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La quinta columna

30 de noviembre de 2011 | Zona Franca | Por: JOSÉ OBDULIO GAVIRIA
Las Farc, desde un cálido estudio estrato cinco de Bogotá, pusieron en marcha su poderoso aparato de propaganda.
Escribo en medio del estado de conmoción que sufre el pueblo de Colombia por el aleve asesinato de cuatro servidores públicos. Las Farc los oprobiaron con cadenas por más de una década, y al final los acribillaron, con esa in-sania cobarde, idéntica a la de los nazis en los campos de concentración. Pero hablemos, más bien, del cinismo que prosiguió a esa cobardía.

Dice la última revista Semana que algunos ven "guerrilleros de civil entre los defensores de derechos humanos" y que eso es la causa de "muchos de los asesinatos y amenazas de los que han sido víctimas". Como bebés que se solazan con la repetición de una frase recién aprendida, revista Semana califica cualquier punto de vista negativo sobre las actuaciones de oenegés constituidas por el PC2 -partido político que fundó y dirige a las Farc- como "argumentos de la extrema derecha". ¿Es su falta de información y análisis; o es algo peor? Ya que Semana no los busca, regalémosle algunos datos recogidos por esta columna.

El sábado 26, conocida la noticia de la cruel y cobarde masacre, un atildado profesor universitario, sentado en mullida silla en su apartamento de las colinas bogotanas, redactó una primera reacción de las Farc. Al terminar, él mismo -tiene clave secreta para acceso a anncol.net- puso en circulación un artículo que tituló 'Santos el siniestro; culpable de la muerte de militares'.

Síntesis del panfleto: hubo intento de "rescate a sangre y fuego de los prisioneros de guerra" y, por eso, "el responsable número uno del asesinato fue Santos". Las Farc, con sus manos tintas en sangre, desde un cálido estudio estrato cinco de Bogotá, pusieron en marcha su poderoso aparato de propaganda, que, al minuto, se convirtió en referencia y punto de vista de algunas oenegés y de comentaristas políticos nacionales e internacionales contra una acción legítima del gobierno Santos.

Al final de aquel sábado infausto, Voz, periódico del PC2, hizo eco a Anncol: "La muerte de los cuatro integrantes de la fuerza Pública en poder de la guerrilla de las Farc (...) coloca una vez más en entredicho los operativos militares de rescate a sangre y fuego, que pueden terminar en desenlaces trágicos como ocurrió hoy (...)
Tienen razón los familiares de militares y policías, estos operativos no son aconsejables y nunca han sido respaldados por ellos". Como se ve, estaba en marcha la aplanadora fariana.

Al instante, la poderosa confederación "humanitaria" de Piedad Córdoba y Darío Arismendi, 'Colombian@s por la Paz', equiparó la masacre de los secuestrados con la muerte de alias 'Cano' y, como si saliera del cubilete de un mago, apareció (¿escribieron?) una carta, dizque recibida el viernes, que informaba que los asesinados marchaban hacia su liberación por voluntad generosa del 'secretariado'. Piedad, desde Bilbao, declaró al periódico Gara que "el presidente Santos fue el responsable de lo que pasó porque había otras formas de hacer (...) Han sido golpes muy fuertes, como el asesinato del comandante 'Alfonso Cano', con quien teníamos un muy fluido diálogo y (...) decisiones muy claras y contundentes de avanzar hacia la negociación política".

En 1936, el general Mola, quien dirigía el ataque a Madrid de cuatro columnas sublevadas, dijo que en la que más confiaba era en la quinta columna, la de sus simpatizantes dentro de la capital. Un ardid sencillo para desacreditar nuestros informes y argumentos es descalificarlos como de la "extrema derecha". Pero los hechos son los hechos; no tienen color político. Los textos transcritos ¿no son típicos de quintacolumnistas sublevados contra la acción del Estado?

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