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¡PERDIÓ EL JUICIO!

19 de febrero de 2012 | COLUMNA | Por: Cristina De Toro R.

En este mismo instante, más de un togado está temblando de susto y cruzando los dedos para que el mafioso Giorgio Sale no se vaya a desafinar al dar el do de pecho en la fiscalía.
Los colombianos debemos  repudiar la manera como esos togados están administrando la justicia de este país.

Con la misma vehemencia con la que el presidente del Consejo Superior de la Judicatura y el presidente de la Corte Suprema de Justicia (y otras 13 organizaciones de la Rama Judicial), están rechazando la andanada de críticas que les caen por cuenta del aberrante fallo del Tribunal Superior de Bogotá, en el cual se ratificó la condena de 30 años de cárcel contra el coronel (r) Luis Alfonso Plazas Vega , debemos los colombianos repudiar la manera como ellos están administrando la justicia de este país.

Cuánta osadía la de estos orondos togados, al reclamar a voces "acato y respeto" para sus arbitrarios, sesgados y politiqueros fallos, después de que por una mezquina venganza política contra el expresidente Álvaro Uribe, fueron capaces de privar al país por más de año y medio, de tener Fiscal General de la Nación (en propiedad), sin reparar en que con ello sumían al país en el más grande desbarajuste judicial.

Desde el momento mismo en el que convirtieron esos cargos, antes reservados para individuos íntegros, para eruditos que llegaban a esa instancia como colofón de brillantes y pulquérrimas carreras profesionales, en trampolines políticos, el país perdió de lleno la confianza en ese órgano de poder.

Sí, la autoridad moral de la Justicia colombiana quedó en veremos, como ya lo he dicho en otras ocasiones, cuando muchos de los togados se extraviaron de la senda de la probidad y el decoro, ese día aciago en que los jueces, tal como los describe Hesíodo en su libro Los trabajos y los días, se convirtieron en insaciables tragones de regalos: botines, relojes, viajes, bacanales, coimas, apoyos políticos, puestos, etc.

Por esta razón, es muy probable que en este mismo instante, más de un togado y uno que otro de los que ya se encuentran disfrutando de sus jugosísimas pensiones de jubilación, estén temblando de susto y cruzando los dedos para que el mafioso Giorgio Sale , ahora que está cantando en la Fiscalía, no se vaya a desafinar al dar el do de pecho.

Y, a propósito de jugosas pensiones, siempre es bueno que sepan que los colombianos estamos muy pendientes de los graves hallazgos hechos por la Contraloría General de la República, sobre 70 nombramientos en el Consejo Superior de la Judicatura, que fueron suficientes para abrir juicio fiscal a 21 magistrados y exmagistrados de ese alto tribunal, que le habrían costado al erario unos 13.000 millones de pesos y que seguiremos atentos sus procesos, a ver si algún día reciben su merecido.

Resulta paradójico que, precisamente, en la entidad llamada a dar ejemplo de honestidad, se encontrara ese inmenso nido de corrupción, otro carrusel para defraudar al Estado.

También es importante que estos engreídos togados entiendan que tenemos la capacidad suficiente, como para darnos cuenta de todo lo que están tramando, que el absurdo juicio y la abusiva condena en contra del Coronel (r) Plazas Vega, no son más que un vulgar pretexto para poder enjuiciar al Ejército y al Estado colombianos.

Que detrás de la humillación a la que pretenden someter a nuestro valiente Ejército y del emplazamiento al expresidente Belisario Betancur , para que responda en la Corte Penal Internacional (CPI), tienen una silla reservada para el expresidente Uribe Vélez.

Ahora sí, la Justicia ¡perdió el juicio!

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