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Mi aporte es no creer en las Farc

OPINIÓN| Por: SAÚL HERNÁNDEZ BOLIVAR| Publicado: mayo.07, 2013 
Todos queremos la paz, y creemos en ella, en el sentido de que vivir en paz es el estado ideal de todo ser humano, pero a la inmensa mayoría nos cuesta creer en las Farc, porque conocemos de sobra su naturaleza.
Muchos no creemos tampoco en el gobierno de Santos –la otra parte de la negociación– por haber traicionado el mandato que recibió de nueve millones de electores.
‘Paz’ es un término abstracto que, en conjunto con su polo opuesto, que sería ‘guerra’ o ‘violencia’, conforma una de esas dualidades asociadas a los conceptos del bien y el mal, sobre los que se fundamentan las religiones y las normas sociales desde las civilizaciones más antiguas.
Luz-oscuridad, amor-odio, generosidad-egoísmo, diligencia-pereza, sacrificio-comodidad, placer-dolor, solidaridad-indiferencia, filantropía-envidia, en fin. A cada virtud humana corresponde un vicio, una tara moral, una corrupción del espíritu que, paradójicamente, es lo que nos hace humanos, lo que nos caracteriza. De lo contrario, seríamos ángeles o viviríamos en esos paraísos utópicos de leyenda, como Shangri-La.
Todos los seres humanos, a menos que se padezca un grave trastorno mental, eligen estar del lado de los valores que representan el bien. Por eso, no tiene ningún mérito expresar eso de “yo creo en la paz”, pues tal virtud no reside en el concepto mismo, en su nominación o expresión, sino en la acción individual o colectiva de los seres humanos, que somos los que practicamos los vicios y las virtudes. Luego, lo que hay que afirmar o negar es si uno cree o no en que la decisión de las Farc, de hacer política por vías pacíficas, sea o no sincera.
Todos queremos la paz, y creemos en ella, en el sentido de que vivir en paz es el estado ideal de todo ser humano, pero a la inmensa mayoría nos cuesta creer en las Farc, porque conocemos de sobra su naturaleza, y muchos no creemos tampoco en el gobierno de Santos –la otra parte de la negociación– por haber traicionado el mandato que recibió de nueve millones de electores.
Una cosa, entonces, es creer en la paz como estado superior de convivencia social, y otra, muy distinta, es creer en las Farc y en que el negociado que traman con Juan Manuel, en secreto, derive en algo similar a la paz. Mucho menos cuando Santos acude al estilo Maduro para sembrar una división social inaceptable con ese artificioso dilema de amigo-enemigo de la paz, con lo que se estigmatiza a quienes no compartimos los términos de la transacción.
Más grave aún es que se firme algo, en cuyo caso tendremos un virus troyano carcomiéndonos por dentro, porque para las Farc la democracia y sus instituciones son solo ‘instrumentos burgueses de dominación de las masas’, y su único propósito es destruir al establecimiento burgués para remplazarlo por la dictadura del proletariado, usando la táctica chavista de tomarse el poder guardando apariencias democráticas.
La semana anterior, las Farc desconocieron al Poder Judicial diciendo que “los tribunales colombianos no tienen el decoro y la competencia (para juzgarlos), porque este ha sido un Estado criminal”, y que el Estado es el que debe pedir perdón, no ellos. Con declaraciones como esas, sorprende que se insista en este sainete.
Tal vez lo más patético de este asunto es que a estas aberraciones Santos las llama “avances”, así la negociación cumpla hoy 203 días sin siquiera haber logrado acordar el primer punto. Además, el Presidente incurre en una notoria contradicción al decir que los enemigos de la paz reculan al pedir paz sin impunidad, como supuestamente la quiere también el Gobierno. Pero a renglón seguido les pide a las Farc que “cambien las balas por los votos y rápido”, como si el Congreso fuera una cárcel o hacer política, un castigo.
Difícil creer en este proceso. Hace 10 años, Guillermo Gaviria y el gran Gilberto Echeverri pecaron de ingenuos creyendo en la no violencia de las Farc, y la no violencia los mató. Por eso, mi aporte (y el de muchos) es dudar, no creo en las Farc y no creo en Juan Manuel Santos.
Twitter: @SaulHernandezB
Este es un espacio de opinión destinado a columnistas, blogueros, comunidades y similares. Las opiniones aquí expresadas pertenecen exclusivamente a los autores que ocupan los espacios destinados a este fin  y no siempre reflejan la opinión o posición de LA OTRA MITAD DE LAS VERDADES A MEDIAS.

PARÁLISIS POLÍTICA

OPINIÓN | Por: FRANCISCO SANTOS | Publicado: dic. 23, 2012 
Las reformas tributaria y a la justicia muestran el grado de captura que tiene hoy nuestro Congreso.
La crisis política y de corrupción, yace precisamente en que el Congreso y el poder judicial hoy no están al servicio de los colombianos sino de intereses mezquinos políticos y personales.
Las reformas económicas o políticas de un país se hacen a las buenas o a las malas. El mejor ejemplo de una reforma a las malas es lo que hoy sucede en Grecia. Allí, un sistema político capturado por los grandes intereses económicos, políticos y sindicales llevaron al país a tener un esquema tributario tan inequitativo y unas leyes con tantos beneficios para unos pocos que ahora todos sus ciudadanos enfrentan décadas de sufrimiento económico.

Otro ejemplo de esa parálisis es Estados Unidos. Un grupo específico de interés que representa la industria de armamento ha logrado un espacio político e ideológico tan importante que hoy hace que en ese país sea más fácil comprar un arma de asalto que una botella de licor. Es casi imposible poner restricciones legales a este negocio mortal que hoy deja como víctimas a estos niños de una escuela en Newton. Lo mismo sucede con la crisis fiscal que hoy tiene ese país. Un sector del partido Republicano impide que le suban los impuestos a aquellos que ganan más de 70 millones mensuales. Parecen congresistas colombianos.

¿A qué vienen estos ejemplos? Pues ambos aplican a lo que hoy sucede en nuestro país. Las reformas tributaria y a la justicia muestran el grado de captura que tiene hoy nuestro Congreso, nuestra política, nuestro país en general en los más altos niveles de decisión. Hoy es imposible hacer las reformas estructurales que Colombia necesita para solventar estas dos grandes trabas que tiene para su despegue económico. No ayuda, claro está, que el Gobierno con el mayor apoyo político en el Congreso de las últimas décadas haya sido tan torpe al presentar estas reformas que la verdad nada bueno le dejan al país. O que haya negociado la oportunidad de lograr cambios profundos para obtener una pírrica victoria política de última hora.

La crisis política y de corrupción, por cierto, que tiene el país, yace precisamente en que el Congreso y el poder judicial hoy no están al servicio de los colombianos sino de intereses mezquinos políticos y personales. Los carruseles de pensiones, las decisiones amañadas para beneficiar a unos pocos (y volvemos al tema de pensiones) y el carrusel de puestos de una corte a otra dejan ver un poder judicial que unos pocos manejan a su antojo.

Lo mismo sucede con el Congreso. Cada cual por su lado, la política al detal continúa y las decisiones se logran a base de ‘mermelada’. Imposible acabar con las prebendas pensionales y de otra naturaleza que hoy, a costa de todos los colombianos, gozan ellos y los magistrados. Donde pueden meten micos que los benefician directamente o a quien pague el favor. No hay decisión o elección, y la del Procurador es apenas la última vergüenza, que no tenga de una manera u otra algún costo de peaje.

Hay que recuperar la dignidad del Congreso y acabar con la impunidad en la Rama Judicial. Hoy el mejor negocio en Colombia, dicen por ahí, es ser juez. Mejor aún que el de congresista. Eso no puede ser. Por ahora hay que aguantar este desastre año y medio más. A Dios gracias el 2014 está a la vuelta de la esquina para recuperar, como se hizo con la seguridad en el 2002, esas dos ramas del poder público que hoy naufragan en una crisis de legitimidad producto de la corrupción, el abuso de poder, la soberbia y la total ineficacia.
Twitter: @fsantoscal
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Enemiga de la Paz

 La Claridad | Por: PALOMA VALENCIA LASERNA | Publicado: septiembre 1, 2012 
La capitulación de los violentos implicaría su rendición y su sometimiento a la Justicia, y por el otro lado, la capitulación de la sociedad significaría que los violentos se asen al poder y la sociedad se someta a sus designios.
El documento que se firmó -de espaldas al país- se parece más a una capitulación de la sociedad ante los violentos que de ellos ante nosotros.
Cada vez que alguien hace críticas sobre la ‘Paz’, se lo declara enemigo de ella. Es un título duro para los críticos, más aún cuando ‘Paz’ es concepto mezclado, sin forma, misterioso, del que nadie podría dar una explicación coherente.
‘Paz’ como el ideal humano de la vida en perfecta armonía es la utopía de todos. Contra ella sería impensable la oposición, ridícula la crítica. Sin embargo, conviene distinguir el efecto retórico de este sueño, de la realidad de sus posibilidades, nadie es tan ingenuo para suponer esa PAZ posible.
Descartado el exceso, nos queda algo referido al conflicto, algo que no es preciso y que se mueve entre los dos extremos que suponen la capitulación de uno de los bandos. Para nuestro caso, la capitulación de los violentos implicaría su rendición y su sometimiento a la Justicia, y por el otro lado, la capitulación de la sociedad significaría que los violentos se asen al poder y la sociedad se someta a sus designios. Hay en el medio una infinidad de posibilidades y combinaciones.
En este contexto es claro que no toda paz es deseable o buena; y que estas apreciaciones corresponden en gran medida a la posición en la que uno mismo se sitúa en el conflicto. No es lo mismo ser quien capitula, que ser parte de quienes reciben y aceptan la capitulación del enemigo.
La ‘paz’ no es sólo un nombre; no es sólo una ilusión; no es sólo un recurso político; proponerla tiene responsabilidades y exige significados precisos. ¿Qué tipo de paz nos ofrece este gobierno? ¿Qué y hasta dónde va a ceder la narcoguerrilla, qué la sociedad?
El documento que se firmó -de espaldas al país- se parece más a una capitulación de la sociedad ante los violentos que de ellos ante nosotros. No es posible saberlo con precisión porque el proceso ha sido oscuro y excluyente.
Este como ningún otro es un asunto de la Nación entera, de cada uno de sus integrantes. Sólo será posible construir el fin del conflicto con el concurso de todas las fuerzas de la Nación. Este no es el caso; Santos no representa a la mayoría de sus electores, desde hace mucho, quienes votamos por él nos sentimos ajenos y excluidos. Quienes aparecen como negociadores, los gobiernos de Venezuela, Cuba, Chile y Noruega tampoco representan en nada a la Nación colombiana. Menos aún quienes se suponen han venido negociando como Frank Pearl, Jaramillo o Enrique Santos -hermano del presidente. Aquellos que gozan de la confianza del Presidente no son los mismos que pueden representarnos como nación o que pueden darnos tranquilidad.
Tampoco genera confianza un Presidente que sin ningún pudor ha mentido. Dijo en varias entrevistas que no había diálogos de paz. Lo dijo, lo repitió, lo aseguró, pidió rectificaciones a quienes se atrevieron a darle credibilidad a los rumores, nos engañó. ¿Cómo creerle ahora?
El tema del narcotráfico es el gran ausente en este debate. Este es y seguirá siendo el foco fundamental de los problemas colombianos. No creo que haya una diferencia sustancial entre la situación actual, donde por posiciones políticas, algunos se sienten legitimados para matar, secuestrar, extorsionar, remplazar al Estado y traficar drogas; que una situación en la cual se den todas esas conductas bajo el rótulo de la delincuencia común. El problema no es el discurso, es su efecto sobre la sociedad. La paz no es un tema trivial, ni un tema del Gobierno. Exigimos claridad, trasparencia y respeto por los principios democráticos que inspiran a esta nación.

Twitter: @PalomaValenciaL

¡Aleluya!

 Zona franca | Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA | Publicado: agosto 29, 2012 

Por fin se abandona la Seguridad Democrática de Uribe, esa fastidiosa política que nos involucraba en el combate y persecución intensa contra los terroristas.
Colombia regresa a la política de "solución negociada" de Samper y Pastrana. Aunque suponga, una arremetida de los violentos...
Desde una esforzada Seguridad sin "Paz", parte Colombia hacia una alegre "Paz" sin seguridad (hablo de seguridad uribista y paz pastranista). Por fin se abandona la Seguridad Democrática de Uribe, esa fastidiosa política que nos involucraba en el combate y persecución intensa contra los terroristas. ¡Aleluya!
Colombia regresa a la política de "solución negociada" de Samper y Pastrana. Aunque suponga, ¡qué vaina!, una arremetida violenta de los "actores armados ilegales", gozaremos de un delicioso y 'camarografiado' "diálogo social y político para una salida negociada del conflicto". ¡Aleluya!
De una tenebrosa seguridad sin "acuerdos políticos" como la que ideó el maléfico Uribe, transbordaremos a la bienaventurada inseguridad con "mesas de diálogo" y visitas del Presidente a los altruistas "actores del conflicto". ¡Aleluya!
De una "cantaleta guerrerista" que inducía a las Fuerzas Armadas a estar vigilantes y activas, "avanzamos" hacia la "aplicación civilizada y progresista del cansancio de la guerra" proclamado por el comandante en jefe, Juan Santos. ¡Aleluya!
De 'nefandos' conceptos uribistas como "soldados y policías de la Patria", "cooperantes", "recompensas", "amenaza terrorista", "confianza inversionista", "cohesión social", que nos dieron seguridad pero nos quitaron "imagen internacional" ante oenegés, Chávez y medios de comunicación de la izquierda caviar, regresamos al lenguaje del 2002, "políticamente correcto" y de buen recibo en los "círculos bien" del mundo: "solución negociada", "causas objetivas", "actores armados", "guerreristas". ¡Aleluya!
De la vieja idea de que la paz es consecuencia de la seguridad y de que los agentes estatales tienen obligación de ejercer con firmeza la autoridad, hemos regresado al secuestro consentido (¿volverán a "reglamentar entre las partes" la edad o la condición de gestación en la mujer víctima?), voladura de torres, muerte de los trabajadores del sector minero-energético, asesinatos con bombas lapa. De predicar la cohesión social y dar la bienvenida a la inversión (local y extranjera), regresamos a hablar de "factores objetivos" causantes de la violencia y a obligar a los capitalistas a sentirse culpables de la violencia por su manida costumbre de querer ganar plata con el sudor del pobre. ¡Aleluya!
De perseguir a las Farc por narcotraficar, secuestrar, asesinar, desplazar, reclutar niños, violar mujeres y obligarlas a abortar, se regresa a las venias -como si fueran dignatarios de un "Estado embrionario"- en las reuniones que habrán de programarse con oenegés y embajadores que mirarán a nuestros funcionarios y empresarios con ojo acusador, "como al muchacho que armó un tierrero con sus metidas de pata en la administración de asuntos sociales". De discutir la agenda social con el pueblo en esforzados Consejos Comunitarios, se pasará a ventilar una "agenda política" con las Farc, porque, como anunció el ideólogo de la "solución política", Andrés Pastrana, "la acción del Estado se concentrará en las causas objetivas de la violencia: la pobreza y la inequitativa distribución del ingreso". ¡Aleluya!
Del fingido optimismo de la Seguridad Democrática que malbarató ocho años intentando que Colombia simulara tener alta autoestima como nación, volvimos al realista desborde de la criminalidad, definida por el inefable consejero Jaramillo y el 'ideólogo' del régimen, León Valencia, como "conflicto interno armado" o "guerra civil". Del pérfido espíritu de combate de las Fuerzas Armadas, regresamos a lo que certifica Serpa, otro ideólogo del gobierno Santos -cuyas ideas, empero, nunca merecieron el triunfo en las urnas-: "La paz nace del convencimiento de que nadie tiene la victoria militar (...). El conflicto no tiene vencedores a la vista". ¡Aleluya!

Twitter: @JOSEOBDULIO

¡VA A QUEDAR DEBIENDO!

OPINIÓN|CRISTINA DE TORO| Publicado: Julio 8- 2012

El presidente Santos nos defraudó desde el comienzo, nos asaltó en nuestra buena fe desde el comienzo mismo, cuando menospreció la plataforma política con la cual se hizo elegir.
La lealtad, atributo que mide la dignidad de cualquier ser humano, esa nobleza que nos muestra la calidad del individuo, no la conoce el presidente Juan Manuel Santos.
Como si la crisis institucional y el enrarecimiento del ambiente político desatados a raíz de hundimiento de la desastrosa reforma de la justicia no fueran lo suficientemente delicadas, el presidente Juan Manuel Santos se encargó de echar más leña al fuego, dando esta semana unas declaraciones que no solamente acabaron de complicar el panorama, sino de perjudicar, todavía más, su maltrecha imagen.

En vez de haber aprovechado esos espacios para reconocer finalmente su inmensa equivocación, para presentarles excusas a los colombianos y asumir con humildad su cuota de responsabilidad como cabeza del Ejecutivo (tienen la suya el Legislativo y el Judicial, que solapadamente calla), lo que hubiera contribuido enormemente a apaciguar los ánimos y a facilitar una reconciliación nacional, se volvió a lavar las manos echándoles a los demás la culpa de sus yerros.

Cuándo entenderá el presidente Santos que la pérdida del ministro Juan Carlos Esguerra, a quien prácticamente tachó de incompetente y sobre quien ha descargado una y otra vez toda la responsabilidad, y el "bajonazo" en sus índices de favorabilidad, no fueron el precio pagado por la aceptación de su falta, por el contrario, ese fue precisamente el resultado de no haberlo hecho.

Quién iba a pensar que el hombre que trabajó con denuedo al lado del expresidente Álvaro Uribe en su lucha contra el narcoterrorismo, aquel en quien el expresidente depositó toda su confianza hasta el punto de haberle endosado sus votos y su exitosa plataforma de gobierno para que pudiera alcanzar la primera magistratura, es el mismo que hoy, de la manera más despreciable, se atreve a decir que por ahora no le va a "sacar los trapos al sol" al expresidente y que éste representa la más alta fuente de información negativa del país, inclusive, superior a la que generan los narcoterroristas de las Farc.

Igualmente repugnante que mientras su vicepresidente Angelino Garzón permanece en su lecho de enfermo y hace ingentes esfuerzos para superar las graves dolencias que lo aquejan, fuera capaz de decir en una de las dichosas entrevistas: "le doy esta chiva, estoy evaluando la posibilidad de acabar con la figura de la vicepresidencia, porque era mejor la designatura".

Definitivamente la lealtad, atributo que mide la dignidad de cualquier ser humano, esa nobleza que nos muestra la calidad del individuo, no la conoce el presidente Juan Manuel Santos , y esa carencia es muy grave porque las fallas, las debilidades, son perdonables pero la traición ¡no!

El presidente Santos nos defraudó desde el comienzo, no como dicen algunos que el problema fue que no hubiéramos aceptado que él era el nuevo presidente y que tenía una forma diferente de ejercer, o que hubiéramos pretendido que actuara como el clon del expresidente Uribe. No, el Presidente nos asaltó en nuestra buena fe desde el comienzo mismo de su mandato, cuando menospreció la plataforma política con la cual se hizo elegir.

Engaño que ha dado pie además a que quien fuera su mentor, hoy se encuentre a la cabeza del movimiento Puro Centro Democrático que participará en la campaña política del 2014, apoyando "un gran candidato" a la presidencia.

Ojalá esta división en los movimientos de centro no permita que la izquierda que es auspiciada por el Comunismo del Siglo XXI consiga hacerse al poder, porque las posibilidades de que el presidente Santos sea reelegido son cada día más remotas. Si la popularidad es para gastársela, como él dice, dentro de muy poco ¡va a quedar debiendo!

¿Marco jurídico para la paz ó para el terror?

16 de mayo de 2012 | Kien escribe | Por: Guillermo Rodríguez

Durante semanas el gobierno Santos con la ayuda de su amigo y acérrimo defensor, el senador Roy Barreras comenzó a dar los primeros pasos para la paz, seduciendo con este marco cada bancada del legislativo.
Muchos creemos que no faltó la dádiva, siempre y cuando fuera aprobado el añorado por unos y rechazado por otros, marco jurídico para la paz.
Las salidas de Santos y su apóstol Barreras, con el atentado terrorista de las últimas horas en Bogotá, quedaron solo en palabras y nada de buenas intenciones. Venga de donde venga el atentado, es una bofetada directa al gobierno que abrió la posibilidad de hablar nuevamente de paz. El último hecho terrorista le da más bien la razón al grupo de conservadores que desde la semana pasada criticó e intentó detener el proyecto.
Pero será que al Congreso si le queda voluntad para aportarle otra vez a una nueva ley cuando la respuesta a su gestión sea con bombas. Al ver estas imágenes podemos decir o pensar que retrocedimos casi dos décadas. Hace bastante tiempo que no teníamos que enfrentar un atentado de esa magnitud. Confusión, caos, el ruido penetrante de las bombas, el olor, la angustia, el sonido de las ambulancias y el terror de que ese mismo hecho pueda repetirse en los próximos segundos, minutos u horas.
Nuevamente el terrorismo se salió con la suya, no solamente quiso atentar contra la vida del exministro del Interior y de Justicia, Fernando Londoño, por fortuna ileso, si no también quitó la vida a civiles y dejó gravemente heridos a un gran número de personas que pasaban por el sitio de los hechos, gente trabajadora, como su conductor y escolta, estudiantes, transeúntes, gente trabajadora e inocente.
¿Esta es la respuesta de los violentos a los colombianos que esperamos la paz? ¿Con bombas quieren depositar su confianza para convencernos a todos de sus gestos transparentes de paz?
Hace 17 años fue asesinado el excandidato presidencial Álvaro Gómez Hurtado, en la actualidad, su sobrino, el congresista Miguel Gómez, víctima del terrorismo que ha enlutado a este país, insiste en su negativa al marco para la paz ya que lo considera “peligroso para la institucionalidad del país, lesivo para los principios de igualdad ante la justicia y dañino para los derechos de los cientos de colombianos que han vivido en carne propia las dolorosas consecuencias de barbarie criminal”.
Lo que paso ayer fue un lamentable hecho histórico, por un lado Bogotá bañada en sangre, y por el otro el gobierno Santos presionando a la Cámara de Representantes para que fuera votado el marco jurídico para la paz. El ataque terrorista contra un exfuncionario que aportó mucho al país cuando fue Ministro del Interior, no solo diseñó con Álvaro Uribe una política de cero politiquería y la seguridad democrática, sino que sigue aportando a la sociedad desde su programa radial la “La hora de la verdad”, esos actos hacen plantearnos ¿Colombia una sociedad de odios, de vendettas? ¿A qué le está jugando el gobierno Santos? ¿Santos nos quiere llevar a otra violencia partidista?
Recordando: ver ayer la preocupación del Gobierno, ocho ministros “empujando” el marco jurídico para la paz, justo un día que Bogotá se salvó de un carro bomba que hubiese acabado con medio centro de la ciudad, y el atentado terrorista contra Fernando Londoño; no solo me produce repugnancia y dolor, también me hace recordar la manera como se eligió en 1849 en la Iglesia de Santo Domingo de Bogotá al general José Hilario López: liberal él, se hizo elegir con pistolas y puñales en el recinto, las barras armadas todas y en la mayoría de su partido hicieron una especie de “presión armada” para que fuera elegido; en ese entonces las cámaras elegían al Presidente de la República.
Twitter: @g_rodriguezm
Publicado: Mayo 16, 2012

EUFEMISMOS SANTOS

3 de mayo de 2012 | OPINIÓN | Por: DIEGO MORA
El presidente Santos se convirtió en foco de comentarios y críticas durante su gobierno más por sus desaciertos que por sus buenas ejecuciones, aunque estas han sido pocas.
Se caracteriza el Presidente por emitir un discurso cuadriculado, con cálculo político y ahora populista, pero a la vez incoherente.
¿Qué tal regalar 100 mil casas para contrarrestar las encuestas?

Ese discurso también está lleno de eufemismos. La "mano negra", para señalar, al aire, a aquellas personas que discrepan del gobierno y que según Santos solo quieren hacerle daño al país.

La "maldita niña", refiriéndose al duro invierno que nos azotó, azota y azotará y el cual no tiene ninguna solución, un ejemplo claro es Gramalote, que espera y exige que Santos les cumpla lo que les prometió.

Los "idiotas útiles", que maximizan el accionar del terrorismo, porque para Santos los muertos diarios y los atentados terroristas siguen siendo un asunto de percepción.

Después de la masacre en Caquetá que deja tres militares y un policía muertos, además un periodista francés secuestrado, el gobierno en cabeza del Ministro de Defensa expresó, en una clara referencia a Uribe, que "los enemigos del gobierno no pueden usar a los soldados caídos para hacer política".

Señala el gobierno del presidente Santos a Uribe como su enemigo y además lo acusa de estar haciendo política al rechazar, vehementemente, el accionar terrorista en el país y por lamentar la muerte de aquellos héroes de la patria que cada día se juegan la vida por salvar la nuestra.

Hacer esta referencia e involucrar directamente a Uribe significa que Santos no fue capaz de aguantar la crítica, merecida, de su predecesor. Uribe se ganó a pulso el derecho de opinar en Colombia, sobre todo si sus comentarios van dirigidos a un gobierno que se eligió con sus bases y con la promesa de continuar su legado, pero que en cuanto pudo le dio la espalda y lo mandó al pasado.

¿Quién critica al gobierno es su enemigo? Si en este caso Twitter es el medio debería, presidente Santos, pedirle a quien maneja su perfil en esa red social que le lea algunos mensajes de los que recibe a diario y así se dará cuenta, según su rasero, de que tiene más enemigos de los que cree.

Por último: Uribe lleva más de 30 años de vida pública, es y ha sido coherente en su discurso y siempre está haciendo política, así que esta acusación desconoce de tajo quién es él, lo que representa para el país y su amor por Colombia. Eso no se hace presidente Santos, eso no se hace.

Fecha: Mayo 2, 2012