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Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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¡Aleluya!

 Zona franca | Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA | Publicado: agosto 29, 2012 

Por fin se abandona la Seguridad Democrática de Uribe, esa fastidiosa política que nos involucraba en el combate y persecución intensa contra los terroristas.
Colombia regresa a la política de "solución negociada" de Samper y Pastrana. Aunque suponga, una arremetida de los violentos...
Desde una esforzada Seguridad sin "Paz", parte Colombia hacia una alegre "Paz" sin seguridad (hablo de seguridad uribista y paz pastranista). Por fin se abandona la Seguridad Democrática de Uribe, esa fastidiosa política que nos involucraba en el combate y persecución intensa contra los terroristas. ¡Aleluya!
Colombia regresa a la política de "solución negociada" de Samper y Pastrana. Aunque suponga, ¡qué vaina!, una arremetida violenta de los "actores armados ilegales", gozaremos de un delicioso y 'camarografiado' "diálogo social y político para una salida negociada del conflicto". ¡Aleluya!
De una tenebrosa seguridad sin "acuerdos políticos" como la que ideó el maléfico Uribe, transbordaremos a la bienaventurada inseguridad con "mesas de diálogo" y visitas del Presidente a los altruistas "actores del conflicto". ¡Aleluya!
De una "cantaleta guerrerista" que inducía a las Fuerzas Armadas a estar vigilantes y activas, "avanzamos" hacia la "aplicación civilizada y progresista del cansancio de la guerra" proclamado por el comandante en jefe, Juan Santos. ¡Aleluya!
De 'nefandos' conceptos uribistas como "soldados y policías de la Patria", "cooperantes", "recompensas", "amenaza terrorista", "confianza inversionista", "cohesión social", que nos dieron seguridad pero nos quitaron "imagen internacional" ante oenegés, Chávez y medios de comunicación de la izquierda caviar, regresamos al lenguaje del 2002, "políticamente correcto" y de buen recibo en los "círculos bien" del mundo: "solución negociada", "causas objetivas", "actores armados", "guerreristas". ¡Aleluya!
De la vieja idea de que la paz es consecuencia de la seguridad y de que los agentes estatales tienen obligación de ejercer con firmeza la autoridad, hemos regresado al secuestro consentido (¿volverán a "reglamentar entre las partes" la edad o la condición de gestación en la mujer víctima?), voladura de torres, muerte de los trabajadores del sector minero-energético, asesinatos con bombas lapa. De predicar la cohesión social y dar la bienvenida a la inversión (local y extranjera), regresamos a hablar de "factores objetivos" causantes de la violencia y a obligar a los capitalistas a sentirse culpables de la violencia por su manida costumbre de querer ganar plata con el sudor del pobre. ¡Aleluya!
De perseguir a las Farc por narcotraficar, secuestrar, asesinar, desplazar, reclutar niños, violar mujeres y obligarlas a abortar, se regresa a las venias -como si fueran dignatarios de un "Estado embrionario"- en las reuniones que habrán de programarse con oenegés y embajadores que mirarán a nuestros funcionarios y empresarios con ojo acusador, "como al muchacho que armó un tierrero con sus metidas de pata en la administración de asuntos sociales". De discutir la agenda social con el pueblo en esforzados Consejos Comunitarios, se pasará a ventilar una "agenda política" con las Farc, porque, como anunció el ideólogo de la "solución política", Andrés Pastrana, "la acción del Estado se concentrará en las causas objetivas de la violencia: la pobreza y la inequitativa distribución del ingreso". ¡Aleluya!
Del fingido optimismo de la Seguridad Democrática que malbarató ocho años intentando que Colombia simulara tener alta autoestima como nación, volvimos al realista desborde de la criminalidad, definida por el inefable consejero Jaramillo y el 'ideólogo' del régimen, León Valencia, como "conflicto interno armado" o "guerra civil". Del pérfido espíritu de combate de las Fuerzas Armadas, regresamos a lo que certifica Serpa, otro ideólogo del gobierno Santos -cuyas ideas, empero, nunca merecieron el triunfo en las urnas-: "La paz nace del convencimiento de que nadie tiene la victoria militar (...). El conflicto no tiene vencedores a la vista". ¡Aleluya!

Twitter: @JOSEOBDULIO

Regímenes criminales

 Zona franca | Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA | Publicado: agosto 22, 2012 
Correa, como Stalin, decidió "no cuidarse de la reputación de cruel cuando le sea preciso imponer la obediencia y la fidelidad a sus súbditos".
En Ecuador, el gobernante protege a criminales. Y sigue los pasos de Stalin, secuestrando o desapareciendo opositores hoy, el asambleísta Fernando Balda.
Los fundadores del régimen soviético, Lenin, Trotski y Stalin, practicaron el crimen como "forma de lucha". Churchill -ya lo había mencionado en otra columna- captó el peligro de semejante trío; en 1918 dijo que era necesario capturar y ahorcar a Lenin y a Trotski, "expresiones de una nueva forma de barbarie política, ajena al derecho, a la costumbre, la diplomacia y el honor". Simon Sebag, en su libro La corte del zar rojo, cuenta, pruebas en mano, que Stalin atracó bancos en Tiflis para financiar el exilio de Lenin en Ginebra.
El presidente Rafael Correa es discípulo avezado de Stalin. Él llegó al poder de la mano de Chávez y de las Farc. Uno de sus ministros, un tal Larrea, se encargó de legalizar las acciones de la banda terrorista colombiana en Ecuador, de integrarla a la vida política, social y económica del país. Incluso, invitó a 'Reyes' a instalar en Ecuador su campamento, para orientar desde allí la Coordinadora Continental Bolivariana. Correa se enfureció cuando Colombia dio de baja a 'Reyes' y acusó al gobierno colombiano de violar la soberanía de Ecuador.
Correa, como Stalin, aconsejado por algunos textos de Maquiavelo, decidió "no cuidarse de la reputación de cruel cuando le sea preciso imponer la obediencia y la fidelidad a sus súbditos". Stalin se deshizo de su principal socio político, Trotski, a quien desterró de la Unión Soviética; luego ordenó su asesinato en México. Pagó un millón de dólares al fanático comunista hispano-cubano Ramón Mercader, quien viajó con falsa identidad y se infiltró pacientemente en la casa del fundador del Ejército Rojo. Cuando tuvo la primera oportunidad de hacer desaparecer a Trotski de entre los vivos, Mercader le clavó una piqueta de montañismo en la cabeza.
En Ecuador, el actual gobernante acoge y protege a criminales. Se ha rodeado, él mismo, de criminales, y, últimamente, parecería -según se desprende de un informe de la revista Semana- está dispuesto a seguir los pasos de Stalin, promoviendo el secuestro o la desaparición de uno de sus opositores más connotados, el asambleísta Fernando Balda. Las calles de Bogotá fueron testigo de que los regímenes del Socialismo del Siglo XXI no tendrán empacho en violar el territorio colombiano, si así se los dicta su interés.
Vargas Llosa, en La fiesta del Chivo, narra el secuestro en Nueva York de Jesús Galíndez, principal opositor del dictador Rafael Leónidas Trujillo, quien fue despachado en vuelo clandestino a República Dominicana. El propio tirano lo recibió, dirigió su tortura (le hizo comer un ejemplar del libro que denunciaba su barbarie) y luego lo arrojó vivo a los tiburones. Los secuestradores de Balda llegaron en vuelo comercial de Cali a Bogotá; se alojaron en hotel de lujo, compraron trajes negros, camisas y corbatas en conocidos almacenes y alquilaron una camioneta Toyota. Todo el tiempo los autores intelectuales iban monitoreando el asunto desde sus móviles. ¿Se creían amparados por la impunidad ecuatoriana? ¿Sentían estar en un operativo legal y no en un secuestro?
La banda secuestradora, que recibió fondos desde Ecuador, dejó sembradas las pruebas habidas y por haber sobre los partícipes en el crimen. Según Semana, hasta le anunciaron a la víctima: "Esto es de parte del presidente Correa". No contaron con que en Colombia todavía opera la solidaridad ciudadana: los secuestradores fueron perseguidos por taxistas bogotanos, quienes animaron a la policía a rendirlos y capturarlos. Ya los investigadores tienen todo el rollo dilucidado.
Correa brindó a su amigo y cómplice Assange los servicios del mejor abogado posible. Me temo que va a tener que contratarlo para defender también su régimen criminal ante la justicia penal internacional.
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Fernando Londoño y Álvaro Uribe

3 de julio de 2012 |Zona franca| Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA

Son los doctrinantes de la defensa del Estado y de la sociedad contra los terroristas. Su cuota de sacrificio personal es inconmensurable.
Uribe y Londoño son los doctrinantes de la defensa del Estado y de la sociedad contra los terroristas.
Infiel a la norma de que un columnista responsable debe dejar libres las horas anteriores a la entrega de su texto al periódico, por si la coyuntura exige cambios, programé para ayer un vuelo madrugador.
Estando en Eldorado vi en EL TIEMPO un titular humilde y autocrítico:
'Nos hemos equivocado y habrá rectificaciones.' Eran palabras de Santos. ¡Qué bueno!, me dije, va a corregir el rumbo, regresará a la plataforma política que lo eligió. ¡Nada! ¡Correcciones no hubo! Como la vaca en el pantano, Santos se puso a 'chapaliar' y más se atolló.
Por eso tuve que cambiar a las volandas la columna. Había que escribir sobre el reportaje. No sobre el conjunto (que harta tela tiene para cortar), sino, por lo menos, sobre un punto, el homenaje que haremos mañana a Fernando Londoño. Resulta que Santos califica el evento como "juego y eco al terrorismo".
Uribe y Londoño son los doctrinantes de la defensa del Estado y de la sociedad contra los terroristas. Su cuota de sacrificio personal es inconmensurable. ¿Cómo, entonces, dicho homenaje podría ser tal "juego y eco"? No vale la pena replicar tamaño desatino. Pero sí es obligatorio ilustrar sobre lo que será fundamental en el homenaje: el llamado a la unidad nacional, sin distingos de ideología, contra los terroristas.
Santos fue elegido para mantener el rumbo de la Seguridad Democrática, pero, al primer timonazo, hizo un viraje en U y hoy vemos, con asombro, que Colombia navega a toda vela hacia el abismo en que estábamos en el 2002. ¿Qué indujo a Santos a calificar el homenaje como un evento terrorista? Creo que es su quimera de negociación, que lo impulsa a maltratar a quienes expresen dudas o escepticismo sobre la conveniencia de discutir temas políticos con 'Timochenko'.
El Manifiesto de unidad contra los terroristas es simple, indiscutible. Recoge la experiencia española, país en donde la unidad de la democracia, fuese cual fuese su color, aisló y excluyó a los terroristas del escenario político. Veamos algunas de las declaraciones:
"Los terroristas son el enemigo común de todas las sociedades.
'Terrorista' no es palabra abstracta. Los terroristas son personas concretas, miembros de organizaciones con nombre propio, que ejercen la fuerza criminal para imponer sus ideas (...).
No puede llamarnos a engaño que los terroristas propongan los temas sociales (...) como "las causas objetivas" que los obliga a ejercer la violencia. Los terroristas no son un síntoma de los males de la sociedad, son el mal en sí (...), no existen como consecuencia de que la sociedad tenga problemas, ellos son el principal problema de la sociedad (...).
Los terroristas no son de izquierda ni de derecha, ni obran por "propósitos altruistas". Sus ideas no son un programa político; son una despreciable excusa para justificar asesinatos, secuestros, tráfico de drogas y destrucción de bienes de la comunidad.
(...) Predicar una política de apaciguamiento (...) es evadir las obligaciones constitucionales que ordenan al Estado ejercer con firmeza el monopolio de la fuerza.
Los terroristas son delincuentes; no delincuentes políticos. El verdadero marco jurídico para la paz es el respeto de la Constitución.
(...) Por haber cometido crímenes, se autoexcluyeron del derecho a ser elegidos (...). Las décadas de "lucha" que reclaman (...) como "un patrimonio político que no se puede perder" son, al contrario, un pasivo, un agravante en su prontuario criminal.
Colombia ni quiere ni debe discutir con los terroristas un programa de reivindicaciones sociales. Con ellos no puede haber diálogo político, sino acuerdos de desmovilización (...).
Esa es la doctrina que Santos ha calificado como "juego y eco a los terroristas".
Publicado: Julio 4, 2012

Twitter: @JOSEOBDULIO

#ConstituyenteYa

26 de junio de 2012 |Zona franca| Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA

Hoy miércoles, el Ejecutivo y el Congreso, de consuno, suplantarán a la Corte para tumbar un acto legislativo ya aprobado legítimamente.
Santos le ha pedido al Congreso que den entrambos un golpe de Estado a la Corte Constitucional.
Hoy, miércoles 27 de junio, el gobierno de la U (Unasur chavista) consumará un delito de lesa Constitución. Y el régimen, a la manera de Goebbels, se empeñará en que todo se vea al revés. Querrán que Santos, el transgresor, aparezca como "padre y defensor de la Constitución".
Dudo de que lo logren. A los Goebbels nunca les tocó lidiar contra el Twitter.
Santos le ha pedido al Congreso que den entrambos un golpe de Estado a la Corte Constitucional.
Según cierta jerarquía de normas aprobadas por el Congreso, hay un tratamiento distinto para establecer su inconstitucionalidad. 1) Es función de la Corte Constitucional "decidir sobre la constitucionalidad de los proyectos de ley que hayan sido objetados por el Gobierno como inconstitucionales". 2) La Corte debe "decidir sobre las demandas de inconstitucionalidad que promuevan los ciudadanos contra los actos reformatorios de la Constitución".
Subrayemos: 1) proyectos de ley objetados por el Gobierno; 2) reformas constitucionales demandadas por ciudadanos.
Santos ha propuesto al Congreso pasarse por la galleta a la Corte Constitucional; que el Ejecutivo y el Legislativo se arroguen la facultad de decidir si una reforma constitucional aprobada en ocho debates es exequible o inexequible. Mejor dicho, que simulen que la reforma de la justicia es una ley ordinaria. El presidente del Congreso ya mandó a decir que sí, que no hay problema. Los parlamentarios no son rencorosos; después de que Santos los llamó chanchulleros y tramposos, van a concurrir a sesiones extras ilegales y se comportarán como sus 'sacamicas' para que no los vuelva a llamar saca micos.
Hoy miércoles, el Ejecutivo y el Congreso, de consuno, suplantarán a la Corte para tumbar un acto legislativo ya aprobado legítimamente.
A pesar de aparentar lo contrario, Santos estará feliz con el Congreso. ¡Esos sí son amigos! Juntos matarán a la criatura legislativa en el propio vientre congresional (harán una sadomasoquista combinación de aborto con haraquiri).
A Santos le redactaron un proyecto de sentencia de inexequibilidad e inconveniencia del bodrio conocido como reforma de la justicia y él lo presentó en el Congreso como "objeción de inconstitucionalidad". Es decir, Santos hizo las veces de demandante de inconstitucionalidad, y el Congreso hará hoy las veces de Corte. "Sentenciará" que sí, que el Gobierno tiene razón. Y ¡parte sin novedad!
¡Qué fiasco la reforma de la justicia! ¡Qué fiasco Santos y Vargas Lleras, sus promotores! ¡Qué fiasco los magistrados aferrados a prebendas! ¡Qué fiasco los parlamentarios que no saben lo que aprueban, o que, sabiéndolo, no son capaces de defender sus decisiones!
Todavía resuenan los ecos del inicial coro de aduladores de Santos.
¡Él sí tiene genuino respeto por los principios del Estado de derecho!
¡Santos sí respeta a las cortes!, decían. Estaban confundiendo contubernio con respeto. Ya todo el mundo quedó notificado de que a Gobierno y cortes les importa un comino una justicia pronta y cumplida. Las únicas sentencias que valoran son encuestas y sinecuras.
Como un niño caprichoso y veleidoso con un juguete, el Gobierno celebró jubiloso la aprobación cuasi unánime de la reforma y al día siguiente la tiró a la basura.
Santos es 'listo'. Les quitó la materia prima a los del referendo revocatorio. No habrá nada que revocar. En materia de legislación sobre justicia pasaron dos años y estamos peor que antes. Pero, como la reforma sí es necesaria, porque hoy somos como una sociedad primitiva, en la que rige la ley del más fuerte, la única vía que nos queda a los colombianos para recuperar el derecho a una justicia pronta y cumplida será #ConstituyenteYa.
Publicado: Junio 27, 2012

Twitter: @JOSEOBDULIO

¿Los senadores 'Timo', 'Báez' y 'Gabino'?

5 de junio de 2012 |Zona franca| Por: José Obdulio Gaviria

Cuando la Seguridad Democrática estaba a punto de derrotar al terrorismo, llegaron los Buchanan redivivos a reinstaurar el derrotismo como política oficial del Estado.
La cobardía fundaba sus esperanzas en comprar la paz con una moneda espuria: la vigencia de la esclavitud.
Al triunfar Lincoln, el Sur anunció que se separaría de la Unión. En el Norte, entonces, comenzó a perfilarse una poderosa facción apaciguacionista, derrotista, leal sólo a sus propios intereses personales. Los grandes periódicos norteños le pidieron al partido de Lincoln, el republicano, que abandonara su programa con tal de evitar la guerra. Propusieron ceder en el propósito de abolir la esclavitud y firmar un acuerdo, una especie de "Marco Jurídico para la paz y el sostenimiento de la Unión". La cobardía fundaba sus esperanzas en comprar la paz con una moneda espuria: la vigencia de la esclavitud.
Buchanan, presidente saliente, se lavó las manos. Su discurso "neutral" fue complaciente con los rebeldes (los esclavistas). Hizo esta lectura desleal -traidora- de la Constitución: "Ningún Estado tiene derecho a separarse, pero, igualmente, el gobierno federal carece de poder para impedirlo". Hagan de cuenta el moderno lema colombiano de que el terrorismo es imbatible; que aunque nunca triunfará, el Estado tampoco lo derrotará; que las guerras 'insurgentes' solo finalizan si los Estados claudican.
Tal lenguaje de Buchanan, presidente en ejercicio, aupó la rebelión y puso a las potencias europeas a pensar que la división era un hecho irreversible. Rápidamente reconocieron a la fuerza insurgente y acreditaron embajadores ante el otro "Estado embrionario", la Confederación.
Lincoln era realista pero no cobarde. Mantuvo su lealtad con los principios, aunque sabía que sostenerlos costaría sangre, sudor y lágrimas. Consideró posible cualquier alternativa, menos la de ceder en esos principios para cuya defensa había sido elegido. No se obnubiló con la idea de atraer al enemigo ni hacerse querer y elogiar por él. Como se proponía obtener una paz perpetua, no oyó los cantos de sirena de contentarse con una paz aparente y efímera.
Lincoln era un moderado, pero sabía que había ciertos experimentos, concesiones al enemigo, despejes y soluciones negociadas, que no podían repetirse. Él nunca tomó la iniciativa de declarar la guerra; pero no rehuyó sus responsabilidades cuando el enemigo la declaró.
Iniciadas las hostilidades se abocó a obtener el triunfo. Siempre mantuvo un discurso leal a las tropas gubernamentales; nunca aceptó que se descalificara la justicia de su causa ni que se adulara al enemigo con la tesis de que sus motivaciones eran justas o altruistas.
¿Eso quieren?, ripostó a una comisión de "norteamericanos y norteamericanas por la paz" que lo visitó: díganle al enemigo que tienen la paz a la mano, basta que se rindan. Serán tratados con la dignidad y respeto que merecen siempre los vencidos.
La suerte de los norteamericanos fue que al ingenuo y/o pusilánime Buchanan lo sucediera el inteligente, enérgico, tenaz y leal Lincoln.
Colombia ha tenido una suerte contraria. Cuando la Seguridad Democrática estaba a punto de derrotar al terrorismo (cáncer equivalente al esclavismo del siglo XIX), llegaron los Buchanan redivivos a reinstaurar el derrotismo como política oficial del Estado colombiano.
Un panfleto caricaturesco (apócrifo) relativo al presunto apoyo de las Farc al "Marco jurídico para la paz" desnudó al régimen derrotista. Un hacker medio analfabeto puso a bailar en una pata al presidente Santos, quien exclamó públicamente: "Damos la bienvenida a esa actitud". Y un senador que funge como vocero de "la paz a cualquier precio", ahí mismo invitó a 'Timochenko' a hacerse elegir para el próximo Congreso. ¡Caramba! Cuándo se convencerán de que 'Timo', 'Báez' (su gemelo de las Auc) o 'Gabino' (del Eln) ni son imbatibles ni podrán ser actores de la democracia colombiana. Sus crímenes, ¡qué podemos hacer!, los excluyen irremisiblemente.
Publicado: Junio 06, 2012
Twitter: @JOSEOBDULIO

Una cuchilla de afeitar

29 de mayo de 2012 |Zona franca| Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA
Hugo Chávez Frías, en compañía de Juan Manuel Santos | Juan Barreto - EL NACIONAL
Como la política tiene una lógica implacable, quien cohabita con Chávez terminará indefectiblemente enredado con las Farc.
Para mantener la amistad con el compadre Chávez hay que hacerle caricias a su ahijada Farc.
El 'santo-holguinismo' supone que para tener buenas relaciones con Venezuela hay que hacer mutis por el foro frente a su régimen criminal. El 'santo-holguinismo' quiere cambiar nuestro escudo: al cóndor que mira de frente y tiene las alas extendidas y una corona de laurel en el pico lo remplazará un avestruz con su rabo parado y la cabeza enterrada en la arena. Y en lugar de Libertad y Orden quieren que aparezca Resignación y Silencio.
Circula una bella edición colombiana de la Rebelión de la granja (Remasterizados-Booket), obra en la que el genio de George Orwell desmenuza las mentiras, los crímenes, el culto a la personalidad y las falsas realizaciones del régimen estalinista.
La Rebelión de la granja fue escrita en 1943, en plena guerra mundial. Inglaterra (Orwell era inglés) combatía, aliada al régimen comunista de la Unión Soviética, contra la Alemania nazi. Era de suponer que, en la meca de la libertad de pensamiento, la alianza con Stalin no afectaría para nada el libre examen. No fue así. Orwell denunció en una columna de prensa (1944) que "el servilismo de los llamados intelectuales hacia Rusia" estaba silenciando cualquier denuncia sobre sus crímenes. Indignado, Orwell envió este aviso a los periodistas ingleses de izquierda y a los intelectuales en general: "No vayan a creerse que por años y años pueden estar haciendo de serviles propagandistas del régimen soviético o de otro cualquiera y después pueden volver repentinamente a la honestidad intelectual. Eso es prostitución y nada más que prostitución".
El libro de Orwell casi no se pudo publicar porque no era conveniente 'molestar' al aliado con semejantes verdades. Igual piensa el 'santo-holguinismo'. Ellos se rasgan las vestiduras ante cualquier denuncia de la cooperación del régimen chavista con el terrorismo de las Farc. Eso, dicen, pone en peligro la relación de amistad colombo-venezolana. ¿Sí ven? Igual que la izquierda inglesa en los 40, que quiso imponer el silencio a los escritores y periodistas para "evitar poner en peligro la amistad anglo-rusa".
Pero el 'santo-holguinismo' da saltos cualitativos. Del silencio ante los desmanes pasó, primero, a la adulación servil ("nuevo mejor amigo") y, luego, a la exaltación descarada (el chavismo "es elemento de estabilidad en la región"). Pero, como la política tiene una lógica implacable, quien cohabita con Chávez terminará indefectiblemente enredado con las Farc. Y eso es lo que le está ocurriendo al régimen 'santo-holguinista'.
El atentado terrorista contra Fernando Londoño develó la compleja trama. Para mantener la amistad con el compadre Chávez hay que hacerle caricias a su ahijada Farc. Primero se declaró que las Farc eran de buena familia; se les retiró el insultante apodo 'terrorista' y se las bautizó con el aristocrático apellido 'Insurgente'. Después se proclamó que la mayor ansia de los colombianos es que el secretariado se convierta en bancada parlamentaria y que los comandantes de los frentes sean secretarios de gobierno.
Luego se procedió a declarar enemigos de la patria a los enemigos de Chávez y, por ende, a los enemigos de las Farc. Esa es la explicación de por qué Gobierno y revista Semana cierran filas para defender el buen nombre de las Farc contra los insolentes que las sindican de querer matar al periodista Fernando Londoño. Y por eso "toman como hipótesis de trabajo" seria la afirmación chavista de que no hubo atentado sino una piñata que hizo explotar el expresidente Uribe. ¡Ah!, y que no hubo esquirla que atravesara el pulmón de Londoño, sino que él, masoquista, se autoenterró una cuchilla de afeitar.
Nota. El 'Sinchi' es personaje de Pantaleón y las visitadoras, no de La tía Julia.
Twitter: @JOSEOBDULIO
Publicado: Mayo 30, 2012

'Sinchi' y tartufo

22 de mayo de 2012 |Zona Franca| Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA
'Sinchi' y sus amigos incrustados en los medios pensaban que todo el mundo se arredraría con sus 'investigaciones'
La banda de 'Sinchi' ha intentado entrar por los cuatro costados en la vida de Álvaro Uribe; y como nada ha encontrado, optó por la calumnia.
  No muchos hombres han logrado introducir, con sus acciones o sus omisiones, una palabra nueva en el diccionario. Cantinflas, el cómico mexicano, por ejemplo, ya trasciende en la historia porque los académicos de la lengua aceptaron llamar "cantinflear" a la acción de "hablar (o actuar) de forma disparatada e incongruente y sin decir nada". Molière, dramaturgo francés, es uno de los pocos privilegiados que ha logrado "grabar en piedra" (para utilizar un giro muy en boga en Colombia) una palabra de su creación. Se trata del adjetivo y sustantivo tartufo, que quiere decir hombre hipócrita y falso.
Molière escribió su obra El Tartufo, o el impostor, en 1664 y ya en 1694 el diccionario francés LITRE incorporó esa acepción, como persona que finge o simula una devoción y una virtud profunda con intención de engañar y sacar provecho de los demás. Son características de un tartufo, la hipocresía, la ladina beatería, la torpeza, la mediocridad y la excesiva codicia.
'Sinchi', el personaje real, encarnado en la radio colombiana y que es idéntico al de ficción creado por Mario Vargas Llosa en La tía Julia y el escribidor, en asuntos éticos parece hermano gemelo de Tartufo.
'Sinchi' y sus amigos incrustados en los medios de comunicación pensaban que todo el mundo se arredraría con sus "investigaciones" periodísticas. Que bastaba que alguien supiera que le estaban averiguando -aunque fuera superficialmente- su vida, para que de inmediato tirara la toalla y se convirtiera en mansa ovejita dispuesta a actuar como su esclavo. Ese es el origen de muchos contratos millonarios, propiedad de emisoras y sinecuras familiares obtenidas por unos pocos periodistas capitalinos.
La banda de 'Sinchi' ha intentado entrar por los cuatro costados en la vida de Álvaro Uribe; ha escudriñado hasta sus suspiros y como nada ha encontrado (ni podía encontrar) distinto a trabajo, honradez y convicciones, optó por la calumnia. 'Sinchi' y su banda de "colombianos por la paz" dedicaron ocho meses a preparar con Salvatore Mancuso, el exjefe extraditado de los paramilitares, la versión de una inexistente e imposible reunión entre él (Mancuso) y el expresidente.
A nadie pudieron engañar.
Lo que pocos se habían preguntado es qué pasaría si se les daba de su propia medicina, es decir, si se inquiría por la vida de 'Sinchi' y su banda. Una somera revisión de los datos autobiográficos de uno de esos periodistas que pontifican sobre la decencia arrojó datos como que mentía hasta en la forma de escritura de su apellido, falseaba sus orígenes para ejercer el arribismo social y se hacía pasar por judío de origen yugoeslavo para facilitar el acceso a negocios con sus nuevos "hermanos" de religión. Se supo que el capital inicial de su empresa periodística era 'perafánico', 'villegalifrágilis' y 'cuestialidoso'. Ahí va un tartufo.
Como nadie ha hurgado en la vida de 'Sinchi' por temor a su micrófono viperino, poco se sabe de sus andanzas comerciales y sus amistades peligrosas. En los años ochenta, en Medellín, 'Sinchi' llevó a la junta del periódico que dirigía al contador y abogado de la mafia.
Indignados, varios socios prefirieron perder su inversión a tener que compartir directorio con un calanchín del cartel de Medellín. El pleito se dirimió con la lógica mafiosa: el personaje se hizo humo.
Varios meses después se supo que sus 'clientes' lo habían llamado a rendir cuentas y a cobrarle deudas. Cambiaron los kilos de oro que les quedaba a deber por gramos de plomo en la cabeza. Por una vez, 'Sinchi' fue leal: insertó nota laudatoria y sentido pésame para la familia de su amigo delincuente... Y se fue para Bogotá. Ahí va otro tartufo.
Miami, mayo de 2012
Twitter: @JOSEOBDULIO
Publicado: Mayo 23, 2012

¡Uribe!, ¡dedíquese a oír misas!

1 de mayo de 2012 | OPINIÓN | Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA
Ya verá Santos si es importante o no atender lo que piensan Uribe y sus 9 millones de electores, que creyeron que él era la continuidad de Uribe.
OK, presidente Santos; no le preste atención a Uribe. Más fácil hará la tarea de su contendor para derrotarlo en el 2014.
Corría el año 1555. Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, quería el descanso; estaba agotado. No eran épocas en que el liderazgo se definiera, como hoy, por ideologías o con la defensa de una plataforma de gobierno.
El relevo era dinástico. No hubo, por tanto, necesidad de hacer campaña electoral para reclamar del pueblo la renovación del mandato programático, sino que Carlos V, omnímodamente, designó a sus sucesores: Felipe para España; Fernando para el imperio Habsburgo. Y ¡a descansar se dijo!
Carlos fue llevado en silleta a un monasterio (Yuste) en la España profunda y allí se recluyó como un cartujo. Después de que había ostentado el poder absoluto, se fue a oír misas, contemplar los paisajes, leer textos devotos, armar y desbaratar relojes, y a comer, comer y comer.
Por lo que dijo hace poco el presidente Santos a El País de España, se deduce que él cree que los líderes de hoy debieran tener la misma angustia vital de los jefes dinásticos de hace 500 años: tener un hijo que lo suceda.
Parece que para él lo importante fuera el nombre del sucesor, aunque piense diametralmente diferente, y no lo que ese sucesor se proponga realizar. Parecería que Santos cree que a él se lo escogió para garantizar la continuidad de los privilegios y canonjías de la dinastía, no para continuar una tarea al servicio de la patria, como la que Uribe venía moldeando sin importar sacrificios.
Dijo Santos que no ha podido entender la postura de Uribe. "Se ha vuelto un crítico de lo humano y de lo divino -dice-, a quien nada de lo que hace el gobierno Santos le parece bien." Hasta ahí, habló Santos como comentarista; luego entró a hacer filosofía política: "Me decía un amigo suyo (de Uribe) que lo que pasa es que todavía no ha asimilado que dejó el poder". Y sentencia, infatuado y soberbio: "Pues para bien de él y para bien mío y del país espero que lo asimile pronto". Después burea con que "yo ya estoy vacunado; al principio todo esto me afectaba, pero después de treinta twitters diarios me he vuelto inmune; le presto poca atención; hay cosas más importantes que atender".
Pues ya verá Santos si es importante o no atender lo que piensan Uribe y sus 9 millones de electores, que creyeron poder poner en sus manos la continuidad de una obra de gobierno.
No es un misterio que, para engañar a los votantes, el equipo de publicistas de Santos hizo que un actor, que imitaba a la perfección la voz de Uribe, asegurara que sí, que él no sería un traidor (como insistentemente dictaminaban, felices, Daniel Coronel y Felipe Zuleta), sino un epígono leal del constructor de la política de la Seguridad Democrática.
Recordemos que en marzo del 2010 nadie creía que Santos fuera el líder del uribismo. ¿Pruebas? La campaña Santos, liderada por enemigos de Uribe, creyó que podía triunfar saliéndose de la línea uribista. Lo ensayaron y en un santiamén Santos se puso por debajo de Mockus en las encuestas. Recuerdo la cantinela del sanedrín de Santos: ¡es que Uribe es Uribe y Santos es Santos! Y recuerdo lo que les respondieron: ¡Santos es nadie! ¡Si no regresan inmediatamente al uribismo, están perdidos!
OK, presidente Santos; no le preste atención a Uribe. Más fácil hará la tarea de su contendor para derrotarlo en el 2014. Hay evidencia estadística de que la entrada en barrena de su imagen es directamente proporcional al hecho de que Uribe lo declaró ya enemigo número uno de sus tesis, de su plataforma y de su programa. ¡Ah! Y creo que pierde el tiempo aconsejándole que se jubile prematuramente. Él a quien menos se parece es a Carlos V. Antes, hoy y siempre, ha tenido por lema: ¡trabajar, trabajar y trabajar!
FUENTE: EL TIEMPO – Bogotá - Colombia - Fecha: Mayo 2, 2012

La marcha patriótica y el eterno retorno


18 de abril de 2012 | Zona Franca | Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA
¿Será infiltrada la "marcha patriótica"?
Santos ha vuelto a poner en el escenario las mismas ideas y los mismos personajes que nos arruinaron.
Desde el 2002, Uribe enfrentó a los enemigos y acabó con el embeleco de que había que esperar la paz por vía de una "solución negociada" con el enemigo.
Los vuelos retrasados suelen hacernos emprender lecturas impertinentes. Comienza uno por hojear el libro que tiene entre manos; pero, como no hay forma de concentrarse, pasa a ojear los periódicos.

En esas estaba el pasado domingo cuando, oh sorpresa, encontré en El Espectador esta frase: "Hace 10 años éramos casi un Estado fallido, al borde de la suspensión de pagos". Me impactó que quien lo confesaba era Juan Manuel Santos. Es que él, hace 10 años, era el ministro de Hacienda.

La mente es juguetona. El ocio aeroportuario me puso a especular con esa frase de Santos. La asocié con Borges y sus disquisiciones sobre el "eterno retorno", el "tiempo circular": "(...) el universo tiene que repetirse. De nuevo nacerás de un vientre, de nuevo crecerá tu esqueleto, de nuevo arribará esta misma página a tus manos iguales, de nuevo cursarás todas las horas hasta la de tu muerte increíble".

En el 2002, la Providencia quiso que Colombia pudiera rectificar, corregir el rumbo trazado por gobiernos anteriores. Desde el 2002, Uribe enfrentó a los enemigos internos y externos de la sociedad y del Estado y acabó con el embeleco de que había que esperar la paz por vía de una "solución negociada" con el enemigo, cosa que nos había convertido en una sociedad sin seguridad, totalmente anarquizada. Uribe fue el primero, en décadas, que aceptó con hombría el mandato constitucional de ejercer con firmeza la autoridad estatal.

Una columna periodística no es el espacio para hacer el resumen histórico de lo que la presidencia de Uribe supuso para Colombia.
Sinteticémoslo, simplemente, con dos conceptos muy autorizados sobre "el antes" y "el después". El antes: en el 2002, la revista Foreign Policy nos incluyó, al lado de Haití, entre doce Estados fallidos del mundo.

¡Claro! ¡Cómo no, si los gobiernos se negaban a enfrentar al terrorismo porque estaban "a un cacho" de negociar con ellos!
El después: en el 2010, el presidente del HSBC reconoció los efectos de practicar una política antagónica a la de "solución negociada". Dijo que Colombia encabezaba los CIVETS (con Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Sudáfrica), los países con mejor proyección después de los BRIC.

Por qué si Santos había vivido como ministro el efecto de plegarse a la consigna de la "solución negociada" de las Farc (él fue quien tuvo que entregar a Uribe ese Estado fallido y al borde de la cesación de pagos), por qué, pregunto, se le ocurrió regresar a las ideas y las prácticas que en el 2002 nos tenían arruinados.

¡Ah! ¡El tiempo circular! Santos ha vuelto a poner en el escenario las mismas ideas y los mismos personajes que nos arruinaron. Él cree justo concederles a los terroristas, por la sola promesa (falsa) de que abandonarán las armas, las reivindicaciones (absurdas) que ellos nunca pudieron alcanzar con las armas.

¡Ah! ¡El eterno retorno! Santos, como Pastrana y antecesores, vibra por que las Farc sean otra vez protagonistas de la política (eso, cree, legitimará sus negociaciones de paz). Raro que no recuerde la clase de bestia que está metiendo en la casa. Desde el 21 de abril, hasta finalizar el mandato, en el 2014, las Farc le van a hacer la vida imposible. Un alto funcionario me hizo conocer un correo cruzado entre 'Iván Márquez' y 'Cano'. Se lee allí que acordaron crear un gran movimiento de masas para aprovechar el "espacio político que le ha abierto Santos". Lo bautizaron 'Marcha Patriótica'. Su intención es arrebatarle protagonismo en temas como tierras y víctimas, y en el 2014, dicen confiados, serán un gobierno más del Alba, donde están sus "verdaderos y viejos mejores amigos". Amigos siempre dispuestos a desestabilizar al gobierno de Colombia, sea Uribe o Santos quien lo presida.

Lineamientos para una paz negociada (II)

10 de abril de 2012 | Zona Franca | Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA
'Debemos darle al guerrillero un tratamiento privilegiado como delincuente político, como combatiente y como rebelde'.
Roy Barreras emprendió jubiloso la vocería de 'La unión hace la fuerza' -ver artículo del 4/4/12- y, como por ensalmo, sus acciones políticas se valorizaron:
Lo recibieron en Palacio día por medio; le asignaron (casi como fideicomisario) varias entidades públicas; y a su sede llegaron prosélitos que querían ser 'clientes' del nuevo rey Midas de la burocracia y la contratación.

-Reúnase con los que escribieron los "lineamientos para el proceso de paz y la justicia postconflicto" -le ordenó el consejero presidencial- y háganlo fuera de Palacio para que evitemos suspicacias. El proyecto de acto legislativo va a aparecer como iniciativa suya, pero Gobierno y oenegés saldremos a respaldarlo.

Al día siguiente, Barreras estaba en las suntuosas oficinas de una oenegé donde dos conocidos intelectuales lo esperaban sonrientes.

-Senador -dijo el que parecía el líder-, el presidente Santos quiere construir verdaderas bases para la paz, que comienza por reconocer a las Farc su lucha por una reforma agraria, por la reparación de las víctimas del genocidio de la UP y contra la injusta distribución de la riqueza... La insensibilidad de las élites ha impedido realizar unas aspiraciones tan justas. Santos no duda en declararse traidor a esas élites y espera que la guerrilla así lo entienda.

Barreras hizo un gesto de asentimiento y esperó más datos.

-Colombia -continuó el intelectual- tiene una larga tradición de tratamiento privilegiado al delincuente político y de negociaciones de paz. Hay que tenderles generosamente la mano a unas guerrillas desviadas pero altruistas. Recomendaremos al Presidente que el Estado reconozca -junto a la responsabilidad de los actores armados no estatales- la responsabilidad parcial histórica del Estado y sus agentes comprometidos en crímenes de guerra. Esa es una condición sine qua non para la paz con las Farc. Santos quiere pedir perdón por los crímenes que ha cometido el Estado en la lucha contra la insurgencia, como ya lo hizo con las de El Salado.

Barreras miraba con ojos desorbitados.

-¿Y los crímenes atroces?, ¿qué hacemos con ellos? -preguntó.

-Hay que ser audaces. Es una insensatez argüir, como hacían los áulicos y los intelectuales más orgánicos de Uribe, que los guerrilleros no son rebeldes sino terroristas y que el delito político es una figura perversa por cuanto incentiva la violencia. Debemos darle al guerrillero un tratamiento privilegiado como delincuente político, como combatiente y como rebelde. Y no podemos tenerles miedo a amnistías e indultos; y en general, a las salidas políticas negociadas a la guerra. Hay que derogar las normas que imponen la muerte política a los comandantes por haber cometido delitos graves en el marco de la confrontación armada.

-Esas reformas no pasarán en el Congreso -se atrevió a revirar Barreras.

- ¡Pasan! Santos tiene los votos. Olvídese, senador, de la inguandia de "tolerancia cero hacia la impunidad de los crímenes atroces". Recuperemos el balance entre memoria y olvido; y entre castigo y clemencia. Recuperemos la capacidad regulatoria del delito político.

-Pero... -intentó ripostar Barreras.

-Nada de peros, senador. Los líderes de la insurgencia prefieren morir antes que aceptar un simple sometimiento y privación de la libertad o que se les iguale penalmente con los paramilitares.
Convénzase usted y convenza a sus colegas de que no hay transacción posible entre las exigencias de impunidad de los jefes guerrilleros y las demandas de verdad, justicia y reparación del derecho contemporáneo. Y recuerde que aquí lo que tenemos que sopesar es un valor fundamental, la paz, frente a valores menores.
Y, efectivamente, ahí, mal que bien, Roy ha ido haciendo la tarea.