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Carta abierta a "Timochenko"

17 de enero de 2012 | COLUMNA | Por: Yohir Akerman

Ustedes se muestran como la solución, cuando su guerrilla y el narcotráfico, del que ustedes subsisten, son el principal problema.
Señor Rodrigo Londoño Echeverri, alias Timoleón Jiménez o Timochenko. Le escribo esta carta como colombiano preocupado y sorprendido por su visión de la realidad del país. He leído con atención el texto que le envió al presidente Juan Manuel Santos y eso me ha impulsado a escribirle esta misiva. A título personal y como ciudadano y parte de ese país que usted intenta describir desatinadamente.

Empiezo por decir que es completamente errado pensar, como lo intenta expresar en su nota, que lo que es bueno para las Farc, es bueno para Colombia. Que su discurso es la salvación del país. Que su guerra, es la lucha de nuestro campo. Nada más alejado de la realidad.

Su guerrilla y su guerra están cada vez más distanciadas del pueblo colombiano. El nuestro, no el suyo. El de la democracia, no el de la violencia. Y sus discursos y armas cada vez son más defensivos del negocio del narcotráfico que de la lucha por los ideales de la equidad.

Aunque históricamente se pueden reconocer unas circunstancias de violencia y desigualdad en el país, que dieron origen a la visión política que tuvieron las Farc inicialmente, y que han intentado alimentar por años, ahora disfrazando el narcotráfico, su decisión de mantenerse en esta guerra estéril no los conducirá a cambiar el país.

Ustedes se muestran como la solución, cuando su guerrilla y el narcotráfico, del que ustedes subsisten, son el principal problema.

Y por eso le escribo. Porque su texto muestra a una guerrilla incapaz de mirar sus errores y con una lectura poco realista de lo que ha sido su papel en la historia colombiana. A ustedes les pesa su pasado y son incapaces de admitir sus errores.

Por eso, mientras inviten de nuevo al gobierno a un diálogo sin garantías, la sociedad colombiana seguirá viendo eso como un sinónimo de fracaso y un nuevo intento de burla por parte de ustedes.

Su invitación a la mesa de negociación, señor Timochenko, más parece la de una persona que aún no logra asumir internamente la vocería total de la guerrilla, y que quizás si el presidente Santos lo asume como verdadero interlocutor logra posicionarse dentro de su misma organización, que la de alguien realmente dispuesto a sentarse a negociar o a buscar la paz.

Ustedes siempre han querido conversar, pero nunca realmente dialogar. Y para establecer eso hay que fijar unas condiciones serias, entregando a los secuestrados de inmediato y empezando por un cese el fuego efectivo, que lleve a dejar las armas.

Antes de plantear una agenda exhaustiva de reformas para el futuro del país, hay que entregar a los secuestrados y no disparar una bala más. Eso es lo mínimo.

Por eso su carta es desoladora. Porque es evidencia de la enorme brecha entre las aspiraciones de su guerrilla y la posición del gobierno y el pueblo colombiano en general.

Mientras usted pretenda debatir los grandes temas del país manteniendo a los secuestrados, generando terror con sus armas y protegiendo el narcotráfico, la sociedad lo único que va a querer de usted es su cabeza. Nada más.

Lo que no ha entendido, señor Timochenko, es que dialogar ya no es únicamente potestad del presidente Santos.

Ahora es decisión de la sociedad en general y para eso ustedes tienen que convencer al pueblo colombiano que su intención es seria y real. No hacerlo es seguir echando agua en un terreno estéril que no va a dar su fruto. El presidente Santos lo sabe, y usted también.

Por eso, y por el destino de Colombia, y el deplorable papel que usted juega en su presente y futuro, lo insto a replantear realmente la guerra como estrategia para cambiar al país.

Las Farc no van a llegar a ningún lado con esto, y, lastimosamente, Colombia tampoco mientras tengamos que seguir combatiendo contra ustedes.

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