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Dic 10 de 1948
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Antes de Uribe, los gobiernos se mantenían atentos al qué dirán, con lo que el poder terminaba en manos de los chismosos

'Ridículo', película de Patrice Leconte (1996), es una espléndida recreación del poder fatuo. Quien la ve no puede dejar de comparar esa corte de Luis XVI con el ambiente palaciego de algunos de nuestros anteriores gobernantes.
Mientras el mundo giraba y el pueblo trabajaba, el rey de Francia pasaba la vida entre comilonas y francachelas, adobadas con conversaciones insulsas y ridículas. Poncelidon, el protagonista, se enfrenta al chisme y la murmuración. Los cortesanos miran con curiosidad a ese 'espécimen' progresista y tratan, en vano, de que su ingenio les reviva las ya de por sí aburridas veladas. Poncelidon, ante la indiferencia del poder por los asuntos prácticos del pueblo, buscará otros caminos de redención.

Uribe es como un Poncelidon para Colombia. Él es químicamente negado para la vida regalada. Donde está hay reflexión y trabajo. Los chismes y descalificaciones le son ajenos. Antes de su presidencia, la inercia era la contraria. Los gobiernos se mantenían atentos al qué dirán, con lo que el verdadero poder terminaba en manos de los chismosos y los autores de 'confidenciales' y de carátulas escandalosas, que extorsionaban a los presidentes, a los ministros, a todo el mundo. Con sus amenazas conseguían emisoras, programación en televisión, contratos en los ministerios, etcétera.
Conocí a Daniel Coronell en marzo del 2005. Cuando enfermó gravemente Su Santidad Juan Pablo II fuimos invitados a grabar un programa en Caracol. Lo primero que me impresionó fue su parecido con los personajes de Ridículo. No tenía idea de lo que hablaba, pero lo hacía con tal propiedad, que parecía un pontífice. Y me escandalizó su maldad. Todo el mundo, según él, era el demonio. Acusó a Su Santidad, a Uribe y, por ahí derecho a mí, de ser partidarios o auxiliadores de Pinochet.
Cada tema le daba para hacer las peores insinuaciones sobre alianzas mafiosas o paramilitares. Sin ton ni son, aludía a parientes o conocidos míos -su pobre interlocutor ocasional sobre la historia del Papa-, y, por ahí derecho me ascendía a jefe de bandas criminales. Se enfureció conmigo porque nunca me le amilané y lo batí redondamente en el asunto al que nos citaron: la historia de los Papas.
Apenas ahora, al leer El Colombiano del pasado domingo, vine a entender el "método deductivo Coronell". Se basa en que el ladrón debe juzgar por su condición. Si yo, por circunstancias completamente accidentales, conozco a una persona, seré, necesariamente, su socio y cómplice. Porque él, según El Colombiano, sí actúa así: se conoció y se asoció con un bandido y con los presuntos testaferros de otro.
Ahora, su curioso método se le deberá aplicar a todos, menos a él o a los que él ama. "(...) Lo que pasa es que, obviamente si uno presenta maliciosamente una serie de cosas sin dar la oportunidad de explicarle al otro, pues claro, se forma una cosa sospechosísima". ¡Caramba!, ¡qué casualidad! ¿No es acaso lo que él ha hecho con sus víctimas? Esa frase se la dijo Coronell a Vicky Dávila en uno de los episodios más bochornosos de toda la historia periodística de Colombia.
Rafael Nieto aconsejó a la directora de La FM ser más profesional; que si quería hablar de una denuncia de Coronell contra Andrés Arias, hablara también de las andanzas de Coronell, el inquisidor general, según la publicación de El Colombiano. La señora se puso histérica y trató de acallar a Nieto. Lo lamentable, señores curiosos, es que no van a poder oír tal entrevista porque la directora prohibió que fuera colgada en la web.
Impresionante el poder de amedrentamiento que tenía Coronell. Pero le han salido gallos finos: Uribe, el primero; Ana Mercedes Gómez, Fernando Londoño... Síganle la pista a otro: José Manuel Acevedo. ¡Qué carácter y qué altura intelectual! Ahí van apareciendo los relevos.

Jose Obdulio Gaviria

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