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Entre lo cierto y lo justo

4 de Julio de 2011 | COLUMNA | Por: María Isabel Rueda
Estoy totalmente de acuerdo con Daniel Coronell: los periodistas tenemos que escoger siempre la verdad. Sobre todo si ella sirve para hacerle justicia a un hombre que hoy se reputa culpable, pero que de pronto es inocente.


Dice Daniel Coronell en su columna de Semana (y a propósito: ¡cuánta falta nos está haciendo Daniel!): "Cuando un reportero tiene que escoger entre lo que es cierto y lo que es justo, debe elegir lo que es cierto". Es el preámbulo para sostener, como cree el columnista, que con la controversia que se ha armado sobre el testigo estrella para condenar al coronel Alfonso Plazas Vega a 30 años de cárcel, "quieren acabar con la fiscal del caso, Ángela María Buitrago".


Creo que a la fiscal Buitrago hay que protegerla. Aprovecho para insistir en eso. Que le protejan su integridad física con toda la contundencia de los instrumentos del Estado. Pero a la fiscal no podemos protegerle su pésimo trabajo judicial. Ella instrumentó la condena del coronel Plazas con base prácticamente en una única prueba, el testimonio de Édgar Villamizar Espinel, un ex cabo que ahora aparece asegurando que fue suplantado en una diligencia en la que alguien que decía ser él jura que escuchó a Plazas ordenar en la Escuela de Caballería: "Maten a esos hp", en relación con los desaparecidos del Palacio de Justicia.
Afirma Daniel en su columna: "La diferencia (entre las firmas del testigo, que se llama Villamizar pero firma como Villarreal) no significa nada. El ex oficial ha usado al menos media docena de firmas en los últimos años". Primer motivo universal para tachar la credibilidad de un testigo: acostumbra falsificar su firma.
2. Dice el columnista: "Villamizar asegura que jamás ha entrado a la Escuela de Caballería. Pero en su hoja de vida figura que tomó el curso de contraguerrilla en esa instalación". Segundo motivo universal para descalificar a un testigo: acostumbra decir mentiras.
3. Daniel transcribe una comunicación interna que prueba que el día de la retoma del Palacio hubo tropa aerotransportada. Sin embargo, hay dudas razonables sobre la afirmación de Villamizar de que fue traído en helicóptero desde Villavicencio a Bogotá con otras trece personas. Primero, porque, para la época, el Ejército carecía de un helicóptero con dicha capacidad. Y porque Villamizar asegura que el helicóptero lo comandaba el mayor Jairo Alzate Avendaño: No existe esa persona.
4. ¿Y, entonces, por qué no preguntarle a alguna de las otras 13 personas si es cierto que viajaron en el helicóptero con Villamizar? Porque todas están convenientemente muertas.
5. Dice el columnista que "según la ex fiscal Ángela Buitrago, hay numerosas pruebas, más allá de ese testimonio". Me atrevo a contradecir tal afirmación. No las hay. Las otras dos pruebas eran testimonios de dos delincuentes que ya fueron descartados.

Pero, así las hubiera, el solo hecho de haber considerado la declaración de un testigo tan poco veraz para condenar a un hombre a 30 años es un acto de irresponsabilidad. Y si ese testigo aparece firmando con otro nombre, es un doble acto de irresponsabilidad. Y si ese mismo testigo ahora aparece diciendo que no fue él quien dio tal declaración, la irresponsabilidad es triple.


Y ella se multiplica por cuatro si a estas horas no sabemos si al testigo se lo suplantó o si se está retractando. En ambos casos, el juicio al coronel Plazas merece una revisión profunda. Por algo será que en el juicio al general Arias Cabrales, la juez 51 penal de Bogotá descalificó enfáticamente el testimonio del mismo testigo Villamizar, por las "falencias que indiscutiblemente generan incertidumbre respecto de la escrupulosidad del elemento de juicio y más aún sobre la real identidad del exponente". (Folios 238 y 239 de la sentencia.)
Estoy totalmente de acuerdo con Daniel Coronell: los periodistas tenemos que escoger siempre la verdad. Sobre todo si ella sirve para hacerle justicia a un hombre que hoy se reputa culpable, pero que de pronto es inocente.


¡SE ME OLVIDA! Si Bogotá está en el hueco es porque estuvo manejada entre el General, la Capitana, la Doctora y el Jefe.

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