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Jugando con fuego

12 de enero de 2012 | Reflector | Por: FERNANDO LONDOÑO HOYOS
No la hizo a la entrada, pero sí a la salida. Chávez, moribundo, nos deja sus enemigos en el poder.
    Que de malos comienzos suelen seguirse peores finales es observación muy aguda del agudo Don Baltasar Gracián, y es vieja de cuatrocientos años. Por eso advertimos que la pésima idea de establecer amores con el tirano de Venezuela no nos traería sino desencantos y problemas.
    Apenas por un pelo nos escapamos de la visita de Ahmadinejad, el horroroso déspota de Irán, que por reflejo termina siendo nuestro amigo. De los últimos que le quedan, como que ha podido visitarlos todos en cinco días, pues que se limitan a tres, Venezuela, Nicaragua y Ecuador. El cuarto no anda para recibir visitas de protocolo, ese tal Bashar Al Assad, más ocupado en mantenerse matando súbditos que en regodearse en ajetreos diplomáticos.
    Ahmadinejad es la expresión más despreciable de un régimen oprobioso, de esos que se montan y ejercen en nombre de Dios. No hay nada más sanguinario ni retrógrado que una teocracia. Con recordar que nos escapamos de la Teología de la Liberación como sistema político, bastaría para prevenirnos de semejantes calamidades.
    Pero cómo estarán las cosas para el gorila venezolano, que Ahmadinejad es de sus problemas más livianos. Mucho peor es la expectativa de una sucesión tan turbulenta como ha sido su gobierno. Chávez, políticamente, no tiene dónde caerse muerto. Pero como alguna decisión debía tomar, acaba de constituir heredero universal en el ala más virulenta y deplorable de su entorno. Nos referimos al grupo más recalcitrante, intransigente y grotesco de sus compañeros de viaje, los que constituyen el sector militarista, narcotraficante y anticolombiano de su grupo. Con la designación de Diosdado Cabello como Vicepresidente y del General Henry Rangel Silva como Ministro de Defensa, ha jugado sus últimas cartas.
    Y qué cartas aquellas. Cabello y Rangel Silva son golpistas del 92 y capitanes de la corrupción socialista que destroza a Venezuela. Es la línea de Carvajal y Rodríguez Chacín, que tiene muy pocas ideas, pero muy firmes: la fuerza como soporte del poder, desprecio absoluto por la Democracia, destrucción del enemigo a cualquier costa. Y el enemigo es cualquiera que en el interior intente ser libre y en el exterior cualquiera que sostenga, predique o practique principios de democracia liberal.
    Chávez tiene simpatizantes y seguidores que conservan alguna vocación civilista. En su gran mayoría se han ido, como se fueron sus inspiradores y mentores de los comienzos. Pero algunos quedaban, así limitaran su credo político a lo que signifique ponerse una camisa roja y llevar una gorra que diga PSUV. Y esos eran nuestros amigos. En esa aventura chavista estábamos anotados a la muy lamentable carta de Maduro, que algunos ilusos juzgaron con vocación hereditaria.
    Cabello y Rangel son herederos universales. Y entre los bienes relictos de la mortuoria descuella el odio brutal por Colombia, que manifiestan en su agresivo armamentismo y en su apoyo irrestricto a las Farc. Venezuela no compra misiles y tanques y fragatas para una eventual invasión de las Guyanas. Cada artefacto de esos nos tiene como destino seguro. Y mientras tanto, nada como acudir al innoble acercamiento con los 'Timochenkos' y 'Márquez' y Granda y 'Grannobles'.
    Volvimos al Caguán, dirigido internamente por Piedad Córdoba y sus alcahuetas de la Corte Suprema de Justicia y sus cómplices del Colectivo de Abogados. Y en el exterior, apoyado desde Venezuela. Ahora sí, que salga el Presidente a explicar los primores de su diplomacia. A justificar su cercanía refleja con Ahmadinejad y lo que en el mundo significa ese sujeto. Y a defenderse de los herederos de su mejor amigo, los enemigos mortales de Colombia y de su manera de ser y de vivir.

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