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Tentaciones

Julio 31 de 2010 - 12:14
Por Rafael Nieto Loaiza

Las Farc, otra vez. Como en los últimos 30 años, siguen siendo noticia de primera página cuando se produce un cambio de gobierno. Desde Betancur en el 82, no hubo 7 de agosto de transición que no viniera acompañado de una declaración de ‘Tirofijo’. Ahora es ‘Cano’. Prueba de que aún no salimos de la plaga. La culebra, a pesar de todo, sigue viva y sigue siendo relevante.
Pero algo ha cambiado desde entonces. Si antes todo giraba en torno a lo que decía el comandante guerrillero y ameritaba titular de cuatro o cinco columnas, hoy la cosa se reduce a un titular de una columna o dos, con una breve nota en las páginas interiores y apenas algunos comentarios editoriales. La razón es doble: por un lado, las Farc no son lo que eran. Hoy tienen menos de la tercera parte de hombres con que contaban en el 2002 y están cada vez más adentro de la selva y más arriba en el monte.
Aisladas de la población, tienen poca capacidad de recolectar y analizar información de inteligencia, sus redes de logística son débiles, perdieron corredores estratégicos de movilización, y tienen serísimos problemas de comunicación. La moral de combate está por los suelos y las deserciones son cosa de todos los días. De hecho, están estratégicamente derrotadas: no tienen ninguna posibilidad de tomarse el poder. Su lucha es por sobrevivir.

Por el otro, la invitación al diálogo ya no tiene nada de novedoso. Y si antes era creíble, al menos para algunos, hoy la mayoría no se seduce ni por asomo por los cantos de sirena. Pero no faltarán quienes, desde la izquierda y desde la guerrilla desmovilizada en los 90, bien acogida como analista en las páginas editoriales de los periódicos, hagan eco a la invitación de ‘Cano’ a que “hombre, conversemos”. Es lo habitual.

Preocupante sería que en el gobierno entrante le pusieran atención. La tentación está servida. Mover la idea de un proceso de paz con las Farc sirve para diferenciarse, otra vez, del gobierno que va de salida. Permite aproximarse a los gobiernos de centro izquierda en la región, en especial a Brasil, que pretende un liderazgo regional que, según ellos, debe ser incontrovertible. Y, si se maneja bien desde Casa de Nariño, pueda transmitirle a la opinión pública un mensaje de una paz posible que probablemente calaría bien en medio de un ambiente general que, de acuerdo con las encuestas, refleja en la población un alto grado de optimismo sobre el futuro.

Me aventuro: sin Chávez en Venezuela, estratégicamente derrotadas como están, las Farc estarían ya sentadas en un proceso de negociación serio. No por deseo propio, sino por necesidad. Las guerrillas, aquí y en cualquier parte del mundo, negocian de verdad cuando se ven obligadas a ello. Es decir, cuando las ventajas de la paz son mayores que las de seguir en la violencia. Sin el refugio, el soporte logístico y el apoyo político del Teniente Coronel de al lado, las Farc no tendrían más remedio que sentarse a negociar con el gobierno, no para fortalecerse en el proceso de diálogo, como en el Caguán o con Belisario, sino para poner fin de una vez por todas a sus actividades violentas.

Por lo mismo, mientras que Chávez no haga una ruptura total con las Farc, no hay posibilidad alguna de un diálogo serio con ellas. Entrar en conversaciones ahora les daría aire y un espacio político que hoy no tienen. Y la frustración de expectativas sería muy costosa por el gobierno.

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