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Dic 10 de 1948
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El 'Pitirri' tiene una historia escabrosa a sus espaldas

Fernando Londoño Hoyos

El 'Pitirri' tiene una historia escabrosa a sus espaldas. Es cínico, mentiroso, capaz de cualquier cosa y reconocido delincuente
Resultaron proféticas las palabras del título, porque su lógica interior es implacable. Para toda víctima hubo un 'Pitirri', como no podía ser de otra manera. Dedicados como estamos al estudio de las dos grandes tragedias de nuestra época, la llamada 'parapolítica' y los supuestos crímenes de los militares, nos encontramos con la mayor de las sorpresas.
Y es que el personaje central, en ambos casos, no era el que impartía justicia, ni el que la recibía, ni el asunto capital era el delito perseguido, ni el entorno social en que se hubiese cometido, ni su impacto, ni el impacto de las sentencias condenatorias, o del proceso mismo. A no mucho andar, descubrimos que en el centro de la escena hacía invariable aparición un monstruo que la cubría entera y relegaba a un segundo plano todo lo demás. Era el 'Pitirri'.
El 'Pitirri' tiene una historia escabrosa a sus espaldas. Es cínico, mentiroso, fabulador, ambicioso, capaz de cualquier cosa y reconocido delincuente. No vacilaría a la hora de matar a alguien.
El original, cuyo nombre de andanzas lo participa a los demás, vive nada menos que en Canadá, acompañado por 45 miembros de su familia. Todos a costa del contribuyente colombiano, sin que el contribuyente se inmute.

Hay otro que se llama David Hernández López y con sus dichos tiene o ha tenido tras las rejas de una prisión, como a una decena de políticos colombianos. Lo mismo que al modelo, no le consta nada de lo que dice. Sus jefes supuestos no lo conocieron. Miente despiadadamente y no se ruboriza con sus contradicciones. Es drogadicto desde adolescente y no dice una verdad ni sobre sus generales de ley. Se dice salido del Batallón Guardia Presidencial, y nunca ingresó a esa institución. Estudiante de una universidad en la que jamás se matriculó. Miembro de grupos ilegales en los que no participó.
Pero de cada acusado dice lo que le enseñaron a decir, en un libreto que se aprende a medias y recita sin seguridad. Por eso vacila y se contradice sin enfrentar siquiera el primer interrogatorio de la defensa. Porque no sabe nada, o sabe muy poco y eso lo sabe mal sabido. Como su compañero de andanzas, ya está fuera del país. Por supuesto, con su familia. No sabemos cuántos parientes completan el elenco de este otro sainete. Lo del exterior, se dice, es para protegerlo. Otra falacia. Es para esconderlo de los abogados defensores. Porque no sabrá sostener su inventada historieta. Hay que alejarlo de la impertinencia de las preguntas.
Dos ex presidentes del Senado, nacidos en el Tolima, tienen sus 'pitirris'. Es una confabulación criminal, nacida en una cárcel, un buen lugar para aclimatarla. Dicen muy poco. Apenas que vieron a los procesados con un supuesto jefe suyo, en lugar y tiempo que se inventan y por lo mismo, nunca sostienen con precisión. Pero eso basta. En la 'parapolítica' sobra con descubrir una conversación o suponerla. Mauricio Pimiento, Rubén Darío Quintero, varios otros compañeros de infortunio han pasado por la misma vía dolorosa. Sin que nadie los oiga. Sin que nadie se compadezca de su tragedia. Y sin que nadie llore la tragedia nacional que en la suya va envuelta.
La historia de los militares es igual, o peor. La del coronel Plazas, la del coronel Mejía Gutiérrez, la de los acusados por los arcángeles de Soacha. Y decenas más. A veces los 'pitirris' se sublevan en plena audiencia y reclaman sus beneficios. Es decir, su paga. Nadie se inmuta. En cualquier otro país del mundo, protestarían hasta las piedras. Aquí, habituados al sicariato moral, a lo sumo nos alegramos con no formar parte de esa lista de infelices. Hasta que como en el drama conocido, vengan también por cada uno de nosotros. Pero ese día, ya se sabe, será demasiado tarde, siquiera para el consuelo de la indignación.

Fernando Londoño Hoyos



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