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El mago

10 de abril de 2011 | Registro | Por: Rafael Nieto Loaiza

Buena parte de los méritos la tienen Angelino Garzón, a quien sus compañeros sindicalistas tendrán que hacerle una estatua, y Mauricio Santamaría, el ministro de Protección Social.
Es un mago el presidente Santos si logra la firma del TLC con los Estados Unidos y, al mismo tiempo, extradita a Walid Makled a Venezuela. Uno de marca mayor, de los que ameritan quitarse el sombrero y aplaudir. A estas alturas y contra todos los pronósticos, parece que lo va a lograr.

Esta semana hizo dos avances muy importantes: se reunió con el presidente Obama, trazaron una ruta crítica para conseguir la aprobación del tratado, y repitió, esta vez en territorio norteamericano, que extraditaría al mafioso a Caracas. 

El encuentro con Obama representó su primera visita a Washington como Jefe de Gobierno y tiene el mérito adicional de haberse hecho después de soltarle a los gringos un merecido regaño por su política exterior hacia América Latina, en medio de una crisis interna del gobierno de EE.UU. y de un agitadísimo panorama internacional por las revoluciones que tienen lugar en los países árabes y el norte africano. Que le hayan abierto espacio a Santos en esas circunstancias no era tarea sencilla. 

No dudo de que a los acuerdo en materia laboral conseguidos con EE.UU. pueden hacérseles críticas puntuales, como la del exceso de constituir un tipo penal para perseguir a quienes se opongan a la creación de sindicatos, tipo que si no se redacta con cuidado dará para encarcelar a cualquiera. Pero debe admitirse que la tendencia a modificar el código penal cada vez que a alguien se le ocurre es típica de los colombianos y que en este caso hay tantos o más motivos para hacerlo, en la medida que parecería una exigencia ineludible para la firma del tratado. El TLC bien vale una misa. 

Por el contenido que se ha conocido del acuerdo, buena parte de los méritos la tienen Angelino Garzón, a quien sus compañeros sindicalistas tendrán que hacerle una estatua, y Mauricio Santamaría, el ministro de Protección Social. Y tras bambalinas, Juan Carlos Pinzón, el silencioso y eficaz secretario general de Presidencia, a quien Santos delegó la recomposición de las relaciones cuando de Washington empezaron a llegar críticas a raudales a la Cancillería colombiana.

En fin, el TLC es una necesidad urgente, tanto porque nuestros competidores directos en el mercado directo sí tienen tratado (México, los centroamericanos, República Dominicana, Perú y Chile tienen todos TLC), como porque ahora estamos incluso sin las preferencias arancelarias del Atpdea. El TLC deberá proporcionar no sólo acceso sin barreras a los EE.UU. sino estabilidad en las reglas de juego que atraigan inversión con miras al mercado norteamericano.

El riesgo está en que los republicanos se molesten tanto con la entrega de Makled a Chávez que sean ellos, nuestros tradicionales aliados, quienes pongan trabas a la aprobación del acuerdo. Makled no es un capo de cuarta y su extradición importa tanto como para ser tratada por Obama. Dice Santos que el Presidente norteamericano “entendía que hay unos requisitos legales, que somos un Estado de Derecho”. “Yo le prometí (a Chávez) que si la ley decía que este señor debía ser extraditado a Venezuela, yo lo extraditaría”, ha dicho también. Pues bien, la ley no dice que deba hacerlo a Caracas. La Corte Suprema lo ratificó: “Corresponde al Gobierno establecer el orden cuando hubiera varias demandas de extradición”. El asunto es político y no jurídico, señor Presidente, y está en su manos.

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