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Dic 10 de 1948
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La 'ofensiva' de las Farc

Por Alfredo Rangel
OPINIÓN  Esa guerrilla, debilitada como nunca, se equivoca si espera que, como antes, el Estado y la sociedad se dobleguen con su barbarie.
Sábado 11 Septiembre 2010
 
Finalmente, la guerrilla realizó su protocolaria y acostumbrada 'ofensiva' durante los cambios de gobierno.

Pero esta última versión resultó ser más una demostración de debilidad y barbarie que de fuerza militar, y sus pretendidos efectos políticos serán totalmente contrarios a los buscados.

Y es lógico: el tiempo y la seguridad democrática no han pasado en vano. Muy atrás han quedado las épocas en que las coyunturas de los relevos presidenciales eran ensombrecidas por decenas de tomas guerrilleras a poblaciones, decenas de ataques a cuarteles militares y puestos de policía, centenares de retenes ilegales y de 'pescas milagrosas' o secuestros masivos, y decenas de voladuras de puentes y de torres de energía, entre otras linduras de la guerrilla.

Eran las épocas en que estas demostraciones de capacidad violenta no podían ser contenidas ni neutralizadas por la fuerza pública. Eran momentos de temor e incertidumbre entre la opinión pública que presenciaba impotente la altanería violenta de la guerrilla que rebasaba con soberbia la incapacidad del Estado para someterla. 

Por aquel entonces el resultado político de esas escaladas de violencia era la aceptación -a regañadientes o con fiesta- de los diálogos de paz que proponía la guerrilla, bajo sus propias condiciones. Los diálogos fracasaban porque la guerrilla nunca tuvo intenciones de dejar las armas, sino de utilizar las conversaciones de paz para ganar notoriedad política y fortaleza militar. 
 
Y el ciclo se repetía sin cesar, de cuatrienio en cuatrienio.

Pero la seguridad democrática rompió el embrujo. El crítico debilitamiento de la guerrilla y el extraordinario fortalecimiento del Estado logrado durante los últimos ocho años han cambiado los términos y la dinámica del conflicto. La relación de fuerzas y el factor tiempo ahora están del lado del Estado y en contra de la guerrilla. Es el Estado el que ahora impone las condiciones, tanto de la confrontación militar como de una eventual negociación de paz.

En efecto, a diferencia de anteriores coyunturas, en esta ocasión la guerrilla tuvo que esperar a que pasara la posesión presidencial para intentar aprovechar alguna baja en el estado de alerta o un exceso de confianza para golpear a la fuerza pública con emboscadas aisladas y atentados con explosivos. Han sido acciones muy puntuales en los pocos departamentos donde aún conservan cierta presencia y capacidad de fuego.
 
Pero la barbarie de algunas de sus acciones -como quemar vivos a los heridos- impactó más que su capacidad bélica. El escaso número de sus acciones, su ubicación en pocos departamentos, su baja escala, sus tácticas que eluden la confrontación y regresar a las formas más primitivas de la guerra de guerrillas después de haber evolucionado a la guerra de maniobras con impresionantes muestras de capacidad militar muestran ahora una guerrilla muy debilitada que, afortunadamente, ya no es ni la sombra de lo que llegó a ser.

Y esa guerrilla, debilitada como nunca, se equivoca ahora de medio a medio si espera que, como antes sucedía, el Estado y la sociedad se dobleguen con su barbarie y abran las puertas a otros diálogos de paz bajo las condiciones que ella imponía en el pasado, es decir, con enormes despejes y en medio del conflicto. 
 
La guerrilla está demostrando que, para su infortunio, no ha sabido interpretar los cambios ocurridos en el conflicto durante los últimos años, ni sus consecuencias para la paz. Hoy la violencia no abre, sino cierra, las puertas de la paz. La única posibilidad de una ,nueva negociación es el abandono de la violencia: entrega de los secuestrados, cese del secuestro, tregua unilateral e incondicional.

En su debilitamiento político y militar, la situación de las Farc se está pareciendo cada vez más a la de ETA en España. Pero, más aún, allá a esa banda terrorista ni siquiera le han creído su reciente comunicado en el que anuncia un alto al fuego temporal por decisión propia. Refiriéndose a esto, e interpretando el sentir de los españoles, el presidente Rodríguez Zapatero señaló:
 
"Ya no valen comunicados, solo valen decisiones, y solo una decisión vale, se dice en pocas palabras: 'Abandono de las armas para siempre'". Porque a este punto llegaremos en Colombia pronto en relación con las Farc, hacemos desde ahora nuestras sus palabras.

P.S. Hay que penalizar el pago de 'vacunas' por parte de las empresas. Así como aplaudimos que en Estados Unidos se castigue a Chiquita por pagarles a los paras, y ojalá Alemania hiciera lo propio con la Mannesmann que con sus pagos financió al ELN, debemos apoyar que haya un dique legal para que los empresarios colombianos no financien con 'vacunas' al crimen organizado de todos los pelambres. El país debería apoyar la propuesta del mindefensa Rodrigo Rivera.
 

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