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Dic 10 de 1948
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¿Por qué avanza Mockus?

Mauricio Vargas

Noemí quiere ser Golda Meir, Indira Gandhi y Bachelet. Mockus sólo quiere ser Mockus. Por eso la pasó
El que diga que la campaña electoral está aburrida se equivoca. En mes y medio transcurrido desde la caída del referendo reeleccionista en la Corte Constitucional, que marcó el verdadero arranque de la carrera presidencial, ha habido suficientes dosis de sorpresa, cambios abruptos de tendencias, naufragios, alianzas fallidas y uniones consolidadas, como para escribir un libro. Hace algunas semanas dije que, en esta campaña relámpago, quien cometiera un error no tendría tiempo de recuperarse.
Ya ocurrió. La ex canciller Noemí Sanín vivió sus días de gloria, tras ser proclamada ganadora de la consulta conservadora. Pero, en cuestión de horas, su andamiaje comenzó a tambalear. Su participación en el debate de televisión fue lamentable. Se la vio insegura, recitando con mala memoria un discurso que daba la impresión de no comprender del todo, y contradictoria. Para colmo de sus males, la flanqueaban dos que supieron responder casi todas las preguntas con seguridad y aplomo. 

De un lado, Santos, quien dijo las frases que sabía que le ayudarían a consolidar el apoyo de una amplia franja de uribistas, temerosos de que los logros en seguridad del presidente Álvaro Uribe se esfumen cuando él ya no gobierne. Del otro estaba Mockus, quien, entre otras cosas, la trancó cuando ella trató de coquetearle con el recuerdo de que él fue su fórmula vicepresidencial en 1998. El ex alcalde le plantó cara: con amable firmeza le hizo ver que en ese entonces ella posaba de independiente y no se había matriculado como conservadora.

Mockus no dijo mucho más esa noche. En otros debates -los de sus campañas para la Alcaldía de Bogotá- lo he visto más lúcido y propositivo. Pero, aun así, logró transmitir honestidad intelectual, su mayor fortaleza desde que se metió en política. Mockus dice lo que piensa, un atributo escaso en un país donde decir lo que uno piensa sigue siendo mal visto. Prueba adicional fue su revelación, a fines de la semana pasada, de que padece principios leves de la enfermedad de Parkinson, que explican el temblor de sus manos, que fue notorio en el debate televisado.

La enfermedad -han dicho los neurólogos- no afecta sus capacidades para gobernar, y sus contrincantes, empezando por Juan Manuel Santos, se apresuraron a dejar en claro que no utilizarían ese expediente contra él en la campaña. De hecho, no sólo ellos no lo usarán contra él, sino que Mockus ya lo usó a su favor, al despertar una solidaridad entre aspirantes presidenciales -y entre el público- extraña en una campaña.

Cuando la gente se pregunta por qué Mockus pasó tan rápido a Noemí en las encuestas, aparte de la adhesión de Sergio Fajardo, que sin duda le atrajo voto antioqueño y le sumó más jóvenes y más independientes, hay que pensar en ese glasnost que lo caracteriza, la transparencia de que hablaba Mijaíl Gorbachov. Mientras la ex canciller Sanín nos trata de convencer en sus cuñas de que ella es como Golda Meir, Indira Gandhi y Michelle Bachelet, Mockus sólo quiere parecerse a Mockus.

Pocos lo saben, pero el ex alcalde es más bien de derecha: tanto o más autoritario que Uribe, se ha enfrentado muchas veces a las grandes huelgas o manifestaciones, lo mismo de estudiantes universitarios que de taxistas. A los primeros les mostró sus nalgas; a los otros, les impuso reglas y les quitó licencias. Como alcalde de Bogotá fue uno de los mayores privatizadores de los servicios públicos. En cuanto a los grupos armados ilegales, siempre ha criticado que la izquierda haya hecho de la justificación de la lucha armada uno de sus principales discursos. Y es que, repito, él es lo que piensa y, además, actúa en consecuencia. Por eso está donde está. De ahí a que eso le alcance para ganar, hay mucho trecho. Pero no hay duda de que está animando mucho la campaña.
mvargaslina@hotmail.com

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