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Es cuestión de moral

20 de Julio de 2011 | Opinión | Por: Erika Salamanca
Muchos ignoran el pasado de León Valencia, quien formó parte del grupo terrorista ELN durante veintitrés años y llegó a formar parte del Comando Central bajo el alias de “Gonzalo”.
El pasado 5 de mayo, el señor León Valencia interpuso una denuncia en la Fiscalía por injuria y calumnia contra el presidente Álvaro Uribe Vélez, denuncia que fue aceptada y que será objeto de una audiencia de conciliación el próximo 9 de agosto.

La denuncia fue interpuesta por Valencia debido a un par de mensajes que el presidente Uribe respondió vía Twitter a su columna “La verdad sobre Tomás y Jerónimo”. En los mensajes, el Presidente Uribe escribió: “Qué pasó con delitos atroces de León Valencia?”; “León Valencia, ex matón del ELN, indultado a pesar de delitos de lesa humanidad, ahora sicario del buen nombre”; “León Valencia, ex terrorista indultado, recoge versión de criminales y desconoce defensa de los afectados”.

Claramente la columna del Sr. Valencia tenía un objetivo, mancillar una vez más el buen nombre de la familia Uribe. Hemos sido testigos de los diferentes escenarios en los que Tomás y Jerónimo Uribe han dado la cara al país, han atendido decenas de entrevistas, han dado explicaciones y sobre todo, han demostrado con transparencia no tener ningún vínculo con los escándalos en que ciertos sectores de la prensa han pretendido involucrarlos.

Algunos, critican los mensajes del presidente Uribe, pero no niegan que son realistas, dicen: “Uribe tiene razón, pero no debe decir las cosas de esa manera, eso no le queda bien a un ex presidente”. Entonces ¿es error de Uribe tener los pantalones para expresar verdades con franqueza? Claramente, ésa es la razón por la que muchos prefieren lanzarle sátiras, calumnias e injurias desde columnas de opinión en las que además de desinformar al ciudadano se escudan en la libertad de prensa, no aceptan reclamos y tienen la habilidad de pasar de victimarios a víctimas.

Muchos ignoran el pasado de León Valencia, quien formó parte del grupo terrorista ELN durante veintitrés años y llegó a formar parte del Comando Central bajo el alias de “Gonzalo”. Según Valencia, su actividad nada tenía que ver con asesinar civiles, atacar a la Fuerza Pública, secuestrar, desplazar, poner bombas, y torturar a todo un país con actos criminales. Dicho en otras palabras, pareciera que las actividades de alias Gonzalo se limitaron a encabezar las jornadas de oración y reflexión con sus camaradas. Cuenta Valencia en su libro Mis años de guerra y lo ha reconfirmado en varias entrevistas, que su llegada a la guerrilla del ELN se debió a su cercanía con un grupo de sacerdotes. Recordé por un momento al Padre Javier Giraldo, quien hoy en día hace lo mismo pero con las FARC. Dice León. Valencia: “Yo creía que la vida de los otros se podía cegar por la justicia social, esos fueron los valores con los que entré al ELN”. Lo paradójico es que se contradice diciéndonos que el presidente Uribe lo calumnia porque él no es un ex matón, pero luego en entrevistas radiales y en su propio libro asegura que su actuar en el grupo guerrillero estaba basado en los valores que permitían cegar la vida de las personas, ¿entonces?

Gracias a los acuerdos de paz de la Corriente de Renovación Socialista, CRS, en 1994, el gobierno ofreció una amnistía que dio la oportunidad a León Valencia de reintegrarse a la sociedad. De esta forma, el entonces alias Gonzalo, recuperó la legalidad para salir del monte y tener una vida quizás más libre y feliz, pero con ello, recobró la moralidad? El recobrar la libertad y anular las cuentas pendientes con la justicia implica recobrar la ética y los buenos valores?

El pasado 15 de julio, Valencia dijo en entrevista con la W Radio: “Yo recuperé mi condición, recuperé mi escala de valores, recuperé mi condición moral, por reconocer mi vida”. Concluimos entonces, que todo aquel que obre bajo una “escala de valores” que se enmarcan dentro de la criminalidad y que mañana se arrepienta, recupera su condición ética y moral? Entonces, los ciudadanos de bien, que no tenemos nuestras manos manchadas de sangre, estamos al mismo nivel de moralidad de quienes ya sea por autoría intelectual o material cometieron crímenes?

¿Cómo comparar a un ciudadano de bien con uno que participó en un grupo que cegó la vida de miles de personas, que combatió a la Fuerza Pública, que amenazó, secuestró, desplazó y extorsionó? Como sociedad, estamos dispuestos a aceptar que personas que le hicieron daño al país avancen en un proceso de reconciliación, pero ello no implica que se vuelvan nuestros líderes morales. Hoy en día, es imposible indultar o dar amnistías a grupos que hayan cometido crímenes de lesa humanidad, claramente, quienes se adhirieron a la negociación política de 1994 tuvieron suerte, hoy los grupos terroristas no tienen esa posibilidad.

Señor León Valencia, tome su lugar, usted no es dueño de la moral, y quienes le hayan hecho creer que es un referente en ese ámbito están equivocados. La reivindicación en condición de ex ELN comienza reconstruyendo el país que usted en sus años de “lucha” armada destruyó. No más odio y venganzas contra quienes siguen y seguirán combatiendo a la clase de grupos terroristas como ese al que usted perteneció. Demuéstrele a Colombia que dejó el fusil y que no lo cambió por una pluma para repartir injuria, calumnia y desinformación, porque a eso se le llama terrorismo mediático.

Trabaje por nuestra hermosa tierra, por su gente, por nuestros soldados. No utilice su fundación Corporación Nuevo Arco Iris para combatir política y mediáticamente a la Fuerza Pública, a la Seguridad Democrática, a las personas que han dado su vida y su trabajo por esta nación. Investigue la parapolítica, pero investigue también la Farcpolítica. No sirva de escudero de quienes en su diario vivir ponen en práctica la misma forma de lucha que a usted lo hizo feliz durante veintitrés años, demuestre su verdadera reconciliación con esta patria.

Finalmente, acepte que a las cosas se le llaman por su nombre, los calificativos usados por el presidente Uribe tienen toda la justificación, esa es la triste realidad que tendrá que llevar a cuestas el resto de su vida, simplemente es el precio de las equivocaciones. Reconocer es de sabios y es el comienzo del verdadero cambio.

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