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Piezas de la paz

30 de mayo de 2011 | Registro | Por: Rafael Nieto Loaiza

¿Será acaso que despejarle el camino a Córdoba es la explicación real del auto inhibitorio de la Suprema sobre los computadores de Raúl Reyes?.
Esta semana se hizo claro que hay un proceso de paz en marcha. Antes la información fragmentada no permitía ver el trasfondo. Ahora las piezas van encajando. Al final, cree quien las manipula, debería dibujarse el fin de la confrontación armada.


 Los hechos: La aspiración más íntima: el presidente Santos quiere ‘pasar a la historia’. La realidad le muestra que no será por la lucha contra los violentos, escenario copado por Álvaro Uribe, ni por la ‘prosperidad democrática’. Superar el desempleo y alcanzar el desarrollo son metas que derrumbó el invierno. La economía no dará sino para la reconstrucción. Para ‘pasar a la historia’ no quedan sino la paz y el Nobel.


Los antecedentes: Santos ha participado activamente en la búsqueda de soluciones negociadas con la guerrilla. Fue promotor de los diálogos con las Farc y el Eln y los paras, en circunstancias que llevaron a que algunos lo acusaran de ‘conspirador’.

El discurso: el Presidente da las primeras puntadas en su posesión y dice que las llaves de la paz no se han botado al mar. Ahora agrega que hará “todo lo posible por alcanzar la paz” y de una vez le suelta un dardo a sus contradictores y prepara de antemano su descalificación: “Cualquier persona tiene que estar enferma mentalmente si no quiere la paz. Y algunos están enfermos mentalmente”.



El marco jurídico: el Gobierno evalúa que las normas constitucionales y legales actuales son un impedimento para su propósito. Santos le pide al senador Barreras que impulse un nuevo marco jurídico para el proceso. Barreras anuncia que presentará una reforma constitucional que “permita escenarios de reconciliación que inevitablemente cruzarán por la justicia transicional”. Para Barreras, Santos es “el hombre de la paz”. En el planteamiento se ofrece “reconciliación a cambio de verdad total y reparación” Ni una palabra de justicia. El Gobierno considera que no habrá paz si los jefes guerrilleros deben ir a la cárcel.


El blindaje: como la solución supone riesgos jurídicos internacionales, hay que protegerla. Barreras lo hace explícito: “Si el Estatuto de Roma (que crea la Corte Penal Internacional CPI) fuese el único horizonte jurídico posible, no se puede hacer la paz en Colombia”. Eso explica el aterrizaje de Baltasar Garzón a pesar de los cuestionamientos que caen sobre él. Garzón es íntimo amigo de Luis Moreno, el Fiscal de la CPI, y trabaja con él. El Secretario General de la OEA lo confirma: Garzón colaborará “en el acompañamiento de la política de paz y el establecimiento y fortalecimiento de un sistema de justicia transicional conforme a los estándares internacionales de derechos humanos”.


La mediación: el Gobierno necesita generar confianza con las Farc. De ahí los coqueteos con Piedad Córdoba. ¿Será acaso que despejarle el camino a Córdoba es la explicación real del auto inhibitorio de la Suprema sobre los computadores de Raúl Reyes? ¿Le hace el ‘favor’ la Suprema al Presidente? De paso elimina un factor de enorme presión legal sobre los comandantes guerrilleros.


El espacio internacional: la opinión pública no acepta despejes ni figuras parecidas para tener diálogos en Colombia. Se necesita un lugar afuera que de tranquilidad a la guerrilla. El tercero debe ser confiable y debería servir para presionar. Ese sería el motivo final del abrazo a Chávez y de su calificación como “nuevo mejor amigo”. Y explicaría el acercamiento a la izquierda latinoamericana y a Unasur.


Me pellizco: ¿acaso estoy soñando?

El País – Cali - Colombia

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