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Fue una equivocación

1 de diciembre de 2011 | Reflector | Por: FERNANDO LONDOÑO HOYOS
Con Chávez a cuestas, nuestro Presidente se hunde más en el tremedal que se buscó.
Recordando a Fouché, cuando comentaba con su espíritu sagaz y malévolo el crimen del Duque d'Enghien por Bonaparte, diríamos que el viaje del presidente Santos a Caracas fue la peor equivocación de su gobierno.

El grosero y belicoso silencio de Chávez contra nuestros héroes y mártires del sur del Caquetá, cuando todavía estaban calientes sus cuerpos lacerados, lo podrán perdonar muy pocos y no lo olvidará nadie.

Verdad sabida y buena fe guardada, no hay quién ignore que los más altos comandantes de las Farc -'Timochenko', 'Márquez', 'Granda' y 'Grannobles', cuando menos- tienen albergue permanente en Venezuela. Para nadie es un secreto que los jefes del Eln -'Antonio García', 'Bautista', 'Pablito' y otros- gozan de la misma hospitalidad desde hace muchos años. Y nos vamos enterando con indignación creciente de cómo se ha vuelto invivible la frontera, desde el Catatumbo hasta la serranía del Perijá, con escalas intermedias en Arauca y La Guajira. Estamos perdiendo, por esa condescendencia incalificable, lo que costó tantos años reconquistar.

El homenaje de Chávez a 'Raúl Reyes', cuando fue abatido en la gloriosa operación Fénix, quedó marcado en nuestras almas. El minuto de silencio de la Asamblea Nacional por ese bandido y los homenajes a 'Tirofijo', en su momento, y a 'Cano' después de la operación Odiseo, son, por lo menos, para calificarlos suavemente, apología del terrorismo. La ira de Chávez cuando nuestro embajador ante la OEA demostró con videos y grabaciones y coordenadas los campamentos guerrilleros protegidos por el gobierno y el ejército de Venezuela sacó en limpio aquello de que el ladrón suele esconderse tras el bufón. Por eso no hemos sido capaces de digerir los amores de nuestro Presidente con ese tirano, que se constituyeron en el primer e irreparable motivo de distanciamiento con su antecesor. Los hechos que sobrevinieron demuestran el acierto de Uribe. La cercanía de Chávez con las personas y los regímenes de Ahmadinejad, Gadafi y Bashar Al Assad bastaría para desengañar incautos y confirmar dudosos.

Pues se fue nuestro Presidente para Venezuela. Y no consiguió una palabra amable del coronel paracaidista para las familias de los mártires, para los colombianos que nos sentimos todos heridos en la mitad del corazón, ni un reproche para los sanguinarios ejecutores del delito más canalla y miserable que se haya cometido. Hasta el representante de la ONU en Colombia, que no es el campeón de la derecha, declaró de lesa humanidad el delito y llamó terroristas a las Farc, repugnado por ese acto cobarde, vil y salvaje. Pero el nuevo mejor amigo de Santos guardó estridente silencio. Y esa agresión perversa la ejecutó Chávez, a plena conciencia, en presencia de nuestro Ministro de Defensa y nuestro Comandante de la Policía Nacional. A buen callar llaman, Sancho.
Cuando uno la busca y la encuentra, se la merece.

El presidente Santos ha querido ocultar esa monstruosidad hablando de un comercio que sabe muy bien imposible. El tema de vender no está en despachar, sino en cobrar. Y Santos, especialista consumado en la materia, se conforma con los aranceles y no pregunta por los giros. Está seguro de la respuesta.
Le queda 'Valenciano'. Le queda la prueba de que la mafia colombiana se guarece en Venezuela y quiere cambiar ese villano por la dignidad nacional, ultrajada en Caracas. Ni siquiera se habló del 'Cantante', porque la furibunda izquierda chavista no permite que lo toquen. Y mucho menos de 'Timochenko', sus secuaces y sus socios. En casa de ahorcado no se mienta la soga.
Definitivamente, aquella amistad también es, peor que un crimen, una equivocación.

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