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El fracaso del Polo

Octubre 30 de 2010 | El observador | Por Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Uno no sabe si atribuirle el desastre del Polo Democrático Alternativo al vedetismo de unos, a los dogmatismos de otros, al odio de unos contra otros o a la alianza de la izquierda con el peor de los clientelismos encabezados por la Anapo y Jaime Dussán.
Lo cierto es que fracasaron como opción de gobierno en Bogotá. Y peor aún, los escándalos de los hermanos Rojas y la defensa casi irracional que de ellos hacen las figuras de la izquierda, demostraron su imposibilidad de poner la ética por encima de sus ambiciones, igual a los otros partidos. Con ello cancelaron la posibilidad de tener una opción capaz de ejercer la oposición que se requiere para oxigenar la democracia.

Sin duda, el senador Robledo se destaca en medio de la mediocridad en el Congreso. Sus debates, aunque soporíferos, son documentados y profundos. Pero su mamertismo hirsuto no lo deja ver la basura del gobierno de Bogotá manejado por los herederos de María Eugenia Rojas, hijos de nadie menos que el ‘yernísimo’ Samuel Moreno Díaz. Su incapacidad para superar la coyunda del Moir que descalifica a los demás intérpretes del marxismo lo lleva a condenar a Petro, al senador Avellaneda y al concejal De Roux por denunciar hechos que con seguridad él rechaza. 

Uno puede explicarse que Clara López use su lenguaje de burguesa arrepentida y de bogotana de la más rancia estirpe para defender a quien la tuvo como su Secretaria de Gobierno hasta que Petro la designó su candidata a la Vicepresidencia. Lo que no concibe es que como presidenta del Polo se empeñe en descalificar lo que es vox pópuli en Bogotá y las acusaciones de Petro y compañía, afirmando que son una venganza porque no le dieron el puesto que ella, sobrina de Alfonso López Michelsen, se merece.

Y uno ve la actitud vacilante de Carlos Gaviria, otrora patriarca de las izquierdas, anunciando el fracaso del Polo que él ayudó a fundar. Haciéndole el quite al deber de acusar a los copartidarios que gobiernan a Bogotá con la misma fuerza con que actuó como juez, y apelando a argumentos propios del totalitarismo soviético para evitar la condena que todos esperan del ex presidente de la Corte Constitucional. Un melancólico final para la carrera de quien fue punto de referencia en el debate democrático.

Los demás hacen mutis por el foro. Es el espíritu de cuerpo, más propio del estalinismo y de los militares que de un partido democrático. Y Colombia se queda sin oposición porque los otros partidos los devora su sed de cuotas en la Unidad Nacional: mientras el conservatismo está mudo, la U vive de los mandados de Juan Lozano a Uribe y las pendejadas de Armando Benedetti, el liberalismo lagartea para acomodarse en la nómina y Cambio Radical hace la campaña presidencial a su jefe. Nada permite ver que haya una alternativa ideológica, o siquiera ética. Nada hace pensar que se esté construyendo una opción para que opere el péndulo de la democracia. 

Y mientras el fracaso liquida al Polo y los Verdes se desvanecen en la confusa retórica de Lucho Garzón, el unanimismo gana espacio. Y el Congreso, incluido el Polo, y el Gobierno se resisten a adoptar los cambios que se necesitan para defender al Estado de la corrupción y el fraude en la política, tan letales como la guerrilla y los paramilitares.


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