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Dic 10 de 1948
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Los cómplices

Salud Hernández-Mora

En este planeta guardamos silencio ante la dictadura. A unos los juzgamos con una obsequiosa generosidad, ignorando sus crímenes, y a otros los condenamos
"José padece desnutrición severa, cólicos, problemas en la columna vertebral por espina bífida, quiste en el riñón izquierdo, cálculos en el derecho y es asmático. Su cuerpo es hueso y piel, no tiene carne", dice su madre.
¿Es un secuestrado? No, es un preso político cubano. El médico José Luis García Paneque está condenado a 24 años de reclusión por el delito de no comulgar con el régimen despótico de los Castro.
Claro que la izquierda progresista prefiere creer a su venerado Fidel que califica a los disidentes de "mercenarios y delincuentes". Pues están de malas porque la ola contra la dictadura del barbudo no se detiene y está dejando en evidencia a quienes se empeñan en ignorar las violaciones castristas.Ya quedó al descubierto Lula da Silva.El día que murió el disidente Orlando Zapata, un albañil de convicciones profundas, que sólo pudo gritar los atropellos del régimen cubano con una larga huelga de hambre en la cárcel, como ahora hace su compañero Guillermo Fariñas, el destino quiso poner a prueba al líder brasileño. Y, claro, desnudaron sus clamorosas incoherencias, su cobardía y sus complicidades.
El presidente Lula se encontraba preciso en esa fecha en La Habana, de visita oficial, abrazando al dictador barbudo y al delfín septuagenario. En una rueda de prensa con Raulito, un periodista preguntó por la muerte del fundador del Partido Alternativa Republicana, defensor de la democracia, lo que le costó una condena de 25 años.
El hermano del dictador soltó su habitual verborrea trasnochada y falsa, pero cuando le llegó el turno al antiguo obrero metalúrgico del Partido de los Trabajadores, que pasó un tiempo encerrado en las cárceles de la dictadura militar brasileña, enmudeció. Lula da Silva dio la callada por respuesta.
"Hay violaciones de los derechos humanos en el mundo entero", dijo su asesor para asuntos internacionales, Marco Aurelio García, con un cinismo insultante, a modo de excusa.
No era la primera vez que Lula guardaba un silencio cómplice. En septiembre del 2003 tampoco quiso pronunciarse cuando el ícono de la izquierda mandó a prisión a 75 disidentes porque no soporta que un solo cubano le lleve la contraria.
¿Y dice algo la buena de Bachelet? Tampoco. Ella, que fue torturada en los penales de Pinochet, que conoce lo que es perder la libertad por expresar ideas, conserva esa parcial visión del mundo donde los dictadores sólo son de derechas. Por eso le rindió pleitesía a Fidel cuando fue a La Habana.
Los países latinoamericanos hablan duro contra Honduras, lo dejan por fuera de sus citas multilaterales porque dicen que no es democrático y admiten, por contra, al muy demócrata y libertador Raúl Castro, elegido en la presidencia cubana por el dedo ensangrentado de su hermano.
Así somos en este planeta, a unos los juzgamos con una obsequiosa generosidad, ignorando sus crímenes, y a otros los condenamos.
Vean la perla que soltó en una reciente entrevista con María Isabel Rueda el vicepresidente de Fajardo, Julio Londoño: "Lo ideal es que Cuba se integre de acuerdo con sus propias características al contexto internacional de democracia, pero no de la democracia que queremos nosotros, sino la que quieren los cubanos, que no es una formal sino una democracia de bienestar". Esperemos que lo corrija su jefe.
En la Unión Europea, donde Zapatero y su Moratinos del alma hacen esfuerzos ímprobos por defender a los Castro y a Chávez, aprobaron una resolución contra la dictadura cubana y a favor de la disidencia. Quinientos nueve diputados la respaldaron y 30 votaron en contra, el mismo grupo que viene a Colombia a criticar nuestra democracia. Y les paran bolas como si fuesen el oráculo.
NOTA. La dictadura chavista encarceló a Álvarez Paz por conspiración, instigación al odio y generación de zozobra e inquietud. Castro debe de estar feliz con su alumno.

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