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¿Y en el mismo lodo, todos manoseados?

23 de octubre de 2010 | Por: Ramiro Valencia Cossio 

Quizá en otra ocasión les dije que me hubiera gustado haber escrito el tango "Cambalache".


Me encanta. Es el retrato perenne de lo que pasa con la condición humana. Tiene razón el autor: es lo mismo "en el quinientos seis y en el dos mil también" y por supuesto, agrego yo: lo mismo en dos mil diez.

"Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor".

Lo estamos viendo patéticamente todos los días.

La justicia actual, es una justicia negociada.

Claro que hay que darle beneficios a quien colabore eficazmente y con la verdad, para esclarecer delitos.

El dicho de un delincuente no puede ser desechado porque lo dijo un delincuente.

Pero su dicho no puede ser el halago que le hacen para que vincule, ojalá a personajes prestantes y lograr la rebaja de su pena.

Es que el juez tiene la obligación de verificar, por otros medios, si lo que dice el delincuente, el encartado, el reo, tiene fundamento en hechos ciertos.

De lo contrario estaríamos ante la justicia-venganza; la justicia-retaliación; la justicia-injusticia.

Resulta que si a uno lo juzgan por sus actos ilegales... "prende el ventilador", como dicen los medios, y aplica la frase bíblica: "muera Sansón y todos los filisteos".

Y claro. Ya para la opinión pública: "todo es igual... nada es mejor", como dice el tango.

Ha pasado con la parapolítica, con la narcopolítica, con las chuzadas del DAS, y ahora con lo que han llamado, para tirarse en todo el mundo, "el Carrusel de la Contratación".

Dejemos algo claro: El contratista que da comisiones, que compra una licitación, que soborna, debe ser castigado ejemplarmente, lo mismo que el funcionario corrupto que recibe la paga.

Pero de ahí a concluir, como lo hace la gente del Polo, y hablo de los petros y de los robledo, que en cada debate se van contra las grandes empresas, contra la inversión extranjera, contra los grandes contratistas, y meten a todo el mundo en el mismo saco de corrupción, hay un trecho muy largo.

Pues claro que los grandes bancos, las entidades financieras tienen que financiar los grandes proyectos. Claro que las aseguradoras prestantes se ganan los grandes contratos de seguros. Es lógico que las más importantes empresas de ingeniería y construcción hagan los megaproyectos.

¿O llamamos para las autopistas de la montaña al maestro Salustiano que tiene siete palas, dos carretas y cuatro empleados?

Ahora resulta que es lo mismo "los Nule" que Conconcreto, o Coninsa, o El Cóndor, o Termotécnica, o que Odinsa o que otras decenas y decenas de extraordinarias empresas constructoras.

No señor Nule, no señor Petro, no señor Robledo. No "vivimos todos revolcados en un merengue y en el mismo lodo, todos manoseados".


El Colombiano

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