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Dic 10 de 1948
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¿Juntos y revueltos?

María Isabel Rueda

Una alianza entre Mockus y Fajardo no era sólo posible, sino inevitable. Era de esperarse que más temprano que tarde, se sentaran a conversar
Era de esperarse que más temprano que tarde, Antanas Mockus y Sergio Fajardo se sentaran a conversar.
Las razones que hacían esa alianza no sólo posible sino hasta inevitable son dos. La primera es que ambos representan lo mismo. Y ha llegado la hora de unirse, después de lo ocurrido en las elecciones parlamentarias, que marcaron para Fajardo el inicio de un proceso de languidez y para Mockus uno de crecimiento, al quedar ubicado de la noche a la mañana de número tres en el partidor.
La segunda razón es el factor dinero. La ley de garantías electorales determina que a cada candidato presidencial se le giran como anticipo 7.000 millones de pesos, y lo respalda su respectivo partido con el dinero que entra como reposición, proporcional a los votos obtenidos en las parlamentarias.Como Fajardo no alcanzó el umbral, le toca garantizar de su propio bolsillo los 7.000 millones que le darían de anticipo, o conseguirse algún banco o industrial paisa que lo haga por él, lo cual francamente no veo posible. Y un candidato sin plata para hacer campaña sólo tiene un camino: retirarse.
Petro tiene todo derecho de acceder a sus 7.000 mil millones, aunque su partido trae una difícil situación financiera que le tocó heredar: el Polo, producto de muy malas administraciones y de la forma como lo han ordeñado sus figuras, debe mucha plata. Pero no creo que el Gobierno se meta en el lío de negarle al único candidato de izquierda su anticipo, así le falte una garantía seria de que lo va a devolver.
¿Qué posibilidades hay de que se armen otras alianzas semejantes a la de Mockus y Fajardo antes de la primera vuelta? Francamente no las veo. Entre Rafael Pardo y Germán Vargas ha habido coqueteos, pero esa es, hoy por hoy, una unión imposible. Vargas tendría que entregar su candidatura a cambio de su tiquete de regreso al Partido Liberal. Y no tiene ninguna razón para hacer eso, si en las encuestas aparece doblando al candidato oficial del liberalismo. Por su parte, Pardo tampoco siente ninguna obligación de hacer lo propio, pues aunque está pasando por un mal momento en las encuestas, el liberalismo logró conservar sus 18 senadores, con una votación cercana al 1'800.000 votos.
La pregunta sigue siendo quién irá a la competencia contra Juan Manuel Santos en segunda vuelta. Noemí le lleva una ventaja de cerca de ocho puntos a Mockus y a Vargas. La verdad es que para que se crucen los caminos de estos tres candidatos no se necesita sino que Noemí baje cuatro puntos y Mockus o Vargas suban otros cuatro. No suena tan difícil...
Y mientras la alianza Mockus-Fajardo sólo puede sumar, es probable que la primera damnificada de esa unión sea la propia Noemí, porque para algún lado tienen que coger los votos anti-Santos, que al buscar un refugio, es más lógico que lo encuentren al lado de Mockus, que hoy encarna la antítesis uribista, que bajo las toldas de la candidata conservadora, que se independizó de Uribe para lanzarse de candidata, pero que a cada rato nos recuerda que viene de allá. Tan previsible es que eso ocurra, que incluso hay analistas que aseguran ya que Noemí tocó techo y que ahora viene de para abajo en caída libre.
Yo no me atrevería a hacer ese pronóstico. La última vez que aseguré que alguien había tocado techo fue de Álvaro Uribe cuando alcanzó en las encuestas el 7 por ciento de favoritismo en el año 2000. Ha sido el mayor descache de mi vida como analista política, y no pienso repetirlo ahora prediciendo que Noemí Sanín no alcanzará a llegar a la primera vuelta. Y mucho menos diré que, tal y como están las cosas, podría ser Antanas Mockus, más todavía después de su alianza con Fajardo, el que se erija como el candidato de opinión de estas elecciones y se enfrente contra Juan Manuel Santos en la segunda.
¡SE ME OLVIDA! El secreto mejor guardado de Bogotá: cuando todos se van en Semana Santa y nos la dejan sólo para nosotros.

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