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Peláez y Gardeazábal agosto 1 de 2018
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¿Para dónde vamos?

OPINIÓN| Por: PLINIO APULEYO MENDOZA| Publicado: abril 25, 2014 
Algunas realidades que deberían ser tomadas en cuenta por el Gobierno y sus aliados políticos.
De pasar por alto ciertas exigencias de las Farc, graves riesgos amenazan el futuro del país.
En la calle o en un centro comercial nunca falta alguien, conocido o no, que se le acerca a uno para preguntarle: “¿Para dónde cree usted que vamos con este proceso de paz?”. Yo suelo ser sincero: “No sé” es lo que se me ocurre responder. Pero inquietudes las tengo. Y las tiene, por cierto, todo el mundo.
Se derivan naturalmente de las Farc. Son ellas las que, de algún modo, están marcando el paso. Su estrategia de lucha ha cambiado. No albergan hoy la ilusión de llegar al poder por la vía armada. Hicieron a un lado la guerra de posiciones, los combates abiertos con las Fuerzas Armadas, la toma de poblaciones o de bases militares. Redujeron sus efectivos armados a siete mil hombres, pero aumentaron en más de veinte mil sus agentes políticos.
Optaron sí, en el campo armado, por el crudo y abierto terrorismo. En vez de combates con el Ejército, se concentran en el lanzamiento de artefactos explosivos, carros bomba, francotiradores, emboscadas, atentados contra oleoductos y siembra de minas. ¿Qué buscan con ello? De un lado, aterrorizar a la población para que esta acepte a cualquier precio un acuerdo de paz que ponga fin a tal horror. Por otro, mantener en primer plano su feroz presencia.
Al lado de estas acciones, las Farc se han propuesto capturar la protesta social, extender su control absoluto sobre las zonas cocaleras, replantear su proceso de colonización y establecer una especie de micro-Estado con las zonas de reserva campesina (ZRC). En efecto, estos territorios están conformados por núcleos de campesinos llevados por la guerrilla y por lo consiguiente bajo su entero control. No hay allí propiedad particular sino colectiva. No se admite la presencia de fuerzas militares. Al frente de cada ZRC aparece un comité bajo el mando supremo de un comisario enteramente identificado con la organización guerrillera.
El sistema tributario de las Farc es inflexible y eficiente. A estos recaudos se suman los millonarios ingresos por cuenta del narcotráfico. Aunque las áreas con sembrados de coca se han reducido en un 25 por ciento y han desaparecido en departamentos como Magdalena, Caldas y Boyacá, también es cierto que con el pago de cultivos de hoja de coca a miles de campesinos muy poco efecto han tenido las ofertas del Estado para la sustitución de tales cultivos.
Todo esto, sumado a la creación de movimientos políticos afines a su ideología y a la presencia de agentes suyos en sindicatos, en comunidades indígenas y sobre todo en la Rama Judicial, les permite a las Farc hacer peligrosas exigencias en la propia mesa de negociaciones de La Habana. Tienen a su favor el hecho mismo de que el presidente Santos parece estar dispuesto a aceptar condiciones, en apariencia poco letales, a fin de poder alzar el trofeo, muy bien recibido en el mundo, de un anhelado acuerdo de paz.
Hay en ese probable acuerdo puntos que la guerrilla considera inamovibles, como la dejación de las armas sin entrega de las mismas. Y a tiempo que pide espacios propios en el Congreso y en una eventual asamblea constituyente, no acepta reales sanciones penales. Como suele repartir culpas entre los llamados por ella agentes del conflicto, espera que una justicia transicional reparta un perdón y olvido para todos, incluyendo militares hoy en prisión. El asunto es que muchos de ellos han sido víctimas de la guerra jurídica desatada por los propios amigos de las Farc.
Todas estas realidades deberían ser tomadas en cuenta por el Gobierno y sus aliados políticos. Sin embargo, a quienes expresan inquietudes sobre el proceso de paz, el Presidente-candidato los llama enemigos de la paz y amigos de la guerra sin reparar en que, de pasar por alto ciertas exigencias de las Farc, graves riesgos amenazan el futuro del país.
Plinio Apuleyo Mendoza
Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no siempre reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.

Ni vencedores ni vencidos

OPINIÓN| Por: RAFAEL NIETO LOAIZA | Publicado: septiembre 22, 2013 


El jueves 19, en medio del silencio de los medios nacionales que o no hacen seguimiento serio de los diálogos en La Habana o no quieren publicar aquello que creen que puede hacerle daño al gobierno, las Farc emitieron dos comunicados.

En ellos se refieren al llamado Marco Jurídico, la piedra angular del mecanismo del Gobierno para lidiar con los crímenes de la guerrilla; al referendo, el instrumento propuesto por Santos para conseguir la aprobación popular de los acuerdos; al plazo para alcanzarlos; y a la naturaleza de las negociaciones.
Sobre el Marco Jurídico, las Farc dicen que “es una imposición” con una “conceptualización de justicia transicional inoportuna”, que constituye “un enorme estorbo para la paz” y que, además, “la Corte Constitucional le sumó perturbaciones como esa de que la guerrilla debe entregar secuestrados que no tiene, más otras cuantas invenciones maliciosas”. Y rematan con que es inaceptable que “un brazo del Estado… sea el que diseñe y aplique marcos jurídicos de justicia transicional”.
Está claro que las Farc no lo aceptan, que son ellos quienes quieren definirlo, que se mantienen en no pagar ni un día de cárcel, y que acusaron la corrección del marco que hizo la Corte Constitucional al abandonar la propuesta de impunidad del Gobierno y volver a la verdad, la justicia y la reparación.
En relación con el referendo, dicen que es una “iniciativa unilateral” que está “fuera de lugar” y manchada de “sospechas electorales”. Agregan que la propuesta gubernamental desconoció el Acuerdo para la Terminación del Conflicto, base de las negociaciones, y que las Farc “no hacen parte de dicha iniciativa” ni se sienten comprometidas por ella. En consecuencia, insistirán “en la convocatoria de una Constituyente”.
Más allá de que es verdad que tras el referendo están las pretensiones electorales de Santos, que buscar auparse en los eventuales acuerdos, las Farc se mantienen en su pretensión de una Constituyente que convierta “la Constitución revisada, reparada y fortalecida, [en] un pacto o tratado de paz”. La revolución pactada sobre la que ha habido tantas advertencias. Las derrotamos en el campo de batalla y nos ganan en la mesa. Y, de paso, anuncian que si hay un referendo no se sentirán obligadas por su resultado. No por otra cosa sostienen que la propuesta gubernamental “implica un esquema de desmovilización y sometimiento de la contraparte insurgente” que es un “absurdo”. ¿Y si no hay un desmovilización y desarme, para qué todo este rollo? ¿Será que, como advierte el Procurador, nos quieren someter a un referendo, o una constituyente, con la amenaza de los fusiles en la nuca?
Rematan sosteniendo que el marco y el referendo “van de la mano de la equivocada y ventajosa idea de un gobierno que… se pretende juez y parte de una contienda en la que aún no hay ni vencedores ni vencidos”. Sostienen que “la Agenda no supone ni mucho menos reconoce vencedor alguno” y que “en la mesa debe prevalecer la relación parte-parte, entre iguales”.
Este es seguramente la razón de todos los males. Santos convirtió una derrota estratégica de las Farc en una negociación “entre iguales”. En esas condiciones, las conversaciones son en sí mismas una victoria de las Farc.
Las Farc añaden que “la paz no puede atarse a fechas”. ¿El inamovible plazo de noviembre se fue al demonio?
Y finalizan con una amenaza: “consideran que es urgente retomar el respeto a la bilateralidad que entregue confianza para seguir adelante”. Así estamos.
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¿Para dónde van las Farc?

OPINIÓN| Por: PLINIO APULEYO MENDOZA| Publicado: mayo 24, 2013 

Si el Gobierno llegara a aceptar las condiciones que pretenden, las Farc tendrían abierto el camino del poder a la manera patentada por Chávez.
Su más peligrosa petición, vista como culminación del proceso, sería una posible reducción de nuestras Fuerzas Armadas a tiempo que las Farc dejan en veremos la entrega de sus armas.
Sí, ¿para dónde van? El Gobierno cree saberlo. Y muchos colombianos, detrás de él, piensan que las Farc, severamente golpeadas, pueden aceptar el fin del conflicto armado si son eximidas de castigos penales y si tienen opción de llegar al Congreso con sus ‘Timochenko’ e ‘Iván Márquez’ a la cabeza.
Se trata, creo yo, de una ilusión engañosa. Las Farc van mucho más lejos. Desde hace algunos años, y por inspiración de ‘Alfonso Cano’, se han trazado una exitosa estrategia política que compensa de sobra los golpes sufridos por ellas en el campo militar. El punto de partida de esta estrategia fue su llamado Plan Renacer. Descarta la toma del poder por la vía de las armas para sustituirla por otra, secreta y más eficaz, que es la captura del Estado, lograda en el continente por movimientos de su mismo perfil ideológico ligados al socialismo del siglo XXI.
El papel fundamental de esta estrategia no gravita ya para las Farc en su aparato armado, sino en estructuras políticas clandestinas como el PC3 y el Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia (MB), transformado ahora en la Marcha Patriótica. No olvidemos que estos sigilosos brazos políticos les han permitido a las Farc una hábil infiltración en el Poder Judicial, los sindicatos, las universidades y las comunidades indígenas. Peligrosa realidad ignorada por la opinión pública y hasta por el propio gobierno.
Ahora bien, el punto culminante de esta nueva estrategia es precisamente el actual proceso de paz. En torno a él hay algo inquietante. Las fuerzas democráticas del país se encuentran divididas en un candente debate que no les permite ver las secretas cartas de las Farc. De un lado se ubican quienes consideran moral y legalmente imposible dar indulto y participación política a los responsables de crímenes de lesa humanidad. Y del otro lado, el Gobierno y los partidos que lo apoyan, para quienes una justicia transicional (con extrañísimos subterfugios jurídicos capaces de eximir reales penas) es la única vía para poner fin al conflicto armado.
¿Se conformarían las Farc con el indulto y curules en el Congreso? No seamos ingenuos. Alfredo Rangel, en un cuidadoso estudio, muestra todas las estrategias que están aplicando las Farc en La Habana. Por una parte, pretenden modificar las estructuras de poder regional a través de un nuevo mapa productivo, con limitaciones a los TLC y a la explotación minera, y sobre todo con la creación de zonas de reserva campesina bajo su control. A tales iniciativas buscan darles soporte con los llamados foros temáticos y asambleas populares integradas por organizaciones bajo su influencia.
Finalmente, su más peligrosa petición, vista como culminación del proceso, sería una posible reducción de nuestras Fuerzas Armadas a tiempo que las Farc dejan en veremos la entrega de sus armas. Lo que buscan, pues, es en definitiva una fuerza igual a la del Estado.
Si el Gobierno llegara a aceptar tales condiciones, las Farc tendrían abierto el camino del poder a la manera patentada por Chávez. Con estos nuevos instrumentos en su mano, que fortalecerían su presencia en todas las regiones del país, tan solo les bastaría para lograr su máximo objetivo una coyuntura electoral favorable. Y, cuidado, pueden tenerla el próximo año. Si el candidato uribista es Pacho Santos (el de mayor opción en las encuestas internas), la pugna entre él y su primo Juan Manuel dejaría apático a un amplio sector de la opinión pública, circunstancia muy favorable para un candidato único de la izquierda. Y por tranquilizadora que fuera la imagen de este último, detrás suyo estarían todos los amigos de las Farc, además de los Maduro y los Castro. Sería para ellas un camino abierto hacia el socialismo del siglo XXI. Bonito fin del conflicto armado, ¿verdad?

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¿Para la paz o para la violencia?

2 de junio de 2012 |Registro| Por: Rafael Nieto Loaiza
La reforma, el ‘marco jurídico para la paz’, es un mecanismo de impunidad. De acuerdo con ella, responsables de los crímenes más atroces y horrendos podrán no ser investigados.
Indigna la hipocresía de tantos dirigentes políticos y opinadores, muchos del Partido Liberal, que se rasgaban las vestiduras por los beneficios a los paras.
La noche del atentado, cuando se lloraba a los escoltas asesinados y se atendían las heridas de Fernando Londoño, y mientras que un General de la Policía señalaba a las Farc como autoras del bombazo, el presidente Santos sugería que una fantasmal “extrema derecha” sería la responsable y batallaba en el Congreso para impulsar el “marco jurídico para la paz”.
Semejante actitud exculpatoria sólo se explica por el afán de Palacio de impulsar un proceso de paz. Con ese propósito quiere una reforma constitucional que le permita escoger los terroristas a los que no se perseguirá penalmente y a los que, ya condenados, se les suspenderá la pena. De acuerdo con la reforma, no importa si los beneficiados son responsables de crímenes de lesa humanidad y de guerra.
Esta fuera de duda que la reforma, el ‘marco jurídico para la paz’, es un mecanismo de impunidad. De acuerdo con ella, responsables de los crímenes más atroces y horrendos podrán no ser investigados o, si ya hubieran sido declarados penalmente responsables, podrán disfrutar de la libertad sin apremio alguno.
La reforma es un retroceso en relación con los avances en verdad, justicia y reparación obtenidos en la Ley de Justicia y Paz. En ella se establecían penas mínimas que, aunque no proporcionales a los delitos cometidos, al menos consagraban la privación de libertad por varios años.
El doble estándar no es gratuito. Responde a una inclinación de sectores que creen que hay “condiciones objetivas” para la violencia y que los que delinquen contra el Estado están movidos por fines altruistas y merecen un tratamiento privilegiado. Por el contrario, las sociedades contemporáneas entienden que la violencia es el verdadero conflicto y que la motivación política de un crimen es un agravante de la conducta y no razón para justificarlo o darle tratamientos penales favorables. En fin, este Gobierno es uno más en la larga lista de quienes han ofrecido indultos y amnistías a los subversivos.
Tampoco sorprenden las posiciones de la izquierda ni el silencio de las ‘oenegés’ que la respaldan. Lo que sí indigna es la hipocresía de tantos dirigentes políticos y opinadores, entre ellos un número importantísimo del Partido Liberal, que se rasgaban las vestiduras por los beneficios a los paras y que hoy empujan sin vergüenza alguna el proyecto de impunidad del Gobierno.
Con todo, ni la impunidad en que quedarán crímenes gravísimos, ni el doble estándar ni la hipocresía de tantos, son lo más grave de la iniciativa presidencial. Lo peor es que la reforma no sólo no contribuye a los propósitos de paz que supuestamente la mueven sino que consigue el efecto exactamente contrario. En efecto, al establecer semejantes beneficios futuros para los criminales, les asegura que sin importar la naturaleza y gravedad de los actos terroristas que cometan hoy, mañana el Estado estará presto para beneficiarlos penalmente y enviarlos felices a sus casitas. En realidad la reforma impulsa la violencia de los terroristas.
Y si con eso no bastará, desmotiva a la Fuerza Pública. ¿Para qué combatir a los criminales si después el Estado les liberará sin importar la naturaleza de sus crímenes? ¿Para qué jugarse la vida por un Estado que después premiará a sus enemigos? Es decir, el ‘marco para la paz’ alcanza lo contrario: impulsa a los terroristas a seguir delinquiendo y, al mismo tiempo, descorazona a quienes nos defienden.
Publicado: Junio 03, 2012

Una cuchilla de afeitar

29 de mayo de 2012 |Zona franca| Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA
Hugo Chávez Frías, en compañía de Juan Manuel Santos | Juan Barreto - EL NACIONAL
Como la política tiene una lógica implacable, quien cohabita con Chávez terminará indefectiblemente enredado con las Farc.
Para mantener la amistad con el compadre Chávez hay que hacerle caricias a su ahijada Farc.
El 'santo-holguinismo' supone que para tener buenas relaciones con Venezuela hay que hacer mutis por el foro frente a su régimen criminal. El 'santo-holguinismo' quiere cambiar nuestro escudo: al cóndor que mira de frente y tiene las alas extendidas y una corona de laurel en el pico lo remplazará un avestruz con su rabo parado y la cabeza enterrada en la arena. Y en lugar de Libertad y Orden quieren que aparezca Resignación y Silencio.
Circula una bella edición colombiana de la Rebelión de la granja (Remasterizados-Booket), obra en la que el genio de George Orwell desmenuza las mentiras, los crímenes, el culto a la personalidad y las falsas realizaciones del régimen estalinista.
La Rebelión de la granja fue escrita en 1943, en plena guerra mundial. Inglaterra (Orwell era inglés) combatía, aliada al régimen comunista de la Unión Soviética, contra la Alemania nazi. Era de suponer que, en la meca de la libertad de pensamiento, la alianza con Stalin no afectaría para nada el libre examen. No fue así. Orwell denunció en una columna de prensa (1944) que "el servilismo de los llamados intelectuales hacia Rusia" estaba silenciando cualquier denuncia sobre sus crímenes. Indignado, Orwell envió este aviso a los periodistas ingleses de izquierda y a los intelectuales en general: "No vayan a creerse que por años y años pueden estar haciendo de serviles propagandistas del régimen soviético o de otro cualquiera y después pueden volver repentinamente a la honestidad intelectual. Eso es prostitución y nada más que prostitución".
El libro de Orwell casi no se pudo publicar porque no era conveniente 'molestar' al aliado con semejantes verdades. Igual piensa el 'santo-holguinismo'. Ellos se rasgan las vestiduras ante cualquier denuncia de la cooperación del régimen chavista con el terrorismo de las Farc. Eso, dicen, pone en peligro la relación de amistad colombo-venezolana. ¿Sí ven? Igual que la izquierda inglesa en los 40, que quiso imponer el silencio a los escritores y periodistas para "evitar poner en peligro la amistad anglo-rusa".
Pero el 'santo-holguinismo' da saltos cualitativos. Del silencio ante los desmanes pasó, primero, a la adulación servil ("nuevo mejor amigo") y, luego, a la exaltación descarada (el chavismo "es elemento de estabilidad en la región"). Pero, como la política tiene una lógica implacable, quien cohabita con Chávez terminará indefectiblemente enredado con las Farc. Y eso es lo que le está ocurriendo al régimen 'santo-holguinista'.
El atentado terrorista contra Fernando Londoño develó la compleja trama. Para mantener la amistad con el compadre Chávez hay que hacerle caricias a su ahijada Farc. Primero se declaró que las Farc eran de buena familia; se les retiró el insultante apodo 'terrorista' y se las bautizó con el aristocrático apellido 'Insurgente'. Después se proclamó que la mayor ansia de los colombianos es que el secretariado se convierta en bancada parlamentaria y que los comandantes de los frentes sean secretarios de gobierno.
Luego se procedió a declarar enemigos de la patria a los enemigos de Chávez y, por ende, a los enemigos de las Farc. Esa es la explicación de por qué Gobierno y revista Semana cierran filas para defender el buen nombre de las Farc contra los insolentes que las sindican de querer matar al periodista Fernando Londoño. Y por eso "toman como hipótesis de trabajo" seria la afirmación chavista de que no hubo atentado sino una piñata que hizo explotar el expresidente Uribe. ¡Ah!, y que no hubo esquirla que atravesara el pulmón de Londoño, sino que él, masoquista, se autoenterró una cuchilla de afeitar.
Nota. El 'Sinchi' es personaje de Pantaleón y las visitadoras, no de La tía Julia.
Twitter: @JOSEOBDULIO
Publicado: Mayo 30, 2012

Cumbres borrascosas

19 de abril de 2012 | Reflector | Por: FERNANDO LONDOÑO HOYOS
Ahora nos dicen que a la Cumbre la salvaron las modas que se exhibieron. Nos perdonarán las ilustres damas que las portaban. Estábamos pendientes de otras cosas.
Cómo iría Cauca, y este es un decir muy criollo, que ni declaración final pudo leerse.
Nos sabrá perdonar la señorita Bronte el atrevimiento que nos tomamos con el título de su gran novela. Pero es que no atinamos con otro mejor para las cumbres que se acaban de celebrar en Cartagena.

La flecha se veía venir. Y contra el viejo adagio, no llegó más despacio. Todo era de prever. La mesa quedó servida de modo que los comensales salieran con disgusto y desairado el dueño de la casa. No se supo negar cuando tocaba y se quiso servir al tiempo muchos señores. Con el conocido resultado.

El desastre empezó cuando a los chicos del Alba se les ocurrió exigir la presencia de Cuba en una reunión que por reglamento está reservada a los países democráticos. En lugar de recordarlo de una buena vez, empezaron las zalamerías y los rodeos, con insensato viaje a La Habana incluido. Pues los del Alba no vinieron, pero movieron todos los resortes del infantilismo latinoamericano para plantear como enorme una cuestión tan sencilla.

Las cosas se complicaron. Porque la señora Kirchner anda con su país en plena turbulencia, resultado de que casi ninguno de sus asuntos viene bien. Y no habiendo mundial de fútbol a la vista, había que entretener la impaciente audiencia que nuestros queridos hermanos argentinos componen, ofreciéndoles un conflicto internacional con el Reino Unido. A un tal general Galtieri se le ocurrió algo parecido, con malos resultados.

Como ahora la Argentina no tiene aviones, ni barcos, ni tropas, la Presidenta no quiso guerra, pero nos trasladó el problema. Lo que resulta explicable de su parte. Pero mucho menos, o nada, que nos hagamos cargo de su complejo asunto.

Y no era suficiente. Sin saber cómo, ni a qué horas, ni para qué, el Presidente y su muy linda Canciller también "pusieron sobre la mesa" el problema de la lucha contra las drogas. Espinoso asunto que hiere a tantos y alivia a tan pocos. Y en el que nos puede pasar lo peor, porque vamos a que se santifique la demanda, disparándola, y se siga condenando la oferta, que haremos más agresiva y peligrosa. Pero sin entrar muy a fondo en la cuestión, por ahora valga para que se note cómo quedó diseñado, con tan mal acuerdo, un temario accidental, escabroso y pugnaz, que tan solo serviría para el general disgusto y para opacar el que originalmente se había propuesto.

Todos terminaron ofendidos. La franqueza que el presidente Santos encomió parece que equivalió a una lluvia de malos recados para el presidente Obama. Lo que no debió ser muy de su agrado. La señora Kirchner, furiosa como casi siempre, emprendió las de Villadiego. La Rousseff quedó tan enfadada que no tuvo más que recordar unas citas que había olvidado en Brasilia y se fue sin atender compromisos asumidos para hablar a solas con Obama y con Santos. Y los que vinieron con muy buena intención a discutir los grandes problemas del continente se regresaron sin saber por qué se quedó archivada la cuestión principal y todo se contrajo a lidiar malos modales, desencantos y resentimientos.

Ni siquiera hubo arrestos para el himno retórico con el que en el peor de los casos terminan estos encuentros. Cómo iría Cauca, y este es un decir muy criollo, que ni declaración final pudo leerse.
Caras largas, desplantes, reclamos y el peor de los ambientes para la próxima cumbre. Si es que se insiste en que la haya.

Tan mal se cumplieron estas jornadas, que por primera vez en su vida Shakira cantó mal. Y también por primera vez olvidó la letra de la canción que le confiaron. Debió aprenderla muy de niña y olvidarla no hace mucho. Vive tan trajinada, la pobre.

Ahora nos dicen que a la Cumbre la salvaron las modas que se exhibieron. Nos perdonarán las ilustres damas que las portaban. Estábamos pendientes de otras cosas.

La ruptura

15 de abril de 2012 | ANÁLISIS | Por: FRANCISCO SANTOS
Con Uribe de candidato, la cosa cambia radicalmente. Con Uribe en campaña, pocos se irían de la U y si encabeza lista puede fácilmente tener un tercio del Congreso.
Santos ya no va a contar con Uribe ni con los votos uribistas en la elección de 2014.
Era inevitable. Son como el agua y el aceite.

Uno frentero, y el otro no.

Uno campesino de provincia; el otro de la más rancia oligarquía bogotana.

Uno de universidad pública; el otro de centros universitarios de la estratosfera.

Uno con las ideas claras desde siempre; el otro con ideas que sirven y se acomodan al momento.

Uno con larga trayectoria política electoral; y el otro con un sentido de oportunidad que lo llevó al poder, sin casi medírsele al pueblo.

Uno del pueblo; el otro de los medios.

El uno se mueve como pez en el agua en escenarios internacionales; el otro en los pueblos y caminos polvorientos de Colombia.

Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos son de dos mundos distintos.

Hoy, las diferencias entre los dos llevan a una ruptura política inevitable de grandes consecuencias para el país y para ambos.

La primera de ellas es que Santos ya no va a contar con Uribe ni con los votos uribistas en la elección de 2014.

¿Qué consecuencia tiene? Pues son múltiples, dependiendo de qué decidan los partidos de la U y el Conservador y, sobre todo, el mismo Álvaro Uribe.

Los escenarios son esencialmente dos.

El primero es sin Uribe de candidato a algo: la Vicepresidencia o cabeza de lista para Senado.

Y el segundo es con él de candidato en 2014.

Si se da el primero, lo que sucede es que el liberalismo se une con Cambio Radical y con gran parte de la U. Santos es reelecto fácilmente y el uribismo queda herido de muerte.

Puede que sobreviva un pequeño partido de la U, o de Primero Colombia, el movimiento que llevó a Uribe a la Presidencia, pero sin la fuerza electoral de la U de hoy.

El Partido Conservador pierde fuerza y la izquierda queda en su plata, entre el Polo y lo que salga del movimiento de Petro.

Si por el contrario se da la otra opción, con Uribe de candidato, la cosa cambia radicalmente. Con Uribe en campaña, pocos se irían de la U y si encabeza lista puede fácilmente tener un tercio del Congreso. Si a ellos se le suma el Partido Conservador, cuyo líder natural es, sin duda, Uribe, pueden tener mayoría electoral en el Congreso en el periodo 2014-2018.

¿Y del premio mayor, la Presidencia?

En el primer escenario no hay la menor posibilidad. En el escenario dos, Santos es derrotable. Una coalición del uribismo, la U y los conservadores, con un buen candidato, tiene posibilidades de derrotar a Santos -el pobre Vargas Lleras está como la casita roja de Davivienda, y hoy no sabemos adónde va a acabar.

Obvio, hay grandes intangibles que entran en una ecuación política como esta.

Uno, que las Farc, al ver un escenario de continuidad del verdadero uribismo en el poder, se apresure a negociar una paz con Santos.

El escenario Pastrana, se debería llamar.

Claro, contar con la inteligencia política de las Farc es una estupidez, pero no se puede descartar nada.

Dos: un deterioro aún mayor en seguridad, y algo en la economía, que facilitaría la derrota de Santos.

En fin, en el mejor momento de Santos, el show de la Cumbre de las Américas le ha salido muy bien.

En el horizonte se presentan nubarrones políticos de grandes dimensiones.

De cómo juegue Uribe sus cartas (no hay que olvidar que Santos es un gran estratega político), el legado político de "doña Rumbo" puede retomarse o, en su defecto, morir para siempre.

Sin el uribismo no le alcanza

15 de abril de 2012 | Registro | Por: RAFAEL NIETO LOAIZA

Por Uribe pasamos de ser ‘estado fallido’ a la niña que todos pretenden. Si Colombia está de vuelta, para usar la expresión de la carátula de Time, es por cuenta del liderazgo, tesón y trabajo de Uribe.
La gente votó por Santos porque se presentó como el continuador de las políticas de Uribe.
Con su entrevista a CNN, Santos quería provocar a Uribe. Y lo consiguió. El expresidente embiste si le muestran la muleta. ¿Por qué abandonó su mantra de no pelear con Uribe? No lo sé y no logro entenderlo. Pero ya no podrá decir que Uribe pelea solo. Ahora quien abrió fuego fue él y de manera innecesaria. En su impacto más grave, erró en el cálculo político.
Decir que los trinos de Uribe “lo tienen sin cuidado” fue descortés. Aunque no puede gobernarse por la opinión pública y es deber del Presidente tomar decisiones adecuadas aunque sean impopulares, el comentario cojea por varios flancos. Por un lado, porque si un presidente vive pendiente de encuestas y de la opinión es Santos. La hipersensibilidad de algunos de sus asesores por lo que columnistas dicen es bien conocida, como son conocidas las llamadas para pedir que se modifiquen noticias y enfoques que no les gustan. Por el otro, porque la opinión de Uribe tiene un valor especial que debería ser considerado por cualquier gobierno y en particular por éste. Por Uribe pasamos de ser ‘estado fallido’ a la niña que todos pretenden. Si Colombia está de vuelta, para usar la expresión de la carátula de Time, es por cuenta del liderazgo, tesón y trabajo de Uribe. Así que mal hace un gobernante si desprecia las opiniones de quien tiene tanta experiencia y conocimiento y el país tanto le debe.
Pero además Santos es Presidente por Uribe. Fue Uribe quien lo revivió políticamente al darle la tarea de fundar el Partido de la U y al ofrecerle el Ministerio de Defensa. Y cuando la candidatura presidencial de Santos hacía agua, parecía no tener nada que ver con el Gobierno, fue el giro de identificación total con Uribe lo que lo devolvió a la vida y lo catapultó al triunfo. La gente votó por Santos porque se presentó como el continuador de las políticas de Uribe.
Por supuesto, Santos es Santos y no es Uribe. No es un clon ni una marioneta. Tiene el derecho y el deber de hacer su propia gestión y de marcar su impronta. Pero debe hacerlo sin darle la espalda al mandato de sus electores. Claro que los presidentes no están obligados a hacer todo lo que ofrecen en campaña. Es indispensable análisis permanente de prudencia, conveniencia y coyuntura. Pero tampoco pueden dejar a un lado los principios por los cuales fueron elegidos, las políticas por las que los votantes acudieron a las urnas. La traición a los electores es inaceptable porque pone en peligro las bases mismas del sistema democrático. Si un gobernante pudiera alegar que después de elegido no se debe sino a sí mismo, sembraría aún más desconfianza en el sistema.
Ahora, lo verdaderamente preocupante es la afirmación de Santos de que Uribe “es parte del pasado”. Uribe no es Presidente, pero está lejos de no tener futuro. Su fuerza política es innegable, como innegable es su calado popular, las simpatías y el fervor que despierta en las masas. Santos se equivoca al medir a Uribe por los comentarios de la prensa bogotana. Es en las regiones donde el expresidente tiene su respaldo. Graduarlo definitivamente como enemigo era innecesario e inconveniente. Nada bueno sale para el país del enfrentamiento entre sus únicos líderes nacionales. Y puede ser peligroso. Si quiere la reelección no podrá conseguirla moviéndose al centro izquierdo. Sin el uribismo, no le alcanzan las mayorías.

PREMATURA Y COSTOSA CAMPAÑA REELECCIONISTA

14 de abril de 2012 | OPINIÓN | Por: ENORIS RESTREPO DE MARTÍNEZ
El Tiempo lo protege como a su bien amado delfín. Es como si antes no hubiera existido ningún gobernante
Creo que desde cuando Juan Manuel Santos empezó su periodo presidencial, él inició la campaña para su reelección y aunque la revista Time recientemente le dio carátula, con todo respeto la impugno por diferentes motivos:
No me gustan sus ambigüedades, como si quisiera quedar bien con todo el mundo. No se trata de casar peleas, pero tampoco de entregar todo por pequeños o grandes halagos. No pretendo que gobierne con la austeridad de Uribe pero me disgusta el estilo rimbombante y altisonante de este gobierno.

Rechazo sus frecuentes manifestaciones de afecto hacia Chávez, a pesar de las reconocidas simpatías de ese presidente y su régimen con las guerrillas colombianas.

Critico la falta de firmeza ante los homenajes en Venezuela a Tirofijo, al publicitado refugio que tienen esos grupos en el vecino país y la aceptación callada del reciente nombramiento de Henry Rangel (ministro de Defensa venezolano) el gran amigo de Timochenko. Tampoco me gustan las constantes genuflexiones ante la izquierda internacional y nacional. Está bien buscar el centro, pero sin matricularse a la izquierda extrema.

Aunque en el panorama político también se ven aspiraciones presidenciales (Angelino, Juan Camilo, Vargas Lleras, Córdoba, Petro, Fajardo, etc.) ninguno tiene la "sartén por el mango" como Santos.

Todos tienen derecho a soñar, pero no con publicidad política pagada por el Estado, en horarios triple A, en los grandes canales de TV. Las famosas campañas Prosperidad para Todos y Colombia Humanitaria nos repiten constantemente las maravillas de este Gobierno para reforzar la imagen de Santos.

Además, El Tiempo lo protege como a su bien amado delfín. Es como si antes no hubiera existido ningún gobernante, ni la seguridad democrática de Uribe hubiera influido en la recuperación económica del país.

Tampoco me gustan los mecanismos de suspenso que manejan desde la Casa de Nariño, ni las supuestas o reales conversaciones de paz tras bastidores.

Ha habido un poco de freno a la guerrilla, pero ya no se habla de sensación de inseguridad sino de una situación real de violencia. Las Farc, por un lado organizan teatros, y por el otro, ataca. Así mismo, preocupa el avance de las bacrim y de las bandas de atracadores. O sea que gústenos o no, la paz está lejana. También me desagrada esa manera de buscar culpables por todo a como dé lugar, sobre todo si es de gente que trabajó con Uribe (aunque en esto último la justicia tenga su gran participación).

Ni me parecen adecuadas las acusaciones generalizadas contra ciertos gremios.

La falta de lealtad de Santos con Uribe, imagino, se volverá proverbial y no sabemos quién sufrirá la próxima deslealtad.

Soy una voz insignificante en el campo político y respeto el apoyo que tres destacados dirigentes le dieron hace poco al Presidente. Ellos tienen una gran responsabilidad empresarial y desde esa posición es comprensible. Pero no la comparto.

Santos quiere borrar a Uribe

14 de abril de 2012 | EDITORIAL | Por: EL COLOMBIANO
Borrar, como "cosa del pasado", al artífice del rescate de la dignidad nacional, que ahora Santos pretende presentar como cosa suya, es no sólo una injusticia histórica, sino una torpeza política.
No creemos que los múltiples ataques de estos días contra el Expresidente Álvaro Uribe Vélez sean mera coincidencia.

No recordamos antecedentes de un expresidente que, a más de año y medio de haber terminado su mandato, siga siendo objeto de toda una estrategia de demolición de su imagen, dignidad y prestigio.

Para ello, se ha echado mano de toda clase de mañas y golpes arteros. Los impulsores de tan dañina estrategia saben que no se enfrentan a un contrincante débil ni cobarde. Por eso afilan con mayor sevicia sus navajas.

Un día, un dirigente de extrema izquierda presenta, con gran aparato publicitario, supuestas pruebas sobre participación del Expresidente en hechos punibles, pruebas que no resisten un análisis crítico de la técnica forense.

Con apenas horas de diferencia con el espectáculo anterior, el canal de televisión del chavismo había presentado un documental lleno de inexactitudes, con participación obsecuente de opinadores colombianos, algunos de ellos no caracterizados por su honradez intelectual, sino por sus ideologías cegadas por el sectarismo y el odio.

Acompañado siempre todo esto por el obsesivo martilleo diario de muchos columnistas. Quienes si bien ejercen su libertad de opinión -ni más faltaba que fuéramos a abogar por lo contrario-, hacen que sus lectores echen de menos la aplicación de sus inteligencias y plumas a otros temas distintos a la reiteración permanente de sus animadversiones personales y políticas.

Y vienen a unirse a todo esto, las desafortunadas declaraciones del Presidente Juan Manuel Santos a la prensa internacional contra el Expresidente Uribe. No tan sorpresivas, en el fondo, pues sobre la deslealtad y el ejercicio oportunista de la política ha edificado íntegramente su carrera.

No alcanzaría el espacio para reproducir todas las advertencias hechas en su momento sobre el largo historial de volteadas y triples saltos políticos de Juan Manuel Santos en su recorrido por el poder.

Lo que es nuevo ahora, es el momento escogido para atacar a su exjefe: las vísperas de una Cumbre internacional en nuestro país, con amplia cobertura de prensa mundial y presencia de gobernantes de todo el continente.

Cumbre en la cual se hace todo lo posible por presentar una imagen renovada de Colombia, sus avances, retos y perspectivas.

Y eso no será factible si, como se pretende, se borran de tajo los cambios ejecutados en los dos mandatos del gobernante a quien ahora se pretende hacer "parte del pasado".

Porque no nos parece creíble que se trate de una simple respuesta de Santos a cuestionamientos hechos por Uribe Vélez en su activo twitter.

Santos está en su derecho de defender sus programas de Gobierno, así como de reivindicar su oportunidad para ejercer el mando bajo su propio estilo.

Pero Santos también sabe perfectamente por qué fue elegido con una votación tan grande, si nunca había tenido trayectoria de elección popular. Siempre había sido nombrado, nunca elegido.

Y lo fue en esa ocasión, por personificar, así fuera con disfraz, la política de Seguridad Democrática.

Lo dijo en su discurso de posesión: "(Hay) un hombre que brillará en la historia patria como aquel que devolvió a los colombianos la esperanza en el mañana y la posibilidad de recorrer sin miedo nuestro hermoso país: el Presidente Álvaro Uribe Vélez. Las próximas generaciones de colombianos mirarán hacia atrás y descubrirán, con admiración, que fue el liderazgo del Presidente Uribe, un colombiano genial e irrepetible, el que sentó las bases del país próspero y en paz que vivirán".

A Santos, evidentemente, no le importa borrar sus propias palabras y cambiar de postura cuando su particular interés se lo demande.

Pero hay millones de colombianos con memoria. Y conscientes de que en una refriega de esta naturaleza es todo el país el que pierde.

EN VÍSPERAS DE OTRO PROCESO

8 de abril de 2012 | COLUMNA | Por: RAFAEL NIETO LOAIZA
Los diez militares y policías que seguían en poder de las Farc fueron liberados. Rehenes de una guerrilla inhumana que los mantuvo encadenados como animales, perdieron decenas de años de sus vidas, años que nunca podrán recuperar.
Si antes fueron secuestrados para negociar con ellos, ahora son liberados con el mismo propósito. Las Farc y el Gobierno buscan generar hechos que les permitan anunciar diálogos de paz.
No hay nada que agradecer. Los diez militares y policías que seguían en poder de las Farc fueron liberados. Rehenes de una guerrilla inhumana que los mantuvo encadenados como animales, perdieron decenas de años de sus vidas, años que nunca podrán recuperar. Durante su cautiverio sus hijos crecieron sin padre, murieron los suyos, sus hermanos y amigos, se les fueron las vivencias y memorias que tenemos todos los mortales. Al menos, podrán decir, no corrieron la suerte de los asesinados en cautiverio. Por eso se aplaude que hayan recuperado su libertad.

Pero no más. En su liberación no hay gracia alguna o buena voluntad. Si antes fueron secuestrados para negociar con ellos, ahora son liberados con el mismo propósito. Las Farc y el Gobierno buscan generar hechos que les permitan anunciar diálogos de paz. Digo anunciar porque no tengo duda de que las conversaciones ya han empezado. Si hace un año sostuve en esta columna que creía que se estaban montando todas las piezas para una negociación, hoy tengo certezas. Hay hechos que no se explican sino en ese contexto como, por ejemplo, mantener de asesor de las operaciones de paz en Colombia a Baltasar Garzón, condenado por la justicia española. O que a Teodora la sala penal de la Corte Suprema no la haya sancionado por sus vínculos con las Farc o que tampoco haya noticia o proceso judicial alguno sobre los vínculos políticos y sociales de la guerrilla, con informaciones abundantes en los computadores de Cano y Jojoy, pruebas que confirman las que desecharon nuestros orondos magistrados en las memorias informáticas de Raúl Reyes.

Y lo ratifica la autorización que habría dado el Gobierno para el traslado a Cuba de Mauricio, el médico, miembro del secretariado de las Farc. Lo dijo el polémico José Obdulio en su columna y nadie lo desmiente. Y, curioso, tampoco nadie le hace eco. La prensa bogotana sigue engolosinada consigo misma y con el Presidente y se niega siquiera a registrar la información que cree que pueda no convenirle al Ejecutivo. Que en ello se le vaya la credibilidad no parece importarle. En fin, el viaje de El Médico a Cuba explicaría la visita de Santos a La Habana, so pretexto de verse con el Teniente Coronel de al lado. Se confirmarían así los rumores sobre el verdadero propósito de la intempestiva escapada de Santos.

Así que estamos en conversaciones con las Farc y en la víspera de un proceso de paz. Yo, advierto, estoy a favor de una salida negociada del conflicto. Habría que ser cruel y obtuso para estar en contra de la paz. Entre más pronto y menos muertos haya, tanto mejor. Cada vida salvada bien vale la pena el esfuerzo. Pero ese deseo no va en contravía de tomar todas las precauciones para no cometer los mismos errores del pasado y, por cuenta de las negociaciones, prolongar la violencia. Olvidar las décadas de intentonas de paz fallidas no solo es un error sino que es estúpido.

De manera que, para empezar, no puede cederse ni un centímetro en el combate militar y policial de la insurgencia. Si antes las Farc pedían "canje" por los rehenes y hoy los entregan unilateralmente es porque ahora no están en condiciones de exigir nada a cambio. Después, el propósito de las conversaciones no puede ser sino el de la desmovilización, el desarme y la reinserción. Nada, absolutamente nada más puede negociarse con los criminales. No hay en ellos autoridad ninguna para pactar asambleas constituyentes, acuerdos refundacionales o cambios en la estructura del Estado. Sería legitimar la violencia, otra vez, como mecanismo de lucha política. Y reiniciar el ciclo.

Y en el camino, más vale no entregar de entrada lo que no debería ni siquiera concederse en el final: las amnistías e indultos generales, perdón y olvido para crímenes de lesa humanidad y de guerra, para lo que llamamos delitos atroces. Es lo que se pretende con el acto legislativo que, por solicitud del Gobierno, tramita Roy Barreras. El "marco jurídico para la paz", como se le denomina pomposamente, no puede ser el de la impunidad.

Lineamientos para una paz negociada

3 de abril de 2012 | Zona Franca | Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA
Barreras estaba embelesado; sentía como si el Espíritu Santo lo hubiera escogido a él para predicar el nuevo evangelio de la paz.

"Para defender el plan que hemos diseñado, es necesario no tener puntos de vista propios; le debe dar lo mismo ocho que ochenta: ese es Roy Barreras".
El pasado domingo, desde su Twitter, Jaime Eduardo Botero hizo esta pregunta: ¿a qué horas se volvió mamerto Roy Barreras? No hay tal.
Barreras no es mamerto. Él, seamos justos, no es nada. Su mundo se circunscribe a un interés material, directo e inmediato: acumular feudos de poder burocrático. Y en el empeño es capaz de todo. Incluso de hacer el papel que está haciendo.
Hace algunos meses, en oficina muy principal en la Casa de Nariño, se reunieron los funcionarios que integran el núcleo duro de las políticas de paz, víctimas y tierras del gobierno Santos.
"Los convocamos -explicó un alto comisionado a su auditorio- para notificarles que, después de muchas vueltas y revueltas, hemos escogido como nuestro hombre en el Congreso al senador Roy Barreras. Para defender el plan que hemos diseñado, es necesario no tener puntos de vista propios; le debe dar lo mismo ocho que ochenta: ese es Roy Barreras. Él defendió la Seguridad Democrática de Uribe como si él hubiese sido su creador y adalid; pero, igual, venía de defender la política de 'solución negociada' de Pastrana. Barreras será el vocero ideal de nuestro lema 'la unión hace la fuerza' ".
Pocos días después, Barreras estaba sentado frente al alto comisionado. "Senador Roy -le dijo-: siempre hemos creído que lo importante es el respeto de las diferencias, al contrario de Uribe, que creía que a los colombianos nos bastaba poner orden al caos institucional para ganar la paz. Y ese respeto del que le hablo incluye respetar a todos, incluso a la insurgencia".
Barreras, como le dictaba su talante, inmediatamente intentó ser más papista que el papa y se declaró partidario de la logia de la unión (o como se llamara). El comisionado, distante, lo interrumpió: "Sin una política de paz negociada, continuará la mala imagen internacional que nos dejó la política de mano dura de Uribe. El Gobierno sabe que la única manera de ganar el aprecio de las organizaciones internacionales de derechos humanos y de reconciliarnos con los países vecinos es demostrarles que Colombia abandona el guerrerismo y se decide por la búsqueda de la solución negociada del conflicto político armado. Todo nuestro plan, senador, lo escribimos desde 1997, y, como verá, lo hemos cumplido al pie de la letra".
El comisionado, con gesto hierático, entregó al senador un texto lujosamente impreso, en el que se leía: 'Destino Colombia, Proceso de planeación por escenarios, 1997'. Barreras miraba absorto al comisionado. Estaba embelesado; sentía como si el Espíritu Santo lo hubiera escogido a él para predicar el nuevo evangelio de la paz. Y a un "espiritusanto" con burocracia sí que nunca le iba a negar Barreras sus servicios.
"Nosotros -continuó el comisionado- ya estamos en contacto directo con la insurgencia. Autorizamos el viaje a Cuba de Mauricio, 'el médico', de quien sabemos es el verdadero cerebro del secretariado. Mauricio está instalado en La Habana y próximamente se le unirá Granda. Ellos comparten plenamente nuestro proyecto de paz; se lo han jurado a nuestro embajador en la isla. Con ellos acordamos que, antes de los acuerdos, debemos tener una política para la paz negociada y la justicia postconflicto. Y su misión, senador, será defender esa política en el Congreso".
"¿Cuándo viajo a Cuba? Comencemos ya mismo a negociar", exclamó Barreras. "Calma -respondió el comisionado-. Previamente recibirá un curso de inducción para que domine nuestros lineamientos para la política de paz negociada y de justicia postconflicto".
La próxima semana les narraré cómo avanzó el tal curso de inducción del senador Barreras.
Ciudad de México, abril de 2012