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Negación

15 de mayo de 2011 | Registro | Por: Rafael Nieto Loaiza

El informe del Iiss prueba fuera de toda duda que Chávez estaba aliado con las Farc para derrocar al gobierno colombiano, y que entre funcionarios de la campaña y del gobierno de Correa y la guerrilla hubo colaboración mutua.
Miremos para otro lado, hagámonos los sordos, a ver si la incómoda realidad desaparece. No vaya a ser el diablo y se nos cae la estantería, pegada con babas. Así están el Gobierno y los medios con el informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos con los archivos de ‘Reyes’. Las excepciones, como el editorial de El Colombiano del jueves, sólo confirman la regla.

Lo de El Tiempo es de llorar. Socorro Ramírez dedica su columna a la derrota de Correa en el referendo de Ecuador. Natalia Springer y Laura Gil no dicen nada. El editorialista aplaude que los gobiernos tengan “una alta dosis de pragmatismo” y que se vaya a “doblar la página y no mirar atrás”. Peor, sugiere que el Gobierno hace bien en “limitar los daños de la información”, como si el mal estuviera en que los hechos se supieran. Y a quienes pensamos que el asunto exige examen y respuesta nos llama “los más radicales”. En Semana se limitan a copiar cables y las declaraciones de la Canciller. Habrá que ver si la edición de hoy hace análisis sustancioso del asunto. Lo dudo. A la revista se le está yendo la mano en furisantismo. Mejor El Espectador, aunque sus expertos como Arlene Tickner también pasen agachaditos. En su editorial al menos dice que “tal vez debería ser más firme nuestra diplomacia” y que “no estaría de más pedirle insistentemente al gobierno de Venezuela que por lo menos algunos de los funcionarios que aparecen vinculados con las Farc sean relevados de sus cargos”.

Yo estoy indignado. El informe del Iiss prueba fuera de toda duda que Chávez estaba aliado con las Farc para derrocar al gobierno colombiano, y que entre funcionarios de la campaña y del gobierno de Correa y la guerrilla hubo colaboración mutua. Las violaciones al derecho internacional público son flagrantes y groseras. La agresión al Estado colombiano, evidente. Por menos se ha ido a la guerra. No soy imbécil: no estoy diciendo que el camino deba ser ese. Sería un mal peor. Pero nuestra diplomacia no puede ser meliflua, complaciente, apaciguadora. 

Debe exigirse un cambio contundente de conducta. A Ecuador debería pedírsele que desista de las demandas contra Colombia por la fumigación de la coca en zona de frontera y por la muerte de Franklin Aisalla en el bombardeo a ‘Reyes’, y que cierre de manera definitiva los procesos penales contra los comandantes de esa operación, una espada que se cierne sobre la cabeza de nuestros militares. A Venezuela el pago completo de la deuda, la remoción de sus funcionarios que ayudan a la guerrilla y la expulsión de los comandantes de las Farc y el Eln que allá están refugiados. Por muchas mentirillas que nos digan de cuando en cuando, la verdad es que Venezuela no ha pagado sino US$343 millones de los US$1.261 millones que nos deben. La firma de cualquier acuerdo comercial debería estar sujeta a la solución definitiva del problema. Y la expulsión de los comandantes no admite espera, por mucho que ahora digan no saber dónde están los campamentos. La deportación del jefe de Anncol no es muestra de buena voluntad. El Gobierno sabe que Chávez aun no colabora. Por eso dio el aviso de que Pérez Becerra iba para Caracas cuando ya éste volaba de Frankfurt a Venezuela. No había forma de que le avisaran. De otra manera, la operación se hubiera frustrado. 

La Canciller querrá “pasar la página” y que el informe “no traiga ruido” ni “dañe el camino”. Pero en política hechos son amores. Tiene en sus manos la oportunidad de presionar y de obtenerlos.

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