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Cumbres borrascosas

19 de abril de 2012 | Reflector | Por: FERNANDO LONDOÑO HOYOS
Ahora nos dicen que a la Cumbre la salvaron las modas que se exhibieron. Nos perdonarán las ilustres damas que las portaban. Estábamos pendientes de otras cosas.
Cómo iría Cauca, y este es un decir muy criollo, que ni declaración final pudo leerse.
Nos sabrá perdonar la señorita Bronte el atrevimiento que nos tomamos con el título de su gran novela. Pero es que no atinamos con otro mejor para las cumbres que se acaban de celebrar en Cartagena.

La flecha se veía venir. Y contra el viejo adagio, no llegó más despacio. Todo era de prever. La mesa quedó servida de modo que los comensales salieran con disgusto y desairado el dueño de la casa. No se supo negar cuando tocaba y se quiso servir al tiempo muchos señores. Con el conocido resultado.

El desastre empezó cuando a los chicos del Alba se les ocurrió exigir la presencia de Cuba en una reunión que por reglamento está reservada a los países democráticos. En lugar de recordarlo de una buena vez, empezaron las zalamerías y los rodeos, con insensato viaje a La Habana incluido. Pues los del Alba no vinieron, pero movieron todos los resortes del infantilismo latinoamericano para plantear como enorme una cuestión tan sencilla.

Las cosas se complicaron. Porque la señora Kirchner anda con su país en plena turbulencia, resultado de que casi ninguno de sus asuntos viene bien. Y no habiendo mundial de fútbol a la vista, había que entretener la impaciente audiencia que nuestros queridos hermanos argentinos componen, ofreciéndoles un conflicto internacional con el Reino Unido. A un tal general Galtieri se le ocurrió algo parecido, con malos resultados.

Como ahora la Argentina no tiene aviones, ni barcos, ni tropas, la Presidenta no quiso guerra, pero nos trasladó el problema. Lo que resulta explicable de su parte. Pero mucho menos, o nada, que nos hagamos cargo de su complejo asunto.

Y no era suficiente. Sin saber cómo, ni a qué horas, ni para qué, el Presidente y su muy linda Canciller también "pusieron sobre la mesa" el problema de la lucha contra las drogas. Espinoso asunto que hiere a tantos y alivia a tan pocos. Y en el que nos puede pasar lo peor, porque vamos a que se santifique la demanda, disparándola, y se siga condenando la oferta, que haremos más agresiva y peligrosa. Pero sin entrar muy a fondo en la cuestión, por ahora valga para que se note cómo quedó diseñado, con tan mal acuerdo, un temario accidental, escabroso y pugnaz, que tan solo serviría para el general disgusto y para opacar el que originalmente se había propuesto.

Todos terminaron ofendidos. La franqueza que el presidente Santos encomió parece que equivalió a una lluvia de malos recados para el presidente Obama. Lo que no debió ser muy de su agrado. La señora Kirchner, furiosa como casi siempre, emprendió las de Villadiego. La Rousseff quedó tan enfadada que no tuvo más que recordar unas citas que había olvidado en Brasilia y se fue sin atender compromisos asumidos para hablar a solas con Obama y con Santos. Y los que vinieron con muy buena intención a discutir los grandes problemas del continente se regresaron sin saber por qué se quedó archivada la cuestión principal y todo se contrajo a lidiar malos modales, desencantos y resentimientos.

Ni siquiera hubo arrestos para el himno retórico con el que en el peor de los casos terminan estos encuentros. Cómo iría Cauca, y este es un decir muy criollo, que ni declaración final pudo leerse.
Caras largas, desplantes, reclamos y el peor de los ambientes para la próxima cumbre. Si es que se insiste en que la haya.

Tan mal se cumplieron estas jornadas, que por primera vez en su vida Shakira cantó mal. Y también por primera vez olvidó la letra de la canción que le confiaron. Debió aprenderla muy de niña y olvidarla no hace mucho. Vive tan trajinada, la pobre.

Ahora nos dicen que a la Cumbre la salvaron las modas que se exhibieron. Nos perdonarán las ilustres damas que las portaban. Estábamos pendientes de otras cosas.

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