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La ruptura

15 de abril de 2012 | ANÁLISIS | Por: FRANCISCO SANTOS
Con Uribe de candidato, la cosa cambia radicalmente. Con Uribe en campaña, pocos se irían de la U y si encabeza lista puede fácilmente tener un tercio del Congreso.
Santos ya no va a contar con Uribe ni con los votos uribistas en la elección de 2014.
Era inevitable. Son como el agua y el aceite.

Uno frentero, y el otro no.

Uno campesino de provincia; el otro de la más rancia oligarquía bogotana.

Uno de universidad pública; el otro de centros universitarios de la estratosfera.

Uno con las ideas claras desde siempre; el otro con ideas que sirven y se acomodan al momento.

Uno con larga trayectoria política electoral; y el otro con un sentido de oportunidad que lo llevó al poder, sin casi medírsele al pueblo.

Uno del pueblo; el otro de los medios.

El uno se mueve como pez en el agua en escenarios internacionales; el otro en los pueblos y caminos polvorientos de Colombia.

Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos son de dos mundos distintos.

Hoy, las diferencias entre los dos llevan a una ruptura política inevitable de grandes consecuencias para el país y para ambos.

La primera de ellas es que Santos ya no va a contar con Uribe ni con los votos uribistas en la elección de 2014.

¿Qué consecuencia tiene? Pues son múltiples, dependiendo de qué decidan los partidos de la U y el Conservador y, sobre todo, el mismo Álvaro Uribe.

Los escenarios son esencialmente dos.

El primero es sin Uribe de candidato a algo: la Vicepresidencia o cabeza de lista para Senado.

Y el segundo es con él de candidato en 2014.

Si se da el primero, lo que sucede es que el liberalismo se une con Cambio Radical y con gran parte de la U. Santos es reelecto fácilmente y el uribismo queda herido de muerte.

Puede que sobreviva un pequeño partido de la U, o de Primero Colombia, el movimiento que llevó a Uribe a la Presidencia, pero sin la fuerza electoral de la U de hoy.

El Partido Conservador pierde fuerza y la izquierda queda en su plata, entre el Polo y lo que salga del movimiento de Petro.

Si por el contrario se da la otra opción, con Uribe de candidato, la cosa cambia radicalmente. Con Uribe en campaña, pocos se irían de la U y si encabeza lista puede fácilmente tener un tercio del Congreso. Si a ellos se le suma el Partido Conservador, cuyo líder natural es, sin duda, Uribe, pueden tener mayoría electoral en el Congreso en el periodo 2014-2018.

¿Y del premio mayor, la Presidencia?

En el primer escenario no hay la menor posibilidad. En el escenario dos, Santos es derrotable. Una coalición del uribismo, la U y los conservadores, con un buen candidato, tiene posibilidades de derrotar a Santos -el pobre Vargas Lleras está como la casita roja de Davivienda, y hoy no sabemos adónde va a acabar.

Obvio, hay grandes intangibles que entran en una ecuación política como esta.

Uno, que las Farc, al ver un escenario de continuidad del verdadero uribismo en el poder, se apresure a negociar una paz con Santos.

El escenario Pastrana, se debería llamar.

Claro, contar con la inteligencia política de las Farc es una estupidez, pero no se puede descartar nada.

Dos: un deterioro aún mayor en seguridad, y algo en la economía, que facilitaría la derrota de Santos.

En fin, en el mejor momento de Santos, el show de la Cumbre de las Américas le ha salido muy bien.

En el horizonte se presentan nubarrones políticos de grandes dimensiones.

De cómo juegue Uribe sus cartas (no hay que olvidar que Santos es un gran estratega político), el legado político de "doña Rumbo" puede retomarse o, en su defecto, morir para siempre.

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