos siempre ha sido así: hay una diosa Pitia que sabe lo que los mortales ignoran.
Pero eso no vale la pena. Lo que vale la pena es llenarnos de ilusión por la noticia de que expertos en temas agrarios como De La Calle, o Jaramillo, de una parte, y de la otra Márquez y Santrich y Granda, han llegado acuerdos nunca soñados. No vale la pena que las partes estén en desacuerdo con aquello de los acuerdos. Porque la encantadora Marisol nos asegura que están en firme y Márquez lo niega. Pero si Marisol lo dice, y ella escribe para El Tiempo, es porque Márquez no anda bien enterado de lo de que en verdad piensa Márquez.
Pero aún creyendo que Márquez no sabe bien qué es lo que piensa y dice, los acuerdos jamás logrados no alcanzan a entusiasmarnos. Aquello de formar un banco de tierras con las que se quiten a los bandidos, es demasiado obvio y demasiado simple como para que alguien se ponga en desacuerdo con ese acuerdo. Lo que es un poco más cuesta arriba es que de verdad el Gobierno le quite la tierra a los bandidos. Ya ha tenido más de dos años y medio para hacerlo en grande y no ha logrado nada. Nada, fuera de decir que en esa materia también se hacen cosas que jamás se hicieron.
Banco de tierras con las que se quiten a los bandidos. Nada original idea, pero tendremos que suponer que nunca antes se le ocurrió a nadie.  Empecemos por averiguar si ese banco empezará con el activo de más de millón y medio de hectáreas que dominan los bandidos de las FARC, que juran no tener un metro de tierra apropiado a la fuerza. Ahí ya naufraga el primero y fundamental acuerdo, tan dispendiosamente conseguido.
En la lista de estos colosales acuerdos, sigue el tema del catastro. Porque es también la primera vez que a alguien se le ocurre que haya un catastro bien hecho sobre las tierras rurales de Colombia. El problema estriba en saber si esas tierras valdrán algo o no valdrán nada después de que se consigan los demás acuerdos sobre tierras. Y si toda la tierra se va a repartir entre campesinos pobres, nos explicará alguien cómo aumentará el recaudo de impuestos que se consiga cobrándole a los más pobres de los pobres, que son los campesinos pobres.
En fin. Que doña Marisol nos puede decir misa, tomando de prestado la frase de Granda contra Santos, y no nos convence. Porque no  nos ha dicho si de verdad las FARC aceptan ser los mayores terratenientes de Colombia; si aceptan “latifundistas” y que cosa es un latifundista; si aceptan la inversión extranjera en el campo; si aceptan la formación de grandes empresas agrícolas y agroindustriales; si respetarán la propiedad agrícola legítimamente adquirida; si renuncian a la conformación de aquellas unidades campesinas donde no entren policías y soldados, porque para armas basta con las de ellos. En fin, que no hemos empezado y ya cantamos los mayores acuerdos jamás logrados. Genio y figura......
Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no siempre reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.

La fe perdida

Reflector | Por: FERNANDO LONDOÑO HOYOS | Publicado: dic. 27, 2012 
Los colombianos no creen en nada. Tienen el alma seca de ilusiones y respetos.
Trágica despedida de este año fatídico.
Para mantener alta la imagen del presidente Santos hemos gastado muchos miles de millones de pesos en publicidad y encuestas. Pero lo grave es que perdimos el tiempo y la plata. La inversión no ha bastado para conservar la fe de los colombianos en su propio destino. Aun las encuestas profesionalmente optimistas revelan que nuestros compatriotas ya no tienen en qué creer. Mírese aquella última de Lemoine y se verán sus desoladores resultados, en el fondo los mismos que revela la de Invamer Gallup.
Después de festejar la imagen del gobernante, cada vez con menos entusiasmo, los encuestados consideran que su situación de inseguridad es pavorosa; que la guerrilla gana terreno sin cesar; que las mafias y la corrupción los agobian; que la canasta familiar es menos accesible, y el empleo más remoto y menos gratificante, a pesar de las piruetas del Dane; que la salud empeora en calidad y la educación es artículo de lujo. Parecería que todos tienen los versos de Arciniegas a flor de labios: “Ya la fe de otros años no me escuda, quedó de sueños mi ilusión desnuda y no puedo creer lo que me dices”.
Lo peor de la historia es que la desazón colectiva no se aplica solamente a este ejecutivo que no ejecuta, sino que penetra a fondo las demás instituciones del Estado.
No ha tenido el Congreso sólido prestigio popular. Pero este bate todas las marcas del disfavor público. La gente entiende que hace muy poco y que lo poco que hace lo hace muy mal. No se le escapa al más distraído que nada se legisló sobre pensiones, cuando hasta la señora Lagarde advirtió que por ese hueco negro se podía ir al abismo la nación entera; nada se hizo sobre cárceles, cuando las que tenemos apestan y nos avergüenzan ante los ojos del mundo; quedó trabada la ley de educación, cuando la calidad de la nuestra es la peor del vecindario; la de salud sigue entre promesas y anuncios, lo de siempre; el prometido Código Electoral en promesas se quedó y la ley agraria pasó del Capitolio de Núñez a la Plaza de la Revolución del Che Guevara.
Y cuando el Congreso se mueve, con el alma empalagada de mermelada, lo hace tarde y mal. La reforma de la justicia es el peor papelón de la Historia. La ley de víctimas se quedó sin un peso y la de tierras se confunde maliciosamente con la gestión del Superintendente de Registro sobre baldíos. Y acabamos de cerrar con una reforma tributaria que destroza a la clase media y al propio fisco. ¡Vaya novedad! ¡Una reforma para perder recaudos!
No extrañará a nadie que el Congreso supere el 70 por ciento de desfavorabilidad en el juicio popular. Pero queda lo peor. Y es que comparte honores con la justicia, a la que no se ama, ni se admira, ni se respeta.
Los colombianos han entendido, finalmente, que las altas cortes se convirtieron en una fábrica de sentencias para diseñar un sistema grosero de tributación y de pensiones, del que son beneficiarios sus propios miembros. Han entendido que la Corte Constitucional se especializó en propinar golpes de Estado para expandir sin medida sus atribuciones. Que el Consejo Superior de la Judicatura se convirtió en jubiladero de sus amigotes y en patrocinador de huelgas ilegales. Que la Corte Suprema de Justicia fue en su sala penal fábrica de “pitirris” y abrió por mayoría la puerta giratoria de sus miembros para perpetuarse en su propia mermelada; que el Consejo de Estado se convirtió en triste escenario de morosidad y mediocridad. Y que todos los jueces se dedicaron a la violencia de las huelgas que la Constitución les prohíbe. Galardón final: una sentencia popular condenatoria con más del 70 por ciento de los votos.
Los colombianos no creen en nada. Tienen el alma seca de ilusiones y respetos. Trágica despedida de este año fatídico.
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El Estado dialogante

El observador | Por: LUIS GUILLERMO RESTREPO SATIZABAL  | Publicado: dic. 22, 2012 
De pronto volvimos a los diálogos eternos que no producen resultados pero sí avivan la división que padece Colombia. 
De pronto se nos olvidó, o se les olvidó, que si fueron a dialogar fue para ver si podían lograr el final de la violencia de las Farc, y no a negociar las políticas y los principios que rigen a la Nación.
Y nos sentimos en el Caguán, donde desfilaba toda suerte de personajes en busca de audiencia. Miles de propuestas y de participantes en el foro organizado por la ONU y la Universidad Nacional a instancias del Gobierno, revivieron la eterna discusión sobre la tierra como factor preponderante en la violencia. Y aparecieron allí los consabidos artistas de la descalificación contra cualquiera que tenga un pedazo de tierra, o contra quien se atreva a promover la propiedad privada como motor de la agricultura moderna, generadora de riqueza y de empleo.
Fue entonces cuando se vio de nuevo la sombría figura de Iván Cepeda pontificando y descalificando a quien se le ocurra, mientras sus propuestas sobre la tierra son la repetición de la letanía que pretende justificar la violencia sin nombre y sin límites de las Farc. Y la de doña Piedad Córdoba, la Teodora Bolívar de los correos enviados por ‘Raúl Reyes’ “desde las montañas de Colombia”, destacando claro está el espíritu de reconciliación y paz que acompaña a los muchachos de ‘Timochenko’.
Entonces volvimos a la vereda los Pozos en San José del Caguán por donde desfilaron altos heliotropos de la política y el empresariado colombiano para conocer y negociar con los personajes de las Farc que les imponían la vacuna de su ley número dos. Todos fueron impulsados por la necesidad de adelantarse a una derrota que veían próxima. Incluso llevaron al presidente de la bolsa de Nueva York, para que mirara quizás qué negocio podía hacer con las enormes riquezas que a la guerrilla le dejaban la extorsión, el secuestro y, cómo no, el próspero narcotráfico.
La diferencia es que ya no necesitan mostrarnos sus fusiles. Ahora tienen a los ciegos, a la holandesa y su novio el amenazante ‘Iván Márquez’; a la viuda de ‘Tirofijo’ que reconoce que las Farc tienen secuestrados y los demás que la desmienten. Ahora tienen a toda la Habana para rumbear y alardear, mientras el foro de la ONU y de la Nacional revive el ambiente propicio para devolverle credibilidad a un golpeado y desprestigiado grupo que vive de la violencia y el terror y ahora propone “tratados para proteger las víctimas del conflicto armado interno”. ¡Vivir para ver!
Regresamos pues al Estado dialogante descrito por Álvaro Gómez Hurtado, dispuesto a negociar los principios sobre los cuales está fundado y tratando de involucrar a la sociedad, mientras ésta mira cómo se cambian los acuerdos que originaron el proceso y se les llama de manera atropellada a participar en un foro sin norte. Es el Estado que vuelve a tomarse la foto con quienes han demostrado que no les interesa acabar con la violencia y ahora pretenden presentarse como adalides de la paz y de la ‘guerra limpia’.
Así, a Cuba llegarán 400 propuestas del Foro dirigido por la ONU y la Nacional. Revive entonces el Estado que trata de congraciarse con quienes hacen del terror su forma de vida. A cambio de ello, la sociedad es obligada a participar en un proceso que cada vez se parece más a un salto al vacío. ¿Será esa la Navidad que nos merecemos?
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