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El Plan de paz de Chavez

Por: Rafael Guarín*  
Publicado el 28 de julio de 2010

La denuncia de Álvaro Uribe sobre la existencia de campamentos de las Farc en territorio venezolano generó una nueva crisis diplomática y suscitó otra vez el discurso bélico de Hugo Chávez.

La respuesta de Caracas fue la misma de ocasiones anteriores: en vez de examinar la veracidad de la información y buscar mecanismos de cooperación contra el crimen transnacional, decidió romper relaciones con el gobierno colombiano y preservarlas con las Farc.

Aún siendo beneficiado por la pasividad del Secretario General, José Miguel Insulza, Chávez se siente incomodo en la OEA. Hábilmente intenta jugar de local llevando el tema a UNASUR, donde no encontrará voces firmes que condenen sus vínculos con las Farc y contará con amanuenses en los gobiernos de Argentina, Ecuador y Bolivia.

Si bien el cambio de campo de batalla diplomática es clave para el chavismo, la columna vertebral de su estrategia es otra: presentar a su vecino como el problema. La mejor defensa es el ataque y mucho más cuando éste se presenta arropado por objetivos altruistas. Es lo que pretende hacer el gobierno venezolano al señalar que el llamado “conflicto colombiano” es la causa de la inestabilidad regional, una amenaza para su seguridad y una justificación para que el “imperialismo” estadounidense intervenga en la región.

De ahí que Nicolás Maduro advierta que presentará en UNASUR un plan de paz: “para avanzar en lo que tiene que ser más temprano que tarde la solución de fondo al conflicto armado, a la guerra que en Colombia y desde Colombia afecta a toda la región”.

No es una estrategia nueva. Cuando Uribe cometió el horror de designar a Chávez como facilitador del acuerdo humanitario, en agosto de 2007, a los pocos días el teniente coronel lo ligó a una negociación de paz con las Farc. La razón es que tiene claro tres cosas: la revolución bolivariana no podrá expandirse a Colombia mientras subsistan las Farc; la guerra de guerrillas no es suficiente para la toma del poder y el triunfo de su proyecto en ese país pasa por un “acuerdo de paz” que propicie una Asamblea Nacional Constituyente.

En noviembre 2009 el gobierno venezolano avanzó en esa línea al solicitar a la ONU incluir “el conflicto armado colombiano” en la agenda del Consejo de Seguridad, sobre la base de que “constituye una seria amenaza para la paz y la seguridad internacional”. También, consistente con su estrategia, manifestó que aspira a “una solución política negociada al mismo”.

Para Chávez es vital que las Farc sobrevivan a la ofensiva política y militar que enfrentan desde 2002. Les brinda refugio, apoyo político y logístico, no porque crea que vayan a conquistar el poder con las armas, sino porque justifican un proceso de paz que permita su injerencia y para el cual proyecta con sus socios en la región ejercer coacción sobre el gobierno colombiano.

La maniobra tiene una “virtud” adicional: golpea duramente los elementos centrales de la estrategia contrainsurgente al destrozar la base conceptual de la Política de Seguridad Democrática que no le reconoce a la guerrilla legitimidad alguna, lo que repercute negativamente en la presión militar sobre la organización. Además, pretende fracturar el aislamiento político al que están sometidas en Colombia.

En junio pasado la senadora Piedad Córdoba delató la estrategia al periódico mexicano La Jornada: “Un elemento muy importante para forzar la coyuntura va a ser la presión de los gobiernos de la Unidad de Naciones Sudamericanas (UNASUR)”. Continúa: “lo que los presidentes de la región van a exigirle (a Santos) como mínimo: un compromiso para que comience la negociación”. “Vamos a ir a espacios como la Unasur para pedirles que exijan a Santos que se abran las puertas al intercambio humanitario. El intercambio es la puerta a la negociación”.

Así pues, el “Plan de Paz” para Colombia es un disfraz para reconocer de facto a las Farc como fuerza beligerante, legitimarlas políticamente, intervenir a su favor, presionar internacionalmente al gobierno y quebrar la base de la Política de Seguridad que desarrolló Uribe y continuará Juan Manuel Santos.

Rafael Guarín *Profesor de Análisis del Terrorismo. Universidad del Rosario.Tomado del blog Libreta de Apuntes del periodista Ricardo Galán

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