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Dic 10 de 1948
Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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¿Mockus todavía juega?

María Isabel Rueda



Podría salvarlo un milagro, pero él es un creyente confundido. 

Como votante de segunda vuelta, soy materia conquistable. A mí me gusta Juan Manuel Santos, pero también me hago la ilusión como demócrata de que la opción de votar por Antanas Mockus, que tiene tanto que dar, no esté totalmente derrotada.

Aquí entre nos, lo veo bastante difícil. ¿Hacia dónde van a crecer los 3'120.000 votos que puso en primera vuelta?

Supongamos lo imposible.

Que por Mockus voten los 224.000 que lo hicieron en blanco, y los 240.000 que llenaron mal el tarjetón, y el millón y medio que resultó abstencionista del total de 16 millones de votantes que habían calculado las encuestas.

Ni siquiera le restemos a eso los mockusistas fanáticos de fútbol, que seguramente no caerán en la tentación de quedarse en casa ese domingo viendo el partido Argentina-Corea.

Supongamos, además, que vote por Mockus la mitad de los votantes de Vargas Lleras, de Noemí y de Pardo, porque no soportan a Santos.

Y que haga lo propio la mitad de los de Petro, porque les parece mezquina la orden de abstenerse de votar, solo porque Mockus consideró que hacer pactos con el Polo era un acto de incoherencia y de paso una estocada a la lealtad de Peñalosa.

Ni siquiera con la suma imposible de todos esos votos anteriores Mockus remontaría la cifra de seis millones larguitos, que aún sería inferior a la obtenida por Santos en primera vuelta.

Y todo eso bajo el absurdo supuesto de que Santos sea incapaz de conquistar un solo voto nuevo para la segunda.

Es decir, que el milagro que esperan los verdes tiene pocas posibilidades en el campo matemático.

Veamos en el filosófico.

A la primera vuelta concurrieron unos votantes especialmente volubles, que hicieron quedar pésimo a los encuestadores.

Los colombianos votamos en primera vuelta como se nos dio la gana. Sin dejarnos dominar por las marcaciones de las encuestas.

Y el voto de opinión seguramente también se impondrá en la segunda.

Pero para que Mockus sea capaz, no de conquistar nuevos votos sino de conservar los que ya sacó, tiene que volver a ser el candidato creíble y viable que fue en algún momento, pero que desperdició a punta de autogoles.

Se necesitaría que no vuelva a dar una sola patinada, y que en cambio Santos cometiera más de una.

Que los pobres se convenzan de que Mockus no va a acabar con Familias en Acción, ni con el Sena.

Que los ricos no crean que intentará parar a las Farc a punta de girasoles.

Que los médicos tomen lo del "millón de pesos o menos" como un mal entendido.

Y que los consumidores descartemos que Mockus nos va a subir el IVA.

Pero, sobre todo, que borremos completamente de la memoria, como si nos aquejara una amnesia irreversible, ese momento mortal en el que Mockus salió a cobrar el segundo puesto en las elecciones del 30 de mayo, convencido de que su misión era entretener a 500 simpatizantes que lo acompañaban en la sede de su campaña, en lugar de dirigirse a los millones de televidentes que esperaban ver aparecer a un estadista, y no a un recreacionista.

Como ven, la cosa tampoco da por el lado filosófico.

Los capitales políticos son muy efímeros. A Noemí solo le quedan 892.000 votos de sus casi tres millones del 98. A Carlos Gaviria ninguno de los dos millones largos que sacó en el 2006.

Por eso le recomendaría a Mockus que si en segunda vuelta difícilmente logra conservar sus tres millones de votos, vaya pensando en usarlos como primera piedra de un partido de centro, verdaderamente verde, que irrumpa en el escenario político colombiano con el aire fresco y aromático que traen las ilusiones de un futuro mejor.

Porque lo que es la presidencia de Mockus, ahora solo depende de un milagro. Los creyentes lo creemos factible. ¿Pero podremos contar a Mockus entre nosotros? Al fin y al cabo, nos quedamos sin saber si él lo es, o no lo es.

¡SE ME OLVIDA! Con la intensidad con la que el presidente Uribe está dando sus batallas de última hora, va a quedar de spa.


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