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Dic 10 de 1948
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La caída

José Obdulio Gaviria

Me impresiona que esos candidatos, como un Hitler u otro cualquiera general loco, sumen y resten votos en sus filas de acuerdo con alianzas 'en la cumbre'
'La caída' es, creo, la primera película importante que produjeron los alemanes sobre Hitler. ¿Quién mejor que ellos para poner en escena toda su miseria?
Estremece y conturba ver al tirano, cobarde y desalmado, conducir a Berlín a la destrucción y a la muerte sin que le importe un bledo. La guerra estaba perdida; no había generales que recibieran sus órdenes ni tropas que las ejecutaran; a pesar de ello, Hitler, enceguecido, seguía estudiando mapas, ordenaba movimientos imposibles, decretaba, paranoico, el fusilamiento de secuaces y hasta se creía con dotes de taumaturgo.
"-¿Cuántos cañones de campaña producimos?, -dicen que preguntó a su ministro de Armamentos, Albert Speer.
-Ciento sesenta, mein fuhrer.
-¡Quiero que se produzcan novecientos!
-¿Cuántos proyectiles antiaéreos tenemos?
-Veinte mil.
-¡Quiero dos millones! ¡Mi capital no caerá jamás en manos enemigas!".

Cuando oigo a los candidatos presidenciales hablar de alianzas; cuando los oigo conjeturar sobre primera vuelta y las probables maniobras para la segunda; cuando leo en este periódico que un candidato desfalleciente se las tira de arúspice y presagia, sin ton ni son, la derrota en segunda vuelta de su contendiente, que es el seguro ganador, yo me pregunto, ¿qué estarán fumando, por Dios?
Me impresiona que esos candidatos -y sus 'analistas' fletados-, como un Hitler u otro cualquiera general loco, sumen y resten votos en sus filas de acuerdo con alianzas 'en la cumbre'. En política no hay disciplinados batallones acantonados en los directorios; los votantes no son tropas que se pueden mover a discreción de los tenientes políticos: sumemos, dicen, tantos millones de votos del partido X, con tantos otros del candidato Z, y así aseguraremos el paso de X o de Z a la segunda vuelta; en la que sumados todos le ganaremos a Santos, el candidato uribista.
¡Hombre!..., las cosas nunca son así. Todo el actual proceso electoral ha corrido -y seguirá corriendo- dentro de una lógica relativamente simple que no demanda dotes adivinatorias para prever los resultados. 1) Se sabía que las elecciones parlamentarias obrarían como primera vuelta presidencial y decantarían las candidaturas de las dos grandes corrientes (uribismo y antiuribismo). 2) Entre el 14 de marzo y mediados de abril habrá dos escenarios de combate: a) el macro o enfrentamiento de las dos grandes corrientes (uribista y anti) y b) el micro, que definirá en una carrera interna la personería o candidatura hegemónica de la oposición o el antiuribismo. 3) A pesar de que nunca habrá de menguar la rabiosa campaña contra la figura del presidente Uribe y su obra, su imagen favorable, por la fuerza de los hechos, retornó al guarismo promedio (77%) y rematará en 82%. 4) Quien represente el discurso uribista (aunque a muchos en los periódicos y noticieros les parezca inexplicable) será el ganador fijo en primera vuelta. 5) El uribismo con Uribe habría obtenido el 70% de la votación; sin Uribe se castiga un poco el resultado; Santos (candidato único) obtendrá 15% o 16% menos que Uribe, es decir, 53% o 54% de la votación en la primera vuelta. 6) De ahora en adelante las encuestas no tendrán saltos abruptos. Santos irá subiendo 2% o 3% cada semana y los otros bajarán en esa proporción, con una excepción: el candidato que reúna el antiuribismo (¿Mockus? ¿Noemí?; no me caso con un pronóstico). 7) El candidato opositor hegemónico irá creciendo al mismo ritmo de Santos y obtendrá finalmente entre el 25% y 30% del total de los votos, que es el techo del antiuribismo. ¿Y los demás? Después de mayo pondrán en sus tarjetas de presentación: Fulano, ex candidato presidencial de Colombia (no imprimirán el resultado: 13 mil votos), como hacía aquel menguado personaje gringo creado por Graham Green en su novela 'Nuestro hombre en La Habana'.

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