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OPINION: Justicia Colombiana signada en sus fallos por el odio y la venganza. Pobre Colombia*

Domingo 29 de agosto de 2010 Por: María Isabel Rueda

Diabólica combinación 

Gracias a una diabólica combinación, el ex ministro y embajador Sabas Pretelt la tiene perdida de entrada

Sabas Pretelt tiene toda la razón en estar empanicado con las perspectivas de su proceso. Por mí, que lo condenen si es culpable.

Pero me temo que en el hipotético caso de que fuera inocente, también lo van a condenar, porque el proceso está atrapado en la coyuntura política muy densa por la que atraviesa nuestra Corte Suprema de Justicia.

En momentos en los que pertenecer al tribunal que adelanta los juicios contra el fenómeno de la 'parapolítica' en Colombia debería coronar como paradigma mundial a sus magistrados por valientes, por acertados y por justos; y cuando a sus pies los colombianos deberíamos estar arrodillados de gratitud por liberarnos de tamaña pesadilla. 

El libreto de odio contra el anterior presidente de Colombia, Álvaro Uribe, que está signando los fallos de la Corte, nos hace pensar que más bien atravesamos uno de los momentos de mayor postración en la historia de nuestra Corte Suprema de Justicia. 

Y no soy la única ciudadana que ha perdido la confianza sobre su imparcialidad.

Resumo así la situación. Cuando de manera profundamente equivocada, el primer gobierno de Uribe ternó al Viceministro de Justicia de la época, Mario Iguarán, como Fiscal, seguramente buscaban que por su condición subalterna se comportara como un fiscal de bolsillo.

De otra manera no se explica que un hombre de tan bajo perfil hubiera llegado a ser director de la política criminal del país. Pero les salió el tiro por la culata. Porque Iguarán era tan subalterno, ¡tan subalterno! del entonces ministro Sabas, que tuvo que declararse impedido para investigarlo por las denuncias de la 'Yidispolítica'. 

Luego, cuando la Corte se negó a escoger de la terna enviada por Uribe, quedó configurada la extraña y anticonstitucional figura de que la Fiscalía de Colombia pasó a ser manejada desde la Corte Suprema. 

Una vez Mendoza asumió por encargo la Fiscalía, el caso de Sabas quedó por rebote en manos del nuevo vicefiscal, Fernando Pareja, cuyo nombramiento le impuso la Corte al fiscal (e) Mendoza. Ante tan evidente falta de garantías, Sabas pretende que por lo menos el que revise su caso no sea el Vicefiscal subalternoide de la Corte, sino el Fiscal General, a lo que la Constitución le da derecho por su fuero.

Pero Mendoza, preso de una norma de procedimiento (como pienso bien de él me niego a creer que sea por no contradecir a la Corte, que lleva un año manteniéndolo artificialmente en el cargo), se resiste a reasumir el caso. Señor Fiscal (e): no estamos simplemente ante una regla de competencia, sino ante una necesidad de imparcialidad subjetiva. Le explico por qué, señor Fiscal (e). 

Parte del enfrentamiento de la Corte con el gobierno de Álvaro Uribe se debe a que sus magistrados sintieron que sus fallos no eran respetados. Pero a la vez que exigen respeto por los suyos, no le cierran la investigación que le abrieron al Procurador por el fallo en el que este absolvió al ministro Sabas, por el caso de la 'Yidispolítica'. 

Yo tampoco lo compartí en su momento, y lo critiqué duramente. Pero los fallos, que pueden ser criticables como obras intelectuales que son, no deben ser irrespetados ni desacatados. Pues no parece que ese respeto que sus magistrados piden para sus fallos a la vez se lo concedan al procurador Ordóñez, o no lo tendrían amenazado de condenarlo disciplinariamente por prevaricar en uno de sus fallos.

Entonces sumen: una disputa política de la Corte con Uribe + un ministro de Uribe que fue clave para su reelección + un vicefiscal impuesto por una Corte que odia a Uribe = una absolución imposible, en el hipotético caso de que Sabas fuera todo lo inocente que dice ser.

Toda una combinación diabólica. 

¡SE ME OLVIDA!  

Y de paso, el presidente de la Corte, Jaime Arrubla, se presta para ir a hablar pestes de Uribe en un foro organizado... ¡por Ernesto Samper!

María Isabel Rueda

*Titular D la R. 

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