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Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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El Estado dialogante

El observador | Por: LUIS GUILLERMO RESTREPO SATIZABAL  | Publicado: dic. 22, 2012 
De pronto volvimos a los diálogos eternos que no producen resultados pero sí avivan la división que padece Colombia. 
De pronto se nos olvidó, o se les olvidó, que si fueron a dialogar fue para ver si podían lograr el final de la violencia de las Farc, y no a negociar las políticas y los principios que rigen a la Nación.
Y nos sentimos en el Caguán, donde desfilaba toda suerte de personajes en busca de audiencia. Miles de propuestas y de participantes en el foro organizado por la ONU y la Universidad Nacional a instancias del Gobierno, revivieron la eterna discusión sobre la tierra como factor preponderante en la violencia. Y aparecieron allí los consabidos artistas de la descalificación contra cualquiera que tenga un pedazo de tierra, o contra quien se atreva a promover la propiedad privada como motor de la agricultura moderna, generadora de riqueza y de empleo.
Fue entonces cuando se vio de nuevo la sombría figura de Iván Cepeda pontificando y descalificando a quien se le ocurra, mientras sus propuestas sobre la tierra son la repetición de la letanía que pretende justificar la violencia sin nombre y sin límites de las Farc. Y la de doña Piedad Córdoba, la Teodora Bolívar de los correos enviados por ‘Raúl Reyes’ “desde las montañas de Colombia”, destacando claro está el espíritu de reconciliación y paz que acompaña a los muchachos de ‘Timochenko’.
Entonces volvimos a la vereda los Pozos en San José del Caguán por donde desfilaron altos heliotropos de la política y el empresariado colombiano para conocer y negociar con los personajes de las Farc que les imponían la vacuna de su ley número dos. Todos fueron impulsados por la necesidad de adelantarse a una derrota que veían próxima. Incluso llevaron al presidente de la bolsa de Nueva York, para que mirara quizás qué negocio podía hacer con las enormes riquezas que a la guerrilla le dejaban la extorsión, el secuestro y, cómo no, el próspero narcotráfico.
La diferencia es que ya no necesitan mostrarnos sus fusiles. Ahora tienen a los ciegos, a la holandesa y su novio el amenazante ‘Iván Márquez’; a la viuda de ‘Tirofijo’ que reconoce que las Farc tienen secuestrados y los demás que la desmienten. Ahora tienen a toda la Habana para rumbear y alardear, mientras el foro de la ONU y de la Nacional revive el ambiente propicio para devolverle credibilidad a un golpeado y desprestigiado grupo que vive de la violencia y el terror y ahora propone “tratados para proteger las víctimas del conflicto armado interno”. ¡Vivir para ver!
Regresamos pues al Estado dialogante descrito por Álvaro Gómez Hurtado, dispuesto a negociar los principios sobre los cuales está fundado y tratando de involucrar a la sociedad, mientras ésta mira cómo se cambian los acuerdos que originaron el proceso y se les llama de manera atropellada a participar en un foro sin norte. Es el Estado que vuelve a tomarse la foto con quienes han demostrado que no les interesa acabar con la violencia y ahora pretenden presentarse como adalides de la paz y de la ‘guerra limpia’.
Así, a Cuba llegarán 400 propuestas del Foro dirigido por la ONU y la Nacional. Revive entonces el Estado que trata de congraciarse con quienes hacen del terror su forma de vida. A cambio de ello, la sociedad es obligada a participar en un proceso que cada vez se parece más a un salto al vacío. ¿Será esa la Navidad que nos merecemos?
Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no siempre reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.

Retórica y terrorismo

21 de mayo de 2012 |OPINIÓN| Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Ante el unanimismo que pretenden imponer en Colombia, Uribe cumple el valioso papel de hacer oposición. En medio de ese enfrentamiento pasan las Farc, poniendo sus bombas y matando policías y soldados en el Cauca, en el Catatumbo o en el Caquetá.
El Marco hace recordar las épocas en que Andrés Pastrana comprometió al país en unas concesiones que dejaron el peor saldo de sangre y destrucción que recuerde la historia.
Mientras el gobierno se engolosina con la posibilidad de lograr una negociación con las Farc, éstas le contestan con terrorismo. Y mientras la experiencia dice que hay que evitar la radicalización que tanto daño produce, lo que está ocurriendo muestra que somos capaces de olvidar lo que hemos logrado para recuperar la tranquilidad.
El atentado a Fernando Londoño no es sólo una cuenta de cobro de las Farc a quienes denuncian sus barbaridades. Es ante todo un ataque directo a quien simboliza un sector de la opinión pública, con el cual se pretenden agudizar las contradicciones de un sistema que se debate entre un gobierno empeñado en construir la unanimidad a su alrededor y la tozuda y en veces inexplicable oposición de Uribe.
Y lo están consiguiendo. Cualquiera puede estar en desacuerdo con Londoño. Pero si queremos una democracia civilizada, todos debemos defender su derecho a decir lo que piensa. Eso no sucedió el martes pasado. Flaco servicio le prestan a la paz quienes desde el gobierno dicen que no saben quién ordenó el atentado. Todo el mundo sabe que son las Farc, que durante décadas han usado el terrorismo para amedrentar y confundir.
En el interés de abrir camino a negociaciones con la guerrilla está la explicación de muchas cosas. Y alrededor de eso se está produciendo la radicalización, que explotan las Farc mientras escuchan tonterías como las del hijo de César Gaviria, presidente del Partido Liberal y de la Cámara de Representantes. Nadie, doctor Gaviria, puede pensar que es serio achacarle a la derecha el ataque a Londoño dizque para frustrar la aprobación del “Marco Jurídico para la Paz”, eufemismo con el que pretenden entregarle al Gobierno herramientas para la negociación que parece avanzar en secreto.
El Marco hace recordar las épocas en que Andrés Pastrana comprometió al país en unas concesiones que dejaron el peor saldo de sangre y destrucción que recuerde la historia. Triste experiencia, que llevó a los colombianos a elegir el fortalecimiento del Estado para que pudiera derrotar el terror.
Ahora quieren abrir excepciones al orden jurídico para posibilitar el afán de diálogo. Esas excepciones tendrán que hacerse cuando exista un compromiso serio de respetar el Estado de Derecho y dejar el crimen. Pero hacerlo antes, es ignorar que a las Farc no les interesa la paz sino el poder a cualquier precio, y caer en otro error como el de Pastrana.
Pero lo peor es la pelea furiosa entre el expresidente Uribe y el Gobierno sobre cómo enfrentar el terrorismo. Ante el unanimismo que pretenden imponer en Colombia, Uribe cumple el valioso papel de hacer oposición. En medio de ese enfrentamiento pasan las Farc, poniendo sus bombas y matando policías y soldados en el Cauca, en el Catatumbo o en el Caquetá. Y se fortalecen los clientelistas que votan sin reflexión el tal Marco para que no les cobren su deslealtad quitándoles puestos y prebendas por pensar distinto.
Vamos mal y puede ser peor si los dirigentes no escuchan los temores y los rechazos de la gente. Y si se persiste en imponer el unanimismo que comunica mediante editoriales de El Tiempo la retaliación que recibirá quien no vote el Marco para la Paz. Cuando eso pasa, el radicalismo asesino vuelve a aparecer, reemplazando la retórica vacía de la paz por la irracionalidad asesina del terrorismo. El atentado a Londoño es la prueba.

Publicado: Mayo 20, 2012

La cumbre de la nada

24 de marzo de 2012 | COLUMNA | Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Santos cayó en la celada que tendió su avispado colega del Ecuador al enarbolar la bandera de la injusticia que se comete al no invitar al castrismo.
Rafael Correa despotrica de la Cumbre y es incapaz de esconder su odio hacia nuestro país, prolongando el suspenso sobre su asistencia.
Pobre la Cumbre de las Américas. Para ayudar al Gobierno colombiano y evitar que la reunión de mandatarios se concentre en la crítica al imperialismo y el anacrónico modelo de relaciones en el Continente, Barack Obama sacó del cubilete la posibilidad de discutir sobre las drogas ilícitas.
Fue el gran salvavidas para el presidente Santos, encartado como está en la realización de un evento que no le dejará nada útil. Y donde Cuba es ya la protagonista sin estar presente, porque Chávez, Evo, Correa y Ortega aprovechan para exigir la invitación al hermano de Fidel, quien nunca pensó en asistir. Así, Santos cayó en la celada que tendió su avispado colega del Ecuador al enarbolar la bandera de la injusticia que se comete al no invitar al castrismo, como si la culpa fuera de Colombia.
“No es nada personal, ni es contra Colombia”, dice Rafael Correa, mientras despotrica de la Cumbre y es incapaz de esconder su odio hacia nuestro país, prolongando el suspenso sobre su asistencia. “Voy pero no voy”, dice Evo, un día después de aceptar en Bogotá el nombramiento que le hizo nuestro Gobierno como presidente de una de las comisiones. Y Chávez dice un día sí y otro día no, fiel a su estilo de alargar su protagonismo. Lo cierto es que ellos serán los primeros en ir porque son los más interesados en usar el tinglado que se montará en Cartagena.
Y como hay que hacer algo que le ayude al Gobierno de Colombia a salvar la cara, Obama soltó el irresistible salvavidas de las drogas. De pronto, sus voceros dicen que sí se puede hablar de ello, después de que afirmaron que la política de Estados Unidos seguía inamovible. Lo cierto es que la marihuana dará mucho de qué hablar en la desvencijada Cumbre, pero nada saldrá de ahí, salvo una nube de humo con la cual tratarán de evitar que el convite se concentre en Cuba.
Aclaro que el humo que saldrá es el de la paja que se ha hablado en las últimas semanas y se hablará por montones en Cartagena. Porque da para pensar que el presidente Santos haya planteado la despenalización, o la regulación, o como quieran llamar lo que están proponiendo hacer con la lucha antinarcóticos, para que después el mismo Presidente declare que no liderará ningún cambio, que no se trata de echar por la borda el sacrificio hecho por Colombia en los últimos treinta años y que su interés al promover el debate es interpretar el sentimiento latinoamericano.
O sea, nada de nada. Para quienes no conocen cómo funcionan esas cumbres, hay que advertir que allí no se discutirá nada porque todo estará discutido y aprobado con antelación. En esas condiciones, Colombia deberá soportar otro mar de palabras sin soluciones sobre el narcotráfico, su gran enemigo. Entonces, nada de formarse ilusiones sobre un cambio de América frente al régimen castrista, o sobre una revolución en el tratamiento a las drogas ilícitas, a los consumidores y a los productores.
Nada de eso. Además de las usuales insolencias de Chávez o las miradas de ira de Correa y lo discursos antiyanquis de Evo, lo que se producirá en Cartagena será un desfile de delegaciones gigantescas y costosas, unas fotos incómodas con abrazos y felicitaciones de mentiras y una nueva frustración para el sueño imperial de Bolívar de tener una América unida y solidaria.

La caída

4 de marzo de 2012 | El observador | Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

La fiscal Morales fue víctima de la arrogancia de quienes se tomaron el poder en la Corte Suprema de Justicia y la pusieron al servicio de intereses distintos a la aplicación de Justicia, o de la ambición por imponer “el siglo de los jueces” de que habló Augusto Ibáñez cuando fue presidente del Tribunal.
De nuevo se abre el abismo de la interinidad para restarle legitimidad a una entidad de la que depende ni más ni menos que el combate al crimen y la corrupción en Colombia
Otra vez, la Justicia paga los platos rotos por quienes la usan para hacer política. Y de nuevo se abre el abismo de la interinidad para restarle legitimidad a una entidad de la que depende ni más ni menos que el combate al crimen y la corrupción en Colombia.
Está claro que la caída de la fiscal Viviane Morales no fue causada por su samperismo, aquel de “aquí estoy y aquí me quedo”. Y no parece que en la decisión del Consejo hayan influido sus actuaciones en el procesamiento a exfuncionarios uribistas acusados de graves delitos. Incluso se puede decir que su retiro no fue ocasionado por Carlos Alonso Lucio, el peor enemigo de la credibilidad de su esposa.
La fiscal Morales fue víctima de la arrogancia de quienes se tomaron el poder en la Corte Suprema de Justicia y la pusieron al servicio de intereses distintos a la aplicación de Justicia, o de la ambición por imponer “el siglo de los jueces” de que habló Augusto Ibáñez cuando fue presidente del Tribunal. Y del magistrado Jaime Arrubla, quien se dio el lujo de decir que votaba “afirmativamente, no obstante, y en esto quiero aclarar, me parece que la interpretación correcta es sobre los 23 votos, porque estos son los miembros de la Corte”. Y de rematar afirmando: “Yo mismo tengo mis reservas, eso si, lo hago por esta sola vez y para que salgan estas votaciones, si no salen, tampoco vuelvo, ni quedo obligado a seguir interpretando de esta manera”.
Fueron ellos quienes encabezaron los esfuerzos que frustraron la posibilidad de escoger los 5 magistrados que faltaban para completar los 23 y así proceder a elegir el Fiscal General de la Nación. Es curioso que el mismo día, y una vez elegida la doctora Morales con 14 votos y no los 16 que exige el reglamento de la Corte, se hubieran podido llenar las vacantes que durante meses fue imposible. Y que en la misma sesión se hubiera podido escoger Presidente, algo también imposible.
Que la elección fuera ilegal, lo dice el Consejo de Estado. Que se produjo un posible delito en la elección, lo insinuó el presidente actual de la Corte al apresurarse a decir que “si hubo error no fue de mala fe”. Y queda claro que el problema fue causado por el afán de hacer política, no tanto con la elección de la doctora Morales como con la negativa de escoger un Fiscal durante 13 meses, dos ternas y más de 20 votaciones.
Sin duda, esa posición fue producto del enfrentamiento que les planteó a los magistrados el entonces presidente Álvaro Uribe. Pero tal desafío no debió llevarlos a dejar sin Fiscal titular al Estado, con la Justicia involucrada en un conflicto político y al país resentido por la impunidad, la demora y la ausencia de un compromiso en la resolución de los litigios y en el esclarecimiento de los delitos.
Entonces, la caída de la doctora Morales no fue causada por los periodistas que la odian según dijo en un acto que tuvo más de manifestación populista que de despedida. La produjeron quienes han pretendido imponer el gobierno de los jueces que están de espaldas a las realidades, golpeando de nuevo la credibilidad de la Justicia en Colombia.
Y, como dice el refrán, no hay mal que por bien no venga. La decisión del Consejo de Estado salvará a Viviane Morales del escándalo que puede producirse si la Fiscalía ratifica las vinculaciones de su esposo Carlos Alonso Lucio con el paramilitarismo y otros géneros delictivos.

El esperpento

04 –feb- 2012 | El observador | Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

El fallo es el uso deliberado del instrumento mediante el cual se expresa la Justicia para ignorar la esencia del asunto: la condena al M19 por el asalto a sangre y fuego a la Corte, financiado por el narcotráfico y comandado por la demencia de sus jefes.
Veintisiete años de impunidad y confusión acerca del asalto al Palacio de Justicia es el legado que los órganos encargados de investigar e impartir justicia han dejado a la posteridad. Ahora, la actuación de dos magistrados del Tribunal Superior de Bogotá sólo sirven para confirmar el propósito de hacer política con la Justicia que anunció hace Augusto Ibáñez cuando fue Presidente de la Corte Suprema.
El fallo de segunda instancia sobre la vinculación del coronel Alfonso Plazas Vega a las desapariciones ocurridas en la retoma del Palacio reafirma que es mucho lo que anda mal. Todo da a entender que el propósito no es encontrar la verdad y decidir en derecho sino producir un hecho, castigar a un militar por cumplir con su deber antes que aceptar que las pruebas no son suficientes para condenar a un ciudadano, como lo reconoció el magistrado ponente, Hermens Lara, quien se apartó de la decisión.
Ese propósito aparece de forma nítida cuando los magistrados Fernando Pareja y Alberto Poveda exigen al Ejército Nacional que presenten excusas públicas en la Plaza de Bolívar. Es una exigencia de claro contenido ideológico que se hace en un juicio penal, donde sólo es pertinente resolver la situación del procesado. Y se confirma cuando se refieren al expresidente Belisario Betancur, acusándolo en un proceso en el que nada tiene que ver, y llamando a la Corte Penal Internacional para que lo juzgue.
Es decir, en su intención por convertir su fallo en un deplorable espectáculo político, los autores del esperpento no tienen inconveniente en afirmar que la Justicia no opera en Colombia, que ha fracasado y no es capaz de encontrar la verdad. Y que renuncian a la soberanía consagrada en la Constitución, reconocida incluso por uno de los autores de la politización de la rama jurisdiccional, Jaime Arrubla.
Antes que una demostración de ignorancia, el fallo es el uso deliberado del instrumento mediante el cual se expresa la Justicia para ignorar la esencia del asunto: la condena al M19 por el asalto a sangre y fuego a la Corte, financiado por el narcotráfico y comandado por la demencia de sus jefes. Bajo ese propósito, definir la suerte del coronel Plazas por hechos que aún no han sido plenamente demostrados sirve para desconocer la verdad mientras se ignoran los alegatos del acusado.
Y lanzar acusaciones contra el presidente Betancur es un recurso para tratar de desconocer que su actuación impidió consecuencias peores. Que no dejó que triunfara el chantaje de los criminales que secuestraron y fusilaron a juristas de la talla de Yesid Reyes. Quizás el que Belisario haya impedido el triunfo del terror y el que toda Colombia le esté agradecida, es lo que no le gusta a los magistrados Pareja y Poveda.
Comparto lo expresado por Rafael Nieto en su columna del domingo pasado. A los abogados que tenemos la posibilidad de escribir en un medio de comunicación se nos ha convertido en obsesión el hablar de la Justicia en Colombia. Es que esta clase de esperpentos le están haciendo un daño terrible y quizás irremediable a una actividad intelectual que debe ser noble y debe estar alejada de los intereses sectarios. Y destruyen la credibilidad en los jueces y la posibilidad de resolver los conflictos de nuestro país por los métodos pacíficos que consagra la Ley.

Buenas intenciones

28 de enero de 2012 | El observador | Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

No parece prudente es que guardemos silencio aquí ante el nombramiento de semejante personaje en el cargo más sensible para Colombia. Porque no me digan que lo importante es el de Comercio cuando nadie quiere vender una aguja a Venezuela.
Nombraron al socio de ‘Timochenko’ como Ministro de Defensa de Venezuela y no pasó nada. Ahora lo condecoran por su colaboración en la lucha contra el narcotráfico y tampoco fue posible escuchar del Gobierno Nacional un comentario sobre lo que la designación significa para Colombia.
El coronel Chávez tiene todo el derecho de nombrar a quien quiera sin que se pueda interferir en sus decisiones. No es la primera vez que lo hace. Antes tuvo a un tal Rodríguez Chacín, chafarote como él y compinche de Henry Rangel Silva en sus bellaquerías con las Farc. ¿Quién no se acuerda de los lanza misiles que Suecia le vendió al Gobierno de Venezuela y fueron a parar a manos de la guerrilla? ¿Olvidamos que Rodríguez, especialista en inteligencia militar, se paseó por Colombia interviniendo en la liberación de secuestrados mientras les proporcionaba armas a los secuestradores?
Es decir, Chávez ha hecho lo que le ha dado la gana con sus compinches de golpe. Así desbarató las Fuerzas Armadas de su país, permitiendo que se cree el “cartel de los soles”, organización de oficiales dedicada al narcotráfico denunciada por los propios mafiosos. Al final, como cualquier dictadorzuelo haitiano, él puede convertir a las Fuerzas Militares en su guardia personal al estilo de los tonton macute de la familia Duvalier. Y en su mezcla de grandeza y paranoia, puede imaginarse que la obligación de defender a Venezuela es igual a satisfacer sus delirios.
Lo que no parece prudente es que guardemos silencio aquí ante el nombramiento de semejante personaje en el cargo más sensible para Colombia. Porque no me digan que lo importante es el de Comercio cuando nadie quiere vender una aguja a Venezuela. El Ministro de Defensa es quien encabeza la lucha contra el crimen, lo que significa combatir entre otros a las Farc y el ELN que convirtieron a los venezolanos en víctimas de los secuestros y extorsiones. Y debe evitar que sus fronteras sean violadas como lo hacen ‘Timochenko’, ‘Iván Márquez’ y sus secuaces cada que les place o lo necesitan.
Eso no sería grave si no fuera porque esos delincuentes se burlan de nuestro país aprovechando la complicidad de personajes como Rodríguez Chacín y el ahora Ministro. Y porque usan a Venezuela para planear sus fechorías contra nosotros o para huir de nuestras autoridades o para manejar el narcotráfico con el “cartel de los soles”. Por eso, el Gobierno colombiano debería decir algo antes de que el afán por mantener relaciones de “amistad” con Chávez se voltee contra sus buenas intenciones.
Seamos claros: que nombren a Rangel, vaya y venga, así el tipo haya amenazado con un baño de sangre a su Nación si el chavismo pierde las elecciones. Pero no parece que sea bueno el silencio cuando lo condecoran dizque “por su aporte a la lucha contra el narcotráfico” mientras el resto del mundo lo acusa de narcotraficante. Y no parece sano que, en aras de la supuesta amistad, nuestro Ministro de Defensa deba sentarse con ese señor a compartir información y acordar las medidas de seguridad, mientras el tipo tiene relaciones con las Farc, el ELN y la ilegalidad en la frontera.
Por eso es necesario que el Gobierno explique su posición frente al Ministro de Defensa de Venezuela. Aunque sea recomendable tener buenas relaciones en el vecindario, no debe olvidarse que “de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno”.

¡Magia!

22 de enero de 2012 | OPINIÓN | Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Aparecen los colombianos y colombianas por la paz con la perla: una tregua de 90 días dizque para “dar inicio a aproximaciones orientadas a diálogos y acuerdos humanitarios”.
Todo da a entender que a los colombianos se nos vino encima, otra vez, el cuento de negociar con las Farc. Al parecer, sólo la Divina Providencia podrá evitar que nos enfrasquemos en otro de aquellos procesos que siempre fracasan, dejándonos llenos de frustraciones y de mentiras.
La trayectoria de Juan Manuel Santos indica que él es especialista en mensajes a Bolívar para que los entienda Santander. En el caso de la guerrilla, desde su posesión dijo que la puerta del diálogo está cerrada pero que las llaves no las ha botado al mar. Desde ahí no cesa el acoso por obligarnos a aceptar esa fracasada estrategia de hablar con las Farc de igual a igual mientras se rearma y fortalece.
Tras la muerte de ‘Alfonso Cano’ apareció la verborrea de su sucesor ‘Timochenko’. Empezó entonces el esfuerzo por mostrar un jefe ilustrado especialista en citas con las cuales pretende ocultar su historia sangrienta. Y no demoraron en aparecer quienes tratan de convencernos de las convicciones democráticas del gacetillero. Fue cuando se inició el intento por convencernos que había un mensaje de paz en la abundancia de mentiras. “Cómo será el cambio que ha mandado tres cartas en un mes”, nos dijeron.
Y de pronto, ¡magia! Aparecen los colombianos y colombianas por la paz con la perla: una tregua de 90 días dizque para “dar inicio a aproximaciones orientadas a diálogos y acuerdos humanitarios”. Y anuncian buenas noticias. Habrá liberaciones. O sea, las Farc dan muestras de su “indeclinable voluntad de diálogo”. Le toca al Gobierno.
Sabedores del desgaste de doña Piedad, la mandaron a pasear por cuenta de la paz. De pronto es el terrible Iván Cepeda o es el camarada Lozano del Partido Comunista quienes avisan que vienen más liberaciones. Y dicen que a cambio de nada, aunque insisten en igualar al Estado legítimo con las Farc, vaya usted a saber por qué.
Es decir, empezó el show. Pero, esta vez, parece que tienen audiencia en la Casa de Nariño, en donde repitieron el catálogo de requisitos. Y, cómo no, el de la liberación de los secuestrados es el primero. ¿Quién se opone a esa liberación? Nadie, empezando por las Farc, para cuyos cabecillas se convirtieron en un encarte que masacran sin piedad.
Ahora las víctimas tienen una nueva utilidad porque su liberación es la muestra que pide el presidente Santos. Mientras tanto, el Mandatario pone a su Ministro de Defensa a decir que el compromiso en el combate a los bandidos es “irrenunciable”. O sea, nada de negociaciones. El siguiente acto está a cargo del expresidente Andrés Pastrana quien trata de convencer que lo del Caguán no fue un fracaso y exige que los diálogos sean “en el exterior y en secreto”. ¿Acaso serán en Venezuela, como lo insinúa Chávez?
Así, el plato está servido. O mejor, lo están sirviendo pero por debajo de la mesa. Y sólo falta que traigan un chamán como el que contrataron en Bogotá para que con sus conjuros evitara un aguacero el día de la clausura del Mundial de Fútbol Sub 20. En este caso, lo tendrán que usar para convencernos a los colombianos que ahora sí se le puede creer al grupo que más atrocidades ha cometido y al que más mentiras nos ha dicho.
Puede que a uno lo califiquen de ‘furiuribista’ por no estar de acuerdo con lo que está sucediendo. Pero, como dijo el presidente Santos, “que no nos crean tan pendejos”.

El estreno

11 de diciembre de 2011 | OPINIÓN | Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal
Petro Ahora es el presumido triunfador que desfoga sus rencores y destapa sus ínfulas sin importarle el daño que causa a la ciudad que lo escogió como su máxima autoridad.
Como si fuera el amo y señor de Bogotá, como si ser elegido alcalde no le significara la obligación de acatar mandatos legales, Gustavo Petro se estrenó sin posesionarse, dándole un golpe al patrimonio de la capital. Un abrebocas de lo que viene y de lo que puede suceder si el populismo se toma el poder en Colombia.
La Empresa de Energía Eléctrica de Bogotá, EEB, es un buen ejemplo de lo que se puede lograr cuando el sector público entiende aquello de asociarse con el privado para generar riqueza. Con ella los bogotanos aprendieron que sí es posible hablar de eficiencia y transparencia, y que el Estado puede recibir buenos rendimientos cuando deja de pensar en la burocracia que reparte en la clientela y recibe las utilidades que puede generar una entidad cuyo 81% es del Distrito Capital.
Ese exitoso modelo le permitió ser inversionista internacional y recibir hace poco un respaldo vigoroso en el mercado de capitales. En ese momento nadie pensó que la elección de Petro iba a poner en riesgo a la empresa hasta entonces orgullo de los bogotanos. Nadie se imaginó que el exguerrillero en trance de gobernante iba a ponerle un petardo de alto poder destructivo a la confianza que la EEB había construido.
Sucede que el señor Petro ganó las elecciones y ya destapó sus propósitos. Ahora ya no es el estadista en trance de atrapar incautos, sino el alcalde arrogante que amenaza con imponer su populismo al estilo de Hugo Chávez. Ahora es el presumido triunfador que desfoga sus rencores y destapa sus ínfulas sin importarle el daño que causa a la ciudad que lo escogió como su máxima autoridad.
De pronto se le ocurrió decir que iba a unir la EEB con la empresa de teléfonos y el acueducto que, por mantenerse 100% pública tiene las prestaciones sociales más onerosas. Dice que con ello pretende rebajar el costo de los servicios a los usuarios. Y dio órdenes para que la Empresa recomprara sus acciones, sin respetar sus estatutos y los acuerdos de buen gobierno que la convirtieron en la estrella de Bogotá.
Es decir, se acordó de su maestro el coronel Chávez y desbarató de un plumazo la confianza en la EEEB. En tres días, las acciones cayeron el 17,56%, lo que significa una disminución de 1,8 billones en su patrimonio. Y de no ser por la intervención de la Superintendencia Financiera, el desastre sería mayor para los accionistas y los ciudadanos, no para Petro quien se siente héroe y desafía la lógica y la sensatez con su prosa cantinflesca digna del régimen chavista.
El flamante Alcalde afirma que su propuesta ya es ley porque forma parte de su programa de gobierno y que defenderá su decisión “con la vida si es necesario”. Es decir, Patria o Muerte. Y dice que no tiene la culpa del desastre que produjo sino los especuladores, para lo cual apela a un farragoso e incomprensible argumento que incluye conspiraciones y manos peludas. Es lo que él ve y para él eso es suficiente.
Así llega Petro a la Alcaldía de Bogotá. Ese personaje de quien desconfían hasta sus más cercanos colaboradores asoma las uñas del populismo barato con el cual aspira a convertirse en caudillo y presidente de Colombia. Viendo la sorpresa de muchos de los que votaron por él me da la impresión de que cayeron en la trampa del tartufo. Y me acordé de aquel refrán: “la mona, aunque se vista de seda….”

Haciéndose pasito


14 de octubre de 2011 | COLUMNA | Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Se produjo fue una negociación para “hacerse pasito”. Tal parece que las heridas de la parapolítica, las ambiciones políticas de algunos magistrados y el espionaje que los convirtió en mártires, están en el trasfondo del asunto.
Lo que pasó en la comisión constitucional del Senado nos dio la pauta de lo que serán los restantes debates: la Reforma a la Justicia será otro acuerdo más para resolver la eterna pugna por el poder entre magistrados, legisladores y gobernantes.
El presidente Juan Manuel Santos recibió aclamaciones cuando anunció su proyecto. Con insinuar cambios en la tutela, el retiro de las Cortes de la elección de funcionarios como el Fiscal General y el fin del malhadado Consejo Nacional de la Judicatura, Santos había tocado puntos sensibles de la realidad colombiana. Ni más ni menos que la vigilancia y administración de la Justicia y la limitación a las ambiciones de poder de algunos magistrados de la Corte Suprema.
Aunque en el proyecto no tenía propuestas para acabar con los obstáculos que impiden a los ciudadanos del común el acceso a una justicia cumplida, era un avance lograr que se hablara de asuntos que parecían vedados. Esa sensación se aumentó cuando los magistrados se negaron a aceptar el consenso, señal de que iba por el camino correcto.
Otra cosa es lo que salió del primer debate, cuando se produjo el consenso que pedía el presidente Santos. Lo que no se supo fue cómo se logró. Y lo notorio fue la forma en que los magistrados continuarán haciendo política mientras se jalan las mechas en sus bochornosas peleas por la tutela. Además, fue evidente que la Corte Suprema estaba negociando su poder con quienes pueden ser objeto de su juicio.
Y se notó el afán de mostrar que el consenso era posible para lograr un resultado, fuera el que fuera. O, ¿cómo puede explicarse que la tutela no haya sido tocada, ni siquiera para resolver el choque entre las Cortes que destruye la estabilidad jurídica del país? ¿Y qué explicación tiene mantener el Consejo Nacional de la Judicatura a pesar de las vergüenzas que protagoniza? Ni qué decir de la propuesta para acabar la Comisión de Acusaciones mediante la creación de una entelequia que nadie entiende, con la cual los magistrados podrían elegir quién los investigue.
Llama la atención que la morosidad crónica de la Justicia, la impunidad en materia penal y la permanente duda en materia civil y administrativa, se haya usado sólo para justificar el aumento del presupuesto y para reclamar una emergencia, ¡otra más!, que permita “descongestionar los juzgados”. Eso es buscar la calentura en las sábanas. O sea, nada de encontrar las causas y corregirlas, o de exigir resultados a los causantes. Ahora hay que negociar con ellos para apaciguarlos.
Lo que se produjo fue una negociación para “hacerse pasito”. Tal parece que las heridas de la parapolítica, las ambiciones políticas de algunos magistrados y el espionaje que los convirtió en mártires, están en el trasfondo del asunto. No de otra manera se explica que juristas respetables como el ministro Juan Carlos Esguerra acepten la aberración de convertir a litigantes y notarios en jueces sin derecho a ordenar pruebas.
Se dirá que quedan siete debates y un año para deshacer el entuerto. Eso podría pensarse si en la Comisión Primera del Senado se hubiera escuchado el clamor de la gente y los jueces aceptaran que su forma de actuar le hace daño a la Justicia. Y si la reforma no se usara para resolver las disputas entre los poderes públicos, una de las razones por las cuales el Estado no es capaz de acabar con la violencia y la criminalidad en Colombia.

¿Reforma imposible?

14 de agosto de 2011 | OPINIÓN | Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Lo que debe procurarse es que la Justicia deje de ser un estanco y se convierta en el árbitro de la sociedad para que no nos sigamos matando.

20 años después

4 de Julio de 2011 | OPINIÓN | Por: Luis Guillermo Restrepo Satizabal
Relevados los mafiosos por las Farc en el control del narcotráfico o aliados con la guerrilla, el país presenció la peor confrontación. Miles fueron asesinados, desplazados, despojados.

Justicia, política y crimen

19 de Junio de 2011 | El observador | Por: Luis Guillermo Restrepo S

Cuando se produjo el asesinato de Gómez no era difícil saber a quién beneficiaba y de dónde podía provenir su autoría. Ni había que ser un detective para saber que con ese crimen se pretendía acallar las voces contrarias al régimen samperista y su relación con el narcotráfico.

Habemus Fiscal

4 de diciembre del 2010 | El observador| Por Luis Guillermo Restrepo Satizabal

¿Cuánto daño le ha causado al país la forma en que se ha manejado la Fiscalía? Infortunadamente, esa definición no se puede medir en términos numéricos.

El fracaso del Polo

Octubre 30 de 2010 | El observador | Por Luis Guillermo Restrepo Satizabal

Uno no sabe si atribuirle el desastre del Polo Democrático Alternativo al vedetismo de unos, a los dogmatismos de otros, al odio de unos contra otros o a la alianza de la izquierda con el peor de los clientelismos encabezados por la Anapo y Jaime Dussán.