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Un gran Presidente

  Editorial El País.com.co - Julio 31 de 2010 - 12:12

Dentro de seis días, cuando se cumpla la posesión del nuevo Presidente de Colombia, por la puerta del Palacio de Nariño saldrá un hombre que cambió la historia de la Nación durante los ocho años que la gobernó. Un hombre sin duda polémico, a pesar de lo cual se ganó el respeto de la comunidad internacional y el respaldo de la inmensa mayoría de los colombianos.

El 7 de agosto de 2002, Álvaro Uribe Vélez asumió el poder en medio de los ataques terroristas que causaron muerte y destrucción en las inmediaciones del Congreso.

Ese ataque fue el símbolo de lo que recibía: un país que entre 1998 y el 2002 hizo el esfuerzo más grande de su historia por lograr la paz mediante el diálogo, al cual le respondieron con terror y destrucción.

Un país cuyo desarrollo era amenazado por la crisis de desconfianza y una economía que apenas se recuperaba de una devastadora recesión, a consecuencia de lo cual padecía enormes y creciente angustias sociales.

Durante todos los días de esos ocho años, Colombia supo que tenía un Presidente dedicado a su labor. Con ello y con sus ejecutorias se fue ganando la confianza de propios y extraños.

Y consiguió cambiar el rumbo de la Nación, al derrotar al terrorismo de las Farc y el ELN, confrontar con éxito el narcotráfico y producir la desmovilización de los grupos paramilitares que reunían criminales bajo el pretexto falso de la lucha contra la guerrilla supuestamente de izquierda. Fue una labor basada en el compromiso y la decisión patriótica de la Fuerza Pública, que los colombianos reconocen y agradecen.

En el aspecto económico y de desarrollo social no fue menos el efecto positivo que dejará el presidente Uribe. Y si bien subsisten problemas estructurales que demandan acciones del Estado, no es menos cierto que el país es otro, más pujante, más vigoroso y más convencido de su capacidad de superar la pobreza y desigualdad que lo acosan.

Un país al que el concierto mundial le reconoce sus logros y la decisión que muestra al cambiar su destino. Por eso, hoy nos miran con respeto en la comunidad internacional.

Como político, el presidente Uribe promovió la polémica en forma constante y en veces casó controversias con la Corte Suprema de Justicia, inconvenientes para la buena marcha de las instituciones.

Y su poca claridad al momento de decidir su segunda reelección confundió el panorama político durante muchos meses, en un país donde precisamente la política acusa los peores efectos de la confusión causada por el clientelismo. Así mismo, aún quedan asuntos pendientes de solución, como la transparencia y el blindaje que debe tener el sistema electoral para protegerlo de amenazas como el narcotráfico, la parapolítica y la corrupción.

No obstante los errores que pudo cometer, la historia reconocerá a Álvaro Uribe Vélez como un gran presidente de Colombia. Como alguien que lideró la transformación de un país pesimista en una Nación que confía en sus potencialidades. Como el líder que le devolvió la confianza y lo enrutó por el camino de la prosperidad, transformándolo en un país pujante y optimista, preparado para afrontar lo que le depare el futuro.

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