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Reunificación liberal


11 de diciembre de 2011 | OPINIÓN | Por: RAFAEL NIETO LOAIZA
Santos se siente más cómodo con el liberalismo, el partido de sus orígenes y más cercano que los otros a la "tercera vía" con la que el Presidente se ha identificado; desde la lógica política, sabe que entre los conservadores y los de la U siempre estará omnipresente la sombra de Álvaro Uribe.
"La actividad de la política, de los partidos, prefiero dejársela a los partidos y a los políticos", dijo el Presidente para excusarse de asistir a la constituyente liberal y a la asamblea de la U.

Si por actividad política entiende Santos la de los partidos, tiene razón. No le conviene entrar públicamente en la dinámica partidista. Cualquier acción abierta que pueda interpretarse como privilegiar a uno de los movimientos que hace parte del acuerdo de unidad nacional solo le ocasionará problemas con los demás de la coalición.

El Mandatario, a estas alturas, no puede darse el lujo de poner en riesgo sus mayorías parlamentarias. Con gravísimos problemas de ejecución, el éxito del Gobierno depende del éxito de su agenda legislativa. Pero que Santos no pueda aparecer en público mostrando sus simpatías o favoreciendo a alguno de los partidos de su coalición, no significa que en privado y con discreción no juegue sus cartas a futuro. Y ahí el Presidente apuesta a mediano plazo por la reunificación liberal.

Intuyo un doble motivo: desde una perspectiva ideológica, Santos se siente más cómodo con el liberalismo, el partido de sus orígenes y más cercano que los otros a la "tercera vía" con la que el Presidente se ha identificado; desde la lógica política, sabe que entre los conservadores y los de la U siempre estará omnipresente la sombra de Álvaro Uribe. En cambio en el partido Liberal puede ser, sin competidores serios, el gran jefe político. Y supongo que no le molestará que la historia, con la que está obsesionado, lo identifique como su gran unificador.

Cambio Radical está en la partida. Con muy regulares resultados en las elecciones de octubre, el trueque de candidato por congresistas le conviene: el partido Liberal fortalece sus huestes parlamentarias con los senadores y representantes de Cambio y éste les ofrece un líder nacional, Vargas Lleras, del que los liberales carecen. Las dificultades son tres: por un lado, si Cambio se disuelve en el liberalismo, perdería su personería jurídica y los dineros que el presupuesto nacional destina a los partidos. No hay político dispuesto a renunciar a tantos milloncitos. Por el otro, si la unidad puede convenir en lo nacional, en lo regional tiene enormes dificultades porque los congresistas de ambos partidos tendrían que disputar entre sí los mismos espacios políticos y los cupos y posiciones en las listas. Finalmente, la aspiración de Vargas Lleras tiene como límite el deseo presidencial de la reelección. Si Santos va, como él mismo viene sugiriéndolo con insistencia, Vargas Lleras tendrá que hacer la cola. Y corre el riesgo de no ser el ungido.

Me atrevo a pensar que Santos no quiere que los hechos le impongan sucesor, como le ocurrió a Uribe, y que hará lo que esté en sus manos para que sea alguien de sus entrañas. Y ese no es el Ministro del Interior. Santos se ve a sí mismo en Vargas Lleras y lo que ve lo asusta.

Para la U y para el conservatismo, que han visto menguada su capacidad de influencia y que ven cómo su candidato gobierna en buena parte con la agenda de sus contradictores políticos, el impulso de Santos a la reunificación liberal representa una oportunidad. Aliados históricos y con amplias coincidencias ideológicas pueden ocupar todo el espectro político del centro a la derecha, que es el de la mayoría de ciudadanos. Tienen dos enormes dificultades: además de Uribe, no tienen líderes nacionales. Ni medios de comunicación.

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