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Dic 10 de 1948
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La Gran Sociedad del Estado

Sábado, 16 de Octubre del 2010 Por Jaime Ruiz

Así se llamaba, con pomposa irreverencia, un grupo de rock colombiano de los años setenta. El sarcasmo del título quería destacar el contraste entre la oferta del grupo (espontaneidad y psiquedelia, rebeldía adolescente y rechazo a la guerra, sex and drugs, and rock'n roll), y el mundo adulto de burócratas mezquinos y amargados.
Es muy curioso acordarse de eso porque ese estilo de "trapudos", de dirty chic, se volvió después la marca distintiva de la Universidad Nacional. Durante varias décadas, los futuros abogados, médicos, ingenieros, "científicos sociales", arquitectos, etc., han exhibido su rebeldía en el vestir y con ello expresado su rechazo de las jerarquías y formalidades del mundo no universitario, del mundo de los padres de familia que madrugan a trabajar y tienen que vivir pendientes de observar hábitos indumentarios convencionales.

Ligado a esa rebeldía, a ese "espíritu de las flores", ha estado siempre en ese magno centro del saber el anhelo de una sociedad más justa, con menos desigualdades, etc., y la admiración por quienes intentaron "cambiar las estructuras" para conseguirlo: el Che Guevara y Camilo Torres. El amor libre se encuentra con la lucha armada y se confunden, como en algún cuento de Julio Cortázar. No hay ningún problema, tal como ocurría en todos los países comunistas, la docilidad de la gente ante las mentiras del poder se basaba en que realmente no había que esforzarse mucho (salvo los prisioneros y perseguidos).

Es decir, los enamorados de la utopía amorosa salían de vez en cuando a matar policías, a apedrear buses, a cortar el tráfico y lanzar cocteles Molotov, y según su aptitud, su condición social o sus ambiciones se integraban en organizaciones revolucionarias que exigían cierta disciplina a la hora de retener enemigos, como ocurrió sobre todo con el M-19, grupo que volvió riquísimos a sus líderes y aseguró rentas y cargos de poder a sus militantes gracias a esas proezas. Parecían aplicar sin darse cuenta una de las consignas del mundo de 1984: LA PAZ ES LA GUERRA.

Pero el nombre de ese grupo de rock se convierte en una evocación poderosa en estos días en que la muerte de Jojoy dispara la euforia de la gente, a veces hasta niveles grotescos de odio y malignidad: el daño que ocasionó el destripador destripado sirve para confundir a muchos acerca de las verdaderas dimensiones de la conjura terrorista. Parece que todo fuera una ocurrencia del hampón aficionado a los vehículos y relojes de lujo. Como mucho se piensa en la senadora Piedad Córdoba como cómplice. Casi nadie quiere admitir que detrás de Jojoy lo que está es la Gran Sociedad del Estado, la corporación de los herederos del poder político que intentan defender sus privilegios gracias a los crímenes del torpe y fanático Servicio Doméstico Armado.

Hace ya año y medio publiqué en este blog una entrada comentando la correspondencia de los Colombianos y Colombianas por la Paz con el Secretariado de las FARC, ampliamente divulgada por la prensa, y señalando que se trataba de una operación de propaganda y legitimación de la banda asesina. (Las margaritas con que adornan su página, tal vez inspirados en los girasoles de la ola verde, hacen más siniestros sus designios) Como es habitual, no hubo quien prestara atención: tal vez haya quien se hastíe, pero no veo alternativa a repetirlo cuantas veces haga falta: los grandes medios de prensa colombianos son casi manifiestamente partidarios del terrorismo, y están ligados a intereses que sacan partido de los crímenes de las bandas totalitarias.

De modo que invito a los lectores a fijarse en las personas que siguen a la senadora Córdoba en las firmas de dicha correspondencia. Son gente que tiene redes de poder en las universidades, en los sindicatos estatales y en diversos ambientes que reciben ayudas públicas, a la que la prensa promueve y que ocuparía los ministerios, las embajadas y los cargos importantes en caso de que las FARC consiguieran destruir el Estado y tomar el poder:
Alberto Cienfuegos, aparece en internet como politólogo, obviamente enamorado de la legalidad, declara que "El DAS es una empresa criminal", epíteto que no se aplica a las FARC. Probable inspirador de la ola verde.

Gloria Inés Ramírez, senadora, ex presidenta de Fecode y mencionada en los computadores de Raúl Reyes. Si en Colombia hubiera verdadero periodismo la gente sabría cuál es el sueldo de tantos y tantos beneficiados del "fuero sindical", privilegio que han conseguido gracias al poder de las bandas armadas. Con toda certeza, el presidente de Fecode gana tanto como un ministro.

Jorge Enrique Botero, periodista patricio (compañero de estudios de D'Artagnan) dedicado a promover a las FARC. Autor de un libro sensacionalista sobre el hijo de Clara Rojas e invitado especial a las ceremonias de entrega de prisioneros.

Clara Pinillos, ex senadora, ex representante a la Cámara, ex miembro de la Dirección Nacional del Partido Liberal... Pobre gente que no duerme pensando en tanta desigualdad que hay que corregir.

Alan Jara, ex gobernador del Meta y ex secuestrado que volvió de su cautiverio recitando la propaganda terrorista.

Olga Amparo Sánchez, según Semana, "trabajadora social, máster en estudios de población y especialista en alta dirección del Estado". Importante activista del feminismo ligado a la izquierda democrática y probable "revolucionaria profesional" al servicio de la causa justiciera. No tiene pérdida el panegírico de Semana.

Danilo Rueda R, activista típico con influencia en Europa y compañero de Piedad Córdoba en recientes viajes a Cuba a recibir instrucciones.

Gloria Cuartas, ex alcaldesa de Apartadó muy promovida por la prensa, reconocida activista del PDA próxima a las FARC, según testimonios de desmovilizados. Se la recuerda por pedir la libertad de alias Ricardo Palmera y alias Sonia.

Iván Cepeda Castro, mártir heredero que ha pasado de defensor de derechos humanos a congresista beneficiado por caprichos judiciales con una gran fortuna que pagamos los colombianos, aparte del sueldo de congresista. Hijo del líder del PCC que más descaradamente promovía a las FARC.

Alpher Rojas Carvajal, personaje muy próximo a Piedad Córdoba y a las redes que la acompañan, antiguo director del Instituto de Pensamiento Liberal con peligrosos sesgos en sus escritos. Apoyaba (por algo sería) la candidatura de Rafael Pardo.

Consuelo González de Perdomo, ex secuestrada cuyas motivaciones despiertan inquietud.

Luis Eduardo Celis, "Investigador colombiano en el área de derechos humanos. Asesor Corporación Nuevo Arco Iris", así lo describe la Red Voltaire. No hay mucho que añadir.

Ricardo Sánchez A, antiguo dirigente de un grupo trotskista, ejerce de profesor de Derecho Constitucional en la Universidad Nacional y cuenta con una poderosa red de promoción personal. Fue director de la Fundación para la Democracia en tiempos de Samper. Escribe en una revista comunista.

Carlos Lozano Guillen, director del semanario Voz, órgano del Partido Comunista, fue designado por Tirofijo para la Comisión de Notables que iba a remediar los líos del Caguán.

Dídima Rico Chavarro, profesora universitaria, autora del interesante estudio "Una aproximación a la proyección social de la universidad en Colombia", de la Universidad Autónoma.

Carlos Medina, "Docente investigador Universidad Nacional". Ya se sabe...

Daniel Samper Pizano, luminoso académico que suma las cifras de pobreza y las de indigencia hasta obtener dos tercios de la población, y que ciertamente tiene sus motivos para tratar de enfrentarse a la dirigencia oligárquica y reducir la desigualdad.

Medófilo Medina, pensador destacado sobre todo por la originalidad de su nombre... Bah, "profesor de la Universidad Nacional", no hay mucho que añadir.

Francisco Caraballo, antiguo líder del EPL, condenado a 38 años de prisión por rebelión, secuestro y terrorismo... un angelito que da lecciones de moral y paz.

Víctor Manuel Moncayo, ¿quién iba a creerlo? Investigador del IEPRI de la Universidad Nacional y filántropo interesado en la paz negociada. Colabora también en la revista Izquierda.

Marck Chernik, profesor de Georgetown especializado en Colombia y obviamente partidario de que se reconozcan y premien las proezas del ejército de niños que lo podría hacer guía del nuevo experimento de ingeniería social.

Felipe Zuleta, pensador de sobra conocido por su columna de El Espectador, tan llena de ingenio, elegancia, inteligencia, sensatez, objetividad (sobre todo) y rigor. Luchador popular que sabe lo necesario que es cambiar las estructuras.

Leopoldo Múnera Ruiz, pues no, éste no es columnista sino "Profesor Asociado, Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y sociales, Universidad Nacional de Colombia". ¡No gana uno para sorpresas!

Sigifredo López, otro político ex secuestrado de motivos oscuros.

Florence Thomas, filántropa francesa que vive en Colombia dedicada a revelar al pueblo bruto los grandes avances del Mayo de 1968 francés, y a colaborar con los demás rentistas de la Universidad Nacional a ver si consiguen la paz premiando a las FARC, para lo cual las ayuda a legitimar y a alentar.

William Ospina, "uno de nuestros grandes intelectuales", según Eduardo Posada Carbó (académico que por algún motivo inexplicable no aparece en la lista de los primeros firmantes). Poeta y novelista, se reconoce por una carta abierta a Chávez en la que le declara su respeto y admiración. Pocos meses después fue reconocido con el Premio Rómulo Gallegos.

María Elvira Bonilla, pensadora que ejerce como columnista de El Espectador. Probablemente profesora universitaria.

Alfredo Beltrán Sierra, ex magistrado de la Corte Constitucional, representante de su gremio.

Alfredo Molano B, escritor patricio que durante décadas hizo de valedor de las FARC en el ambiente universitario colombiano.

Luis Jorge Garay, economista incomprendido cuyas propuestas de transformación del país requieren una negociación que requiere una que otra masacre.

Ricardo Montenegro Vásquez, según su blog: "Presidente del Circulo de Pensamiento Caribe. Un ser inconforme con el Mundo actual", "Abogado titulado, activista en derechos humanos, Director Ejecutivo Poder Ciudadano miembro de COLOMBIANOS POR LA PAZ, Asesor del Senado de la República. Ex Candidato a la Cámara de Representantes por el Atlántico y al Senado de la República por el Partido Liberal Colombiano".

Gabriel Izquierdo S.J. No podía faltar la Societate Jesu.

Mario Esteban Hernández, previsiblemente, profesor de la Universidad Nacional, al parecer con algún cargo en la Secretaría de Salud de Bogotá en alguno de los gobiernos del PDA.

Ricardo García Duarte. ¡No me van a creer! Es otro profesor universitario. Hay una parte de los colombianos que no tienen que ver con las universidades públicas y no conocen la apropiación de recursos fabulosos que hacen las sectas comunistas que complementan a las FARC y el ELN, y otra parte que sí tienen que ver con ellas, y resulta clientelizada por esas mafias.

Alonso Ojeda Awad, este médico fue incluso embajador en Hungría, y lo volverá a ser con carácter vitalicio si dejamos que la sección judicial persiga impunemente a los militares. Viejo militante de sectas comunistas, dirige el programa "Pedagogía de la Paz" de la Universidad Pedagógica (para que alguien dude de que el asesinato en masa de gente humilde es uno de los rubros más importantes del gasto público).

[Ahorro al lector datos sobre otros profesores menos conocidos]

José Gregorio Hernández, ex magistrado de la Corte Constitucional y ex candidato a la vicepresidencia. Para que alguien dude de la relación entre las altas cortes y las bandas terroristas.

Gustavo Gallón Giraldo, filántropo que dirigía la Comisión Colombiana de Juristas, una de las ONG más siniestras y más claramente relacionadas con las campañas del terrorismo.

Luis Eladio Pérez, político ex secuestrado locuaz y muy sospechoso, que de hacer la propaganda de las FARC pasó rápidamente a la campaña de Sergio Fajardo como cabeza de lista al Senado.

Oscar Tulio Lizcano, otro ex secuestrado de motivos oscuros.

Javier Darío Restrepo, conocido periodista que suele defender a las FARC de la acusación de "terroristas" ya que en el uso de ese epíteto descubre que “Se trata de eliminar cualquier posibilidad de legitimación de la guerrilla. Esa agresión verbal se propone dejar atrás la imagen del guerrillero que lucha por la justicia y por un nuevo orden, como si estos dos logros ya se hubieran dado o hubieran sido definitivamente abandonados”. Un angelito.

Darío Arizmendi Posada. Sería muy interesante preguntarse cuáles son los intereses del Grupo Prisa en Colombia y por qué tiene en nómina a un locutor que colabora con el terrorismo. Bueno, el sesgo es evidente cuando se piensa en la relación entre ese grupo y el de Santodomingo.

David Sánchez Juliao, escritor angustiado por la falta de justicia social.

Gustavo Álvarez Gardeazábal, ex gobernador del Valle y escritor, encarcelado por corrupción. Suele tener muchos defensores en el ámbito de las FARC.

Hollman Morris, periodista sesgado al que se da mucho espacio en los medios colombianos, que son la parte más importante de la conjura terrorista. No se debe olvidar su labor, junto a Jorge Enrique Botero, en la explotación mediática de las liberaciones.

Harold Alvarado Tenorio, ¡profesor de la Universidad Nacional! y poeta rocambolesco que no pierde ocasión de firmar por causas que complazcan a su institución.

Arlene B. Tickner, profesora de la Universidad de los Andes y miembro de la Comisión de Política Exterior, para que alguien dude de que los promotores del terrorismo ya copan los cargos de poder en Colombia, aun bajo los gobiernos de Uribe.

Vladimir Flores (Vladdo), caricaturista que lidera la decencia y el antiuribismo. Que nadie dude de que su popularidad tiene que ver con que trabaja en la revista de los ricos, que son a la vez los antiuribistas y los promotores y usufructuarios del terrorismo (no todos los ricos, sino la parte de las clases altas que leen Semana).

Gustavo Páez Escobar, columnista de El Espectador. No hay mucho que añadir.

Marlene Singapur, antropóloga y antigua columnista de El Tiempo.

Alberto Rojas Puyo, "ex senador colombiano y militante marxista por más de 40 años, recuerda la primera impresión que sintió cuando vio a Marulanda hace ya más de dos décadas: La fuerza tranquila. 'Es un hombre inteligente, un guerrero impresionante, de gran modestia en su actitud personal, nunca habla de sus hazañas, es reservado'”, contó a EL PAIS.

Francisco Leal Buitrago, ¡qué raro, profesor y columnista siempre indignado por lo que hacía el gobierno de Uribe Vélez!

Hernando Gómez Buendía, Ídem. Cabeza de lista al Congreso en la lista de Mockus en 2006.

John Sudarsky, senador del Partido Verde, para que sigan dudando de que ese partido es sólo una máscara de las mafias terroristas.

Daniel García-Peña, héroe popular que hacía de comisionado de paz en tiempos de Samper; antiguo dirigente del PDA. Columnista de El Espectador.

Renán Vega Cantor, profesor de la Universidad Pedagógica y ganador del Premio Libertador en Venezuela.

Álvaro Camacho Guizado, increíble: profesor universidario, columnista...

León Valencia A, humanista, enamorado de la vida (que considera sagrada, por lo que promovía la Ola Verde), líder de la Corporación Nuevo Arco Iris.

Marleny Orjuela, pariente de un secuestrado que colabora con el noble mártir heredero Cepeda II en campañas de manipulación de los familiares de los secuestrados.

Daniel Pecaut, profesor francés ansioso por ayudar a Colombia a encontrar el camino de la paz.

Fernán González S.J. Nunca faltan los jesuitas.

Apolinar Díaz-Callejas, según la red Voltaire, "ex senador de la República de Colombia, ex ministro del Gabinete del presidente Carlos Lleras Restrepo y miembro actual de la Comisión Andina de Juristas".

Lisandro Duque Naranjo, cineasta y columnista de El Espectador que considera que la combinación de todas las formas de lucha por parte de la izquierda colombiana era "ingenuidad".

Jaime Caicedo T, concejal de Bogotá por el Polo Democrático y secretario general del Comité Central del Partido Comunista de Colombia. Otro benefactor de la humanidad incomprendido.

Jorge Gantiva Silva, adivinen: ¡profesor de la Universidad Nacional!

Carlos Villalba Bustillo, rector o ex rector de la Universidad de Cartagena, historiador, columnista de El Espectador que pretende dar lecciones a los políticos uribistas.

Venus Albeiro Silva, ex representante a la Cámara por el PDA.

Santiago García, director de teatro del grupo La Candelaria.

Pepe Sánchez, director de telenovelas.

Patricia Ariza, "dramaturga, poetisa y actriz colombiana", relacionada con el grupo La Candelaria y presente en documentos de las FARC.

Víctor Gaviria, famoso cineasta.

Eduardo Gómez, poeta y profesor universitario.

Fernando Estrada G, profesor universitario.

Enrique Santos Molano, escritor y columnista de El Tiempo.

De la lista de firmantes publicada en la prensa saco sólo estos nombres, por ser los primeros quince o por ser personas conocidas. Se puede asegurar que las decenas de personas que no he buscado en internet son la mayoría del gremio docente universitario colombiano.
Hay muchas cosas que conviene aclarar, pero todo es pérdida de tiempo si no se hace el esfuerzo de leer la correspondencia entre las FARC y ese grupo. Lo primero es que cualquiera razonará que los cargos de poder en ministerios y embajadas los ocupan en todos los países personas que enseñan en universidades, que se supone que son las que conocen los temas. Pero en Colombia lo que esas personas conocen es el marxismo y sobre todo el leninismo. ¿Para qué aludir siquiera a eso si nadie va a pensar qué implicaciones tiene? El conocimiento de la mayoría de esos profesores, de casi todos los que enseñan materias relacionadas con la administración del Estado en las universidades públicas colombianas, consiste en la forma de hacer la revolución. Pero ¿qué es la revolución? Bueno, la implantación de un régimen socialista sin propiedad privada y sin libertades.

Es obvio que a esa gente la derrota de las FARC le resulta una posibilidad indeseable, por mucho que sus relaciones directas con las actividades de la banda asesina sean muy tenues. Pero ¿qué resultan siendo quienes montan una campaña de legitimación de las organizaciones terroristas y al mismo tiempo obtienen rentas fabulosas gracias al poder que esas bandas han impuesto en las universidades y otras entidades estatales, sin hablar de que en caso de triunfo ocuparían la mayoría de los puestos de mando? La incuria intelectual de la mayoría de los colombianos, aun de los más entusiastas anticomunistas y defensores de la democracia, hace que nadie se preocupe de que eso siga ocurriendo. De que esos accionistas del terrorismo sigan ejerciendo una docencia que consiste por una parte en destrucción de las instituciones que aprueban la mayoría de los colombianos, y por la otra en promoción de sus propias carreras políticas.

Pero ¿y qué? Ni la relación de las clases poderosas con el terrorismo, evidente para cualquiera que conozca la condición de los promotores de esta campaña, ni la pasiva complicidad de la gente que no estudia esos temas ni tiene títulos (lo que la intimida) es nada en comparación con otro tipo de complicidad más dañina: la de quienes se indignan de que se señalen esas cosas y al mismo tiempo pretenden ser distantes de las FARC y del chavismo. ¡Ésos también obtienen lucros del hecho de no incomodar a los socios del terrorismo, y sus pretendidas críticas y condenas sólo sirven para neutralizar la resistencia o la crítica de personas que desean vivir en un país en paz! Esos distraídos son parte de un statu quo que vive cómodamente en medio de quienes se han lucrado copiosamente de los secuestros (decenas de dirigentes del PCC y otros grupos de izquierda que hacían de mediadores gracias a su posibilidad de influir en las bandas criminales y cientos o miles de activistas que colaboraban en la recogida de información).

Es necesario llamar la atención de la gente sobre el efecto de todo eso: el terrorismo no es un fenómeno ajeno a Colombia (en Twitter los patriotas se indignan de que se les cuestione la perfección de su país y la complejidad de las redes de poder de los empresarios del terrorismo: quieren que todo se acabe en Jojoy y Piedad Córdoba). El terrorismo existe porque muchísima gente saca provecho de él, bien directamente en el caso de los profesionales de la revolución que los colombianos pagamos generosamente para que conviertan en militantes antiamericanos y anticapitalistas a nuestros hijos, o en el de quienes intentan medrar gracias a su lealtad y simpatía con esos personajes.

Pero sobre todo gracias a la indolencia de la mayoría de la gente, para la que quien denuncia el sentido de toda esa complicidad, la relación absolutamente obvia entre la revolución y la lucha armada (no, no es que todos sean foquistas o terroristas, es que el fin de la propiedad sólo puede hacerse con violencia, y que al desaparecer los propietarios siguen existiendo los usufructuarios de los bienes producidos, como señalaba Nicolás Gómez Dávila), resulta incomprensible y fastidiosa, gracias a lo cual los usufructuarios lo pueden describir como un exaltado peligroso, paramilitar, extremista, etc. ("mil colinas" me llegó a llamar un cretino que colaboraba con la ola verde de Sudarsky, León Valencia y Sergio Otálora).

Los festejos por la muerte de Jojoy y la destitución de Piedad Córdoba, que sin duda será anulada por el correspondiente tribunal que resolverá las apelaciones, terminan siendo peligrosos por eso. El temible asesino ha caído, pero de las universidades salen cada semestre miles de reemplazos que no necesitan corretear por las selvas ni usar fusiles, pues sirven de muchas maneras a un poder que no es más que un viejo orden, y que incluso se presentan como opositores del terrorismo, pero son increíblemente, asquerosamente dóciles ante quienes encargan y cobran los crímenes. Para cometerlos siempre habrá niños pobres, precisamente gracias a la miseria que ese vasto parasitismo ocasiona.
 

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