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Inquisición

21 de Junio de 2011 | OPINIÓN | Por: Francisco Santos

El ex vicepresidente de Colombia Francisco Santos denunció que existe una campaña de desprestigio y persecución contra el ex presidente Álvaro Uribe Vélez, a la que se ha sumado su primo, el presidente Juan Manuel Santos.

Lo sucedido en la Comisión de Acusaciones, la semana pasada, es apenas un episodio más en la campaña de desprestigio y de persecución que la izquierda ha montado contra Álvaro Uribe. Campaña a la que ahora se suma, veladamente, el Presidente Juan Manuel Santos cuando acusa de extrema derecha a quienes critican el deterioro evidente que hay en materia de seguridad.

Esta inquisición, muy bien conectada internacionalmente, es una afrenta permanente a la verdad y la dignidad de Colombia. Los argumentos son los mismos: falsos positivos, chuzadas del DAS y parapolítica. No importa que Uribe sea quien destapó unos falsos positivos que llevaban décadas y solucionó de tajo el problema. Para no hablar de los centenares de militares procesados por esta causa, lo que demuestra el compromiso del gobierno anterior con la justicia y los derechos humanos.

Irónico que el abogado de las víctimas en las chuzadas del DAS sea un exiliado durante muchos años que regresó en el gobierno Uribe porque tenía garantías. E insiste enfáticamente en interrogar a Uribe por el físico temor que tiene la contraparte de que el expresidente devele ese complot, esa sarta de medias verdades a las que desafortunadamente la Fiscalía les ha dado juego.

La idea es no dejarlo hablar y utilizar este escenario solo para acusar. El verdadero desastre en el DAS, problema que también viene desde hace décadas, ocurrió durante la gestión de Noguera, donde chuzaron hasta al vicepresidente y amedrentaron a diversos sectores de la sociedad.

Y lo del paramilitarismo. Qué desmemoriados somos. ¿Se nos olvida el poder que tenían antes del 7 de agosto de 2002? ¿O las fotos de sus fiestas en Córdoba? ¿Cómo eran los dueños y señores de amplias zonas del país? ¿Quién los desmontó? ¿Quién extraditó a sus líderes que pocos años antes se codeaban con gran parte de la clase dirigente regional? ¿Quién acabó con ese fenómeno que se apoderaba del país?

No pueden aceptarlo y por eso al fenómeno normal de criminalidad que surge en un vacío lo equiparan con lo que la seguridad democrática acabó.

¿Y la parapolítica? Olvidan que los hechos por los que están condenados se dieron antes de 2002 y que muy pocos apoyaron a Uribe en su primera elección. Y no hacen las cuentas electorales de ese año: Uribe perdió en casi todas las zonas paramilitares.

Estamos en los disparos iniciales de una guerra ideológica que hoy divide al continente y que en Colombia apenas comienza. Los idiotas útiles: unos medios y unos opinadores de Bogotá que desconocen el país, una izquierda democrática inmadura, unos partidos tradicionales sin líderes y una clase económica que no ve más allá de sus narices. El vergonzoso episodio de la Comisión de Acusaciones es el florero de Llorente.

Vamos camino a una peruanización. Lo de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua son juegos de niños comparados con el premio mayor, Colombia. Pero primero hay que destruir el ejemplo que encarna lo que el otro modelo aborrece, la autoridad, la libertad y la libre empresa. Hay que acabar con Álvaro Uribe. Acá en Colombia, en los medios y en la Comisión de Acusaciones. O en el exterior, en Georgetown o en la universidad de Metz.

Nada de lo que sucede es casual. Pero al ver el tributo de la gente a Uribe en su paseo por la séptima me queda la satisfacción de saber que en nuestro país el pueblo está por encima de su clase dirigente.


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