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No por mucho madrugar...

12 de septiembre de 2011 | OPINIÓN | Por: MAURICIO VARGAS
Para que tenga sentido hablar de la reelección de Santos, el Presidente tiene aún mucho por demostrar.

Me parece precoz el planteamiento de la reelección de Juan Manuel Santos.

Soy amigo del sistema de reelección inmediata, que le da la oportunidad al presidente de turno de optar a cuatro años más de mandato, y de lograrlo si los electores creen que lo merece. Debe ser por una sola vez, para evitar indebidas hegemonías personalistas. Por eso me opuse a la intentona de una segunda reelección de Álvaro Uribe, que tanto daño les hizo a él y al cierre de sus ocho años de gobierno.
Pero así como soy amigo de esa posibilidad, me parece precoz el planteamiento de la reelección de Juan Manuel Santos, hecho por Rafael Pardo, Simón Gaviria y otros líderes de la Unidad Nacional. Para que esa puerta se abra, falta que el Presidente demuestre muchas cosas. Su primer año arroja un balance positivo, pero más en el terreno de las intenciones -que se han traducido sobre todo en leyes- que en el de las realizaciones. Leyes que, como dice María Isabel Rueda, van por ahora más en el 'comuníquese' que en el 'cúmplase'.
El inaceptable atraso en las obras de reconstrucción por la ola invernal y la dramática lentitud en la ejecución presupuestal son prueba de las enormes dificultades que el gobierno de Santos enfrenta en materia de gestión. Según fuentes de la Casa de Nariño, estos problemas exasperan -y no es para menos- al hombre que creó y presidió durante muchos años una fundación que llevaba el nombre de Buen Gobierno.
Pero, además de prematuro, el tema de la reelección de Santos es dañino. Son fuegos artificiales que distraen al país del foco en el que debe estar centrado el debate: las ejecutorias del Gobierno. Del Ejecutivo, que por algo también lo llamamos así. Por ahora, buena parte de la popularidad que Santos mantiene -con algunos lunares significativos, según la más reciente entrega del Gallup Poll- se debe a los buenos vientos que han llevado a un aceptable crecimiento de la economía, con altibajos en el sector industrial, y a una reducción marginal del desempleo.
Esos buenos vientos responden a la inercia de varios años de bonanza exportadora, gracias a los altos precios del petróleo, del carbón y otros minerales, y del café. Basta una mirada a los titulares de los medios internacionales para saber que Europa y Estados Unidos están siendo sacudidos por un terremoto de impredecibles consecuencias, debido a su excesivo endeudamiento, a su crecimiento casi nulo y a su desempleo desbordado. A ese terremoto le puede seguir un tsunami que barra no solo sus economías, sino la de países como Colombia, en especial si se confirma el freno de las locomotoras china e india.
El buen clima que registran las encuestas puede nublarse si caemos en un ciclo negativo de la economía. Pero Santos tiene la posibilidad de generar una dinámica anticíclica si destraba la inversión pública, que está paralizada y, sobre todo, si consigue que los billones de pesos destinados al desastre invernal salgan por fin de los bancos y sean ejecutados en las obras urgentes que millones de damnificados esperan desde hace meses. Esta no solo sería una protección contra nuevos inviernos -ya arrancó uno-, sino contra los vientos recesivos, pues generaría actividad económica y empleo.
Pero todo eso está por verse. Como también está por verse si los rebrotes de violencia terrorista van a ser controlados con el acertado nombramiento de Juan Carlos Pinzón en el Ministerio de Defensa, y el positivo cambio en la cúpula militar. En 1982, cuando Alfonso López Michelsen buscaba la reelección, Osuna pintó una caricatura inolvidable que trataré de recordar de memoria: su padre -reelegido en 1942- le decía al oído, desde el cielo: "Para que a uno lo reelijan, el primer gobierno tiene que haber sido el bueno". La caricatura viene como anillo al dedo. Esperemos un par de años antes de hablar de reelección, que no por mucho madrugar, amanece más temprano.

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